Muerte por mil cortes: la técnica que los cobardes utilizan para sabotear su relación

Martes, 13 de febrero de 2018 11:59

|Alejandro I. López
muerte por mil cortes

Algo similar a la tortura de muerte por mil cortes ocurre en las relaciones de pareja con más frecuencia de lo que creemos.



Una de las torturas más crueles jamás inventadas fue la muerte por mil cortes. Se trataba de una táctica para acabar con la vida de personas culpables de cometer homicidios u otros crímenes considerados excepcionalmente graves.


Se practicó en China durante siglos y su procedimiento era tan sutil como sangriento: el enjuiciado era drogado con opio y posteriormente amarrado a un poste para que permaneciera de pie, en medio de una plaza pública. Un verdugo especialista en anatomía realizaba pequeños cortes finos por todo el cuerpo del condenado. Poco a poco, rebanaba partes de los brazos, el pecho, las piernas y la espalda, todo con la consigna de evitar tocar órganos vitales o venas que pudieran causar una hemorragia.


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Mientras los pedazos de carne caían frente a sus ojos para horror del enjuiciado, la tortura mantenía el mismo ritmo hasta que los cortes se contaban en cientos y el cuerpo del condenado comenzaba a cubrirse de rojo. Entre músculos expuestos y chorros de sangre, el ejecutado exigía su muerte a gritos, pero le era negada: debía sufrir el suplicio de sentir su cuerpo desmembrado una y otra vez. Cada vez más, la cuchilla cercenaba con violencia su cuerpo, pero cada herida individual era incapaz de provocarle el dolor suficiente como para caer inconsciente, o la gravedad para desangrarse y morir de una vez.


Finalmente, el condenado moría desangrado a causa de los cientos de cortes. Ninguno estaba hecho para lesionarlo fatalmente, pero todos juntos eran una sentencia de muerte. De haberlos sufrido de forma independiente, es probable que no hubiera ocurrido mayor daño; sin embargo, todos fueron infligidos en serie con un mismo fin: quitarle la vida.


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Algo similar a la muerte por mil cortes ocurre en las relaciones de pareja con más frecuencia de lo que creemos.


Cuando alguien en una relación no tiene el valor para expresarse con sinceridad y confesarle a su pareja que ya no tiene más interés en ella, suele utilizar consciente (e inconscientemente) métodos de autosabotaje con el objetivo de que sea la otra parte quien ponga fin a la relación.


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Incapaz de hablar con honestidad, la persona que quiere terminar comienza una cadena de fallas que, tarde o temprano, terminarán cansando a su pareja y orillándola sutilmente a terminar. Se trata de un proceso que puede ser tan largo y agonizante como la pasividad de quien lo sufre o la sangre fría del ejecutor que, ante todo, intentará victimizarse fingiendo ingenuidad ante la inminente ruptura.


El principal síntoma de que alguien está saboteando un romance con esta técnica es un cambio súbito de comportamiento, acompañado de pequeños “cortes” que habrán de desgastar la relación poco a poco, como la cancelación de citas, ignorar llamadas o mensajes vía web, evasión en redes sociales y el típico alejamiento que deja la sensación malsana de que las cosas “ya no son como antes”.


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Con el tiempo la dinámica mantiene su curso, creando heridas que cada vez hacen más complicado subsistir en pareja. Decepción tras decepción, un estado de incertidumbre e inseguridad se apodera de la víctima, que sólo recibe falsas negativas cuando pregunta si algo está mal o intenta hablar para tratar de resolver el “problema” que no logra entender.


Finalmente, la víctima fracasa en su intento por salvar su relación. El suplicio ha terminado de la misma forma que los sentenciados a morir por mil cortes, torturada con pequeñas incisiones que lentamente se hicieron insoportables.


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REFERENCIAS:
Alejandro I. López

Alejandro I. López


Editor de Cultura
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