La vida de oficina es compleja. Entre el home office, el trabajo presencial y los sistemas híbridos que se implementaron durante la pandemia, la línea que divide las horas laborales del tiempo libre se ha desvanecido poco a poco: en muchas ocasiones se espera que trabajadores y trabajadoras respondan llamadas o mensajes de WhatsApp (o cualquier otra app de mensajería) relacionados con el trabajo a cualquier hora, incluso si ocurren cerca de la media noche.
Eso mismo le pasó a un usuario de Twitter, @IvanNavaMX, quien le puso un alto a una persona con la que trabajaba. Como muestra en las capturas de pantalla de una conversación de WhatsApp, la persona le llamó constantemente poco después de las 23:30 con el pretexto de que le “urgía” revisar asuntos de un evento el fin de semana.
Después de varias llamadas perdidas y algunos mensajes, el colega le reclamó con groserías. Pero, ¿para qué se los cuento? Vamos con las imágenes:
Después de que la persona le dijera cosas como “Contesta me urge hablar contigo” y “Con una chingada veo que estás en línea, contesta”, Iván se armó de valor y le envió una respuesta que ya se viralizó:
“No, a ver, permíteme”, le escribió. “Yo no trabajo 24/7 y te pido por favor midas tus palabras, ya en alguna ocasión tuvimos problemas por tus modos de tratar a mi gente, a partir de mañana entrego tu cuenta a otro director y a mí déjame de chingar, no me interesa trabajar con un patán, mandón, soberbio y arrogante como tú, que tengas buena noche”. ¡PUM!
Iván escribe en Twitter que, probablemente, su respuesta le causará problemas en la oficina al día siguiente. Sin embargo, no niega que hacerlo se sintió bien. Y, ¿qué pasó después? Él relata que recibió una llamada de Recursos Humanos para tener una junta y “negociar”.
Después, en una actualización, Iván explicó que, afortunadamente, todo salió bien para él:
“Primero que nada, gracias por sus tuits de apoyo, por su amor, sus recomendaciones, sus ofertas para asesorarme y hasta ofertas de empleo”, escribió. “Hace un momento hablé con el socio más importante de la empresa en la que trabajo y me dijo que tengo su TOTAL apoyo”.
Iván finaliza con la lección que recibió a partir de ese desagradable desencuentro laboral. Y es que a veces da miedo, pero es importante poner límites:
“Me siento bien conmigo mismo. Sé que si no le hubiera puesto un alto a esta persona, las groserías y el maltrato hubieran crecido, pues no era la primera vez que lo hacía. Nadie se merece eso. Todos, sin importar jerarquía, merecemos un trato justo, respetuoso y digno en nuestro ámbito laboral y en cualquier ámbito de nuestras vidas. LA DIGNIDAD NO SE NEGOCIA”.
