“Cuéntame tus secretos, tus historias y pasiones, avienta lejos las sábanas que te ocultan de mí y vuelven difuso tu cuerpo. Dime lo que no le has dicho a nadie, esas cosas vergonzosas que guardas. Confíamelas a mí, nunca te delataré. Sólo quiero conocerte, llevar conmigo tus historias y así, unirnos mientras me muerdes, te acaricio y nos besamos entre risas.
Haz ese baile sensual que tan bien te sale, en el que tus imperfecciones son el asombroso detalle. Tu abdomen moviéndose al ritmo de la música, tus pechos siguiendo el compás candente. Nalgas, muslos, espalda, te veo completo. Me permito imaginar lo que piensas, qué ocurre en tu mente y cómo te sientes”.


No hay escudos, no existen complicaciones ni caretas. Los dos están ahí, al natural. Listos para entregarse al otro, para ser cómplices y guardar los secretos ajenos. Estar desnudos nos brinda paz y libertad. No le debemos formalidades ni atuendos ostentosos al otro para lucir bien y aparentar. No hay que simular nada, ni es posible hacerlo.
La frase de Heinrich Heine nos lo explica mejor: “Bien mirados, todos nos ocultamos, completamente desnudos, en los vestidos que usamos”. Y es que estar con alguien más, sin ropas que nos hagan lucir mejor, sin maquillaje que nos dé una apariencia sana, sin nada, absolutamente nada que nos ayude a simular, nos permite abrirnos, dejar que los sentimientos se liberen, confesar nuestros más oscuros secretos.

En 2010, Sarah White comenzó la Naked Therapy, una experiencia más o menos psicológica que combina la terapia hablada, vivencial y el juego creativo. El cliente y la terapeuta (o sólo la terapeuta) se desnudan para facilitar una confesión más honesta con resultados realmente reveladores.
Sarah White comienza por hacer que sus clientes se sientan cómodos y logren empoderarse. Entonces, sus sentimientos se liberan con todo el potencial posible. De pronto los participantes se dan cuenta de cuáles conflictos los detienen para así comenzar a trabajar en ellos. No hay psicoanálisis pero White pretende hacer lo mismo que Freud intentó con los sueños, abrir el inconsciente hasta lograr un estado hiperconsciente a través de la excitación, tal vez emocional, intelectual o física. White, por supuesto, opta por la primera y a última.

Con una webcam, los participantes están vestidos al principio para que, con el curso de la sesión, la ropa comience a caer. La manera en la que se desnudan depende completamente de los deseos de cada cliente. Entonces, cliente y terapeuta comienzan a hablar de lo que ocurre en la mente del primero, como si se tratara de una charla casual pero con el oportuno aumento de excitación que la actividad propicia. Lo que se dice queda entre los dos y depende de la relación que se genere entre los participantes.
La terapia es completamente distinta entre cada participante, sobre todo porque cada cliente se excita de manera única. Algunos buscan este tipo de terapia para ser mejores conociendo gente, los casados buscan algo diferente, otros intentan mejorar en aspectos sexuales o de relaciones íntimas, y a algunos simplemente les interesa adquirir confianza con el sexo opuesto. Si embargo, también están aquellos que buscan resolver traumas de su juventud, los que tienen adicción a la pornografía y buscan tratarla y los que ni siquiera quieren hablar, sino ver a otra persona desnudándose.

La técnica de White siempre está en investigación y mejora, transformando su concepto en arte y al mismo tiempo, siendo una experiencia reconfortante para ayudar a los otros. Cliente y terapeuta se construyen y dialogan para que el cliente descubra qué es lo que no le permite alcanzar la felicidad.
Según White, la excitación y desnudez le brindan coraje y fuerza a quien está en la terapia y así, la excitación del cliente puede ayudar a conseguir las metas de la terapia. Una aproximación analítica que evita confrontaciones sexuales; no es suficiente decir que una persona se excita porque su naturaleza quiere sexo. Las personas buscan la excitación para sentir bienestar psicológico, emocional, inspiracional y mental. Así, el objetivo de White es estimular secciones del cerebro que no pueden alcanzarse de otro modo. El cerebro, asegura, busca la excitación para sanar, descubrir, aprender, conocer cosas que no tenía idea que conocía.

Tal vez por eso es que cuando estamos con nuestra pareja, en la intimidad y sin ropa, las cosas cambian. Somos más propensos a confiar y decirle nuestros íntimos y oscuros secretos. Si prefieres hacerlo tú, sin ayuda de Sarah White, puedes comenzar por estas “50 preguntas íntimas que debes hacerle a tu pareja” y conocer si realmente están listos con estas “50 cosas que una pareja realmente enamorada hace en la intimidad”.
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