“¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos, en vez de destruirlos o embotarlos. Y mi oído era el más agudo de todos. Oía todo lo que puede oírse en la tierra y en el cielo. Muchas cosas oí en el infierno. ¿Cómo puedo estar loco, entonces? Escuchen… y observen con cuánta cordura, con cuánta tranquilidad les cuento mi historia.Me es imposible decir cómo aquella idea me entró en la cabeza por primera vez; pero, una vez concebida, me acosó noche y día. Yo no perseguía ningún propósito. Ni tampoco estaba colérico. Quería mucho al viejo. Jamás me había hecho nada malo. Jamás me insultó. Su dinero no me interesaba. Me parece que fue su ojo. ¡Sí, eso fue! Tenía un ojo semejante al de un buitre… Un ojo celeste, y velado por una tela. Cada vez que lo clavaba en mí se me helaba la sangre. Y así, poco a poco, muy gradualmente, me fui decidiendo a matar al viejo y librarme de aquel ojo para siempre”.
El fragmento anterior corresponde al cuento “El corazón delator” de Edgar Allan Poe, un clásico dentro de la selección de los mejores cuentos del estadounidense. En él, en medio de una atmósfera lúgubre se comete un asesinato que no podrá dejar libre de culpa ni de responsabilidad al asesino. Se trata pues del último medio de un hombre asesinado para inculpar a quien le quitara la vida. Situándonos en el ambiente creado por Poe, probablemente podremos sentir las tablas rechinar, escucharemos el golpeteo de la lluvia en la ventana mientras que la cálida y tenue luz del farol de la calle alumbra la habitación. Es a través de la excelente descripción del estadounidense que logramos situarnos en el lugar de los hechos y que ellos nos transmita, a su vez, una cierta sensación. Quizás veremos toda la historia con un filtro vintage y llegara a nuestra nariz un olor “a viejo” con muchas partículas de polvo. De pronto captamos al asesino intentando librar a la justicia mientras se le nota nervioso. Comienza a sudar hasta que la locura hace inevitable su confesión. Capturamos el momento en una fotografía.
Así como podemos realizar el ejercicio de crear una fotografía a partir de una historia, en este caso un cuento, bien podemos hacer el ejercicio a la inversa. Se trata pues, de elaborar historias a partir de las siguientes 22 fotografías, mismas que fueron seleccionadas por sus peculiaridades. Intenta ver las fotografías sin leer la descripción que se ofrece a continuación, misma que está disponible para alimentar la curiosidad que la extrañeza de las fotos puedan provocarte.
Referencia de las imágenes: Distractify
