Antes de 1990 ser homosexual era considerado una enfermedad. Apenas hace 27 años, la Organización Mundial de la Salud (OMS) excluyó esta tendencia de la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y otros Problemas de Salud.
Pese a que desde que en 1973 la Asociación Americana de Psiquiatría decidió retirar la homosexualidad de su Manual de Diagnóstico de los trastornos mentales, la Iglesia Católica insiste en manifestarse en contra, sosteniendo que sí se trata de un trastorno aberrante y que debe ser atendido y curado. Incluso, reprochan que se haya quitado la calificación de “perturbación sociopática de la personalidad”.

Este odio alimentado por las cúpulas eclesiásticas, sumando a conceptos religiosos y moralmente malversados, han dado como resultado la de centros de “rehabilitación” para personas homosexuales. Sus familias las internan contra su voluntad pagando una considerable cuota mensual para que las curen.
Más allá de lo aberrante que es en sí mismo pretender que la homosexualidad sea una enfermedad, las personas recluidas aquí contra su voluntad son víctimas de condiciones que prácticamente equivalen a la tortura.


Paola Paredes Albán es una fotógrafa nacida en Quito, Ecuador, en 1986. Ella recreó las horribles experiencias vividas en estos centros esparcidos por toda su ciudad:
«Durante seis meses entrevisté a una de las víctimas, una mujer que había estado encerrada en una de estas clínicas, con el tiempo, reuní testimonios eventuales de otras mujeres. La imposibilidad de grabar dentro de estos centros hizo que contar esta historia con prácticas de documentación tradicionales fuera descartado», explica en su sitio de internet.


«Por esta noción, elegí recrear los testimonios siendo protagonista de las imágenes. Incorporé mis propias emociones y experiencias con métodos teatrales para explorar el abuso al que fueron sometidas las mujeres».


De acuerdo a la artista, estas imágenes «permiten ver lo que no se suponía ser visto». Además de obligarlas a maquillar y a caminar en tacones, la institución tenía como método de curación la “violación correctiva”. Los trabajadores del lugar abusaban sexualmente a las internas de manera completamente impune.


«Ni las leyes ni el activismo han cambiado las actitudes en mi país. Hasta que no se reconozca el derecho humano a la orientación sexual o la identidad de género, sólo queda esta “enfermedad” que tratarán de curar», detalla desde su portal, donde también explica las rigurosas dinámicas de encierro; tal era la situación, que muchas mujeres buscaban la manera de enfermar gravemente para que las llevaran al hospital.


Según lo explica la propia artista, en Ecuador, «hasta 1997, las relaciones entre personas del mismo sexo y la actividad romántica eran ilegales y punibles con entre cuatro y ocho años de prisión en Ecuador». Aunque ocultas, estas prácticas se llevan a cabo más común de lo que se cree. Con tratos completamente inhumanos, se despoja a las personas de toda dignidad, teniendo como justificación una doctrina cristiana castigadora.


El «uso de esposas, tranquilizantes, palizas, retención de alimentos y otras formas de tratamiento humillante. La mayoría de los pacientes son secuestrados y drogados contra su voluntad en la mayoría de los casos por su propia familia». Muchas personas refieren que eventualmente, se les obliga a ingerir medicina sin explicación alguna. Estas píldoras las hacen olvidar largos periodos de tiempo. Además, toda la comida está supervisada por las autoridades del lugar.


Ni toda la desesperación ni frustración del mundo sirven para liberarlas de este suplicio injusto y cruel. No hay más que esperar y hacer como si sí se estuviera de acuerdo.
La mirada de Paredes no es cualquiera: ella es lesbiana y sabe en carne propia el fustigador látigo social que sufre la comunidad LGBTTTI en América Latina: «Pensé que si mi familia no me hubiera aceptado cuando les revelé mi homosexualidad, podría haber sido una más de las jóvenes enviadas a estas instituciones en espera de una cura», explicó.

Para la realización de esta serie fotográfica titulada “Hasta que cambies”, preparó diversas actuaciones. Desde la técnica tableaux, Paredes arma una narrativa visual que no deja a nadie indiferente.
Pese a que también cuenta con importantes trabajos de fotografía documental y el collage digital, “Hasta que cambies” logró obtener la atención de medios nacionales e internacionales, los cuales, han documentado su talento. No te pierdas su obra completa y conócela aquí. También síguela en Facebook.
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Contrario a lo que estamos habituados a pensar, la tarea de la fotografía no es retratar cosas bonitas y ensalzar la realidad, cualquiera que ésta sea, también tiene la capacidad de mostrar lo más detestable de nuestro mundo. Ejemplo de ello son las consecuencias de la bomba de Hiroshima y el horror vivido durante el Holocausto.
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Referencias
Feature Shoot
El Telégrafo
Universia
