Pocos fotógrafos de desnudos llegan a ser referencias culturales que inspiran a generaciones posteriores, pero Bunny Yeager, la mujer que inventó a las pin-ups y quien descubrió a Bettie Page —modelo estadounidense—, es una de ellas. La artista Cindy Sherman es una de sus más destacadas discípulas, y adoptó, como Yeager, la costumbre de retratarse con diferentes estilismos y peinados para convertirse en un personaje más de sus instantáneas.
La afición de Bunny de posar para su cámara es un legado, ganadora de diversos concursos de belleza y amante de los biquinis diminutos y los animales salvajes, escribió un libro titulado “How I Photograph Myself”, dirigido a todas las mujeres de distintas condiciones, con un cierto espíritu exhibicionista y conocedoras del poder de la cámara como método terapéutico para aceptarse.


Yeager promovió la visibilidad de distintos tipos de cuerpos y anatomías contrarias a la norma establecida de la época, ya que muchas de sus modelos tenían curvas y sus pieles no eran perfectas, pues se mostraban completamente reales, sin retoques. “No me gusta la delgadez”, afirmaba la artista, quien murió en 2014, al diario inglés The Telegraph en una entrevista: “Quiero ver a una modelo que tenga carne y hueso. Para moda tal vez sean preferibles mujeres delgadas, a las que le queda mejor la ropa; pero si quieres enseñar a la mujer necesitas formas, contenido”.
En los años 50 Bunny era la única mujer que tomaba fotografías de otras mujeres desnudas. Como modelo de moda, necesitaba imágenes suyas para entregar en las agencias o a los potenciales clientes, pero los fotógrafos cobraban mucho por las copias de buena calidad. Yeager decidió asistir a clases y aprender a capturarlas, y pronto descubrió que tenía más talento para estar detrás de la cámara que muchos de los artistas con los que había trabajado. Una de sus profesoras la animó a que enseñara su trabajo a algunas revistas y ella eligió una que acababa de salir al mercado: Playboy; lo hizo pensando que una publicación todavía desconocida sería más proclive a seleccionar fotógrafos amateurs.

Mujer, talentosa con la cámara y exmodelo que sabía de muchos trucos para posar y salir bien, eran las tres características que hacían de esta profesional una de las más demandadas en su sector. “Todas las chicas querían trabajar conmigo porque sabían que no me aprovecharía de ellas”, afirmaba Yeager. “Muchas incluso accedían a quitarse más ropa de la necesaria”, según cuenta, “no las presionaba para que posaran desnudas si no querían. No era una época en la que prevalecieran las fotos de modelos con la piel totalmente descubierta”.
A la confianza que las modelos depositaban en Bunny, se añadía su diferente método de trabajo, en el que abundaban las ideas nuevas y raras. En aquella época había un centenar de publicaciones estadounidenses interesadas en las imágenes de pin-ups, y muchos fotógrafos profesionales también las construían cada vez más creativas y depuradas.


Aun así, Bunny optó por captar sus instantáneas en exteriores, eligió lugares que resultaran divertidos para posar: una estación de bomberos, unas ruinas mexicanas o un parque zoológico en Boca Ratón, sitio en el que disparó las famosas fotos de Bettie Page con traje de baño de leopardo junto a dos guepardos. La exmodelo afrontaba las sesiones como una excursión que sorprendiera también a Page y la hiciera sentir que en una ocasión especial.
De igual forma, esta fotógrafa supo introducir grandes dosis de humor y burlesque en sus imágenes. Sus mujeres no destilaban esa tristeza de quien se ve forzada a realizar ciertos trabajos para pagar el alquiler. Como apuntaba un artículo del blog La Francoise, “la filosofía de las pin-ups era más sensual e imaginativa. Era la fantasía de una mujer sobre su vida consigo, sus amantes, sus mascotas, sus niños, sus vestidos, su lencería, su perfume, su jardín. No tiene nada que ver con el deseo masculino volcado en la vecina de al lado”.

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Estas son las 63 fotografías que muestran la transformación de una diosa pin-up a un paciente psiquiátrico, conoce la historia de Bettie Page.
