Con una delicadeza que jamás había visto antes, fue subiendo de poco en poco las medias negras sobre su piel pálida, con los diminutos dedos de sus finas manos, unas que no podrían hacerle daño a nadie jamás, fue estirando el tejido de nailon que cualquier otro hubiera deshecho con una sola mano; mientras iba jalando hacia arriba, de sus suaves labios brotaban algunas muecas lindas. Cuando por fin terminó se colocó de puntillas sin hacer ningún ruido para estirar su estrecho torso sobre la cama y tomar los zapatos que había dejado en la orilla.
Sin costarle mucho trabajo, introdujo primero un pie y luego el otro; como si no pesara más de un kilogramo, giró en un solo pie y con un paso parecido al de un baile perfecto, se metió en las mangas de un vestido blanco que sólo dejaba ver parte de sus escurridizas clavículas, esas que me encantaba besar cuando ella se acercaba a mí como una indefensa criatura buscando el calor de otro que la protegiera. Jamás me atreveré a decir que puede existir algo más delicado y frágil que la silueta compasiva con la que se contoneaba esa mujer.
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A los ojos de muchos hombres, no existe otra definición sobre la mujer más que la de un delicado diente de león que con la mínima corriente de aire puede ser destrozado. Lo que muchos aún no entienden es que tal cual lo hace una flor salvaje, al volar en mil partes no desaparecemos, sólo nos transformamos en otra más fuerte y completa, en una de espíritu libre y alma salvaje; que a pesar de su delicada forma, de delgados brazos y cabello enredado, puede ser y hacer lo que ella decida, puede crear y destruir cuando ella lo desee y puede amar u odiar con una fuerza tan salvaje que muchos no reconocerían.

*Fotografías que muestran la noción absurda de lo que significa ser mujer
Kayla Savage es la artista que se retrató en múltiples espacios donde se dio cuenta de que los colores, las superficies y todo lo que la rodeaba causaba un efecto en ella de manera significativa e interesante, con el que la artista se dio oportunidad de mostrar el lado salvaje que cualquier mujer posee. Pues para la fotógrafa, aprender a fusionarse con el medio natural o el entorno que cuatro paredes creaban comprendió un proceso en el que ella se logró plantear como una silueta femenina capaz de adaptarse a cualquier espacio.

Y la realidad es que así es como estamos hechas las mujeres, de una capacidad enorme con la que nos teñimos el fondo en que nos encontramos sin perdernos en la imagen de la que somos parte, podemos abrirnos de par en par para que el rayo del sol alcance a tocarnos hasta las comisuras y logramos tendernos sobre cualquier tierra que nos acaricie con la frescura de su naturaleza.
No importa si se trata de lugares en ruinas y espacios abandonados, nosotras podemos reintegrarlo todo a partir de nuestro espíritu salvaje.
*Las mujeres desnudas esclavizadas como perros para denunciar la represión
Un espíritu de hambre voraz que domina en nuestro corazón y con el que siempre velamos por nuestros deseos. Deseos de sentir, de amar hasta que nos duela, de llorar hasta marearnos y reír hasta quedarnos sin aire, de volar al compás de nuestras reglas, unas que rigen nuestro mundo y que tratamos de romper para nunca dejar de crear más; pues con todas ellas reunimos nuestro pasado salvaje con la felicidad de nuestro presente y la esperanza de nuestro futuro.
No planeamos el futuro sin antes prometernos ser fieles a lo que en realidad nos mueve, pues de belleza siempre estaremos llenas, pero quedar vacías de heridas no es una tarea fácil. Pesares que nos terminaron por enseñar la fortaleza que desconocíamos podíamos tener y otras que se quedaron marcadas en nuestra piel como el recuerdo del valor con el que hoy nos podemos reconocer al espejo, hermosas, locas y brutales.
La protagonista de estos retratos se define a sí misma como “La reina de rodillas raspadas”, pues no hace falta ver más de su trabajo para entender que a Kayla Savage no le importa lastimarse en el proceso para amarse aún más en el resultado. Kayla ejemplifica cómo un personalidad indomable también forma parte de la perfección femenina, la cual logramos hasta que actuamos de manera agreste en esa búsqueda por encontrarnos salvajes y completas.



La imagen femenina, social y culturalmente, viene acompañada de un complejo de atributos más que íntimos, físicos, de los cuales se alimenta la concepción sobre la mujer de manera equivocada, pues siempre se le aleja de algún ápice de fuerza, de alguna muestra de valor y por supuesto, de todo lo que tenga que ver con el instinto salvaje de recorrer el mundo para conseguir lo que quiere cuando quiere.
Afortunadamente, en trabajos como la serie fotográfica de Kayla Savage podemos encontrar una prueba más de que la mujer no nació débil y menos sola, fue creada de piel, huesos, un corazón invencible y un poder invaluable para enfrentarse a un mundo que a veces no parece estar listo para ella.
Si quieres conocer otros proyectos que también resaltan el valor de la figura femenina, revisa las serie fotográfica de Nastia Cloutier con la que retrata la fuerza y sensualidad de la mujer o piérdete en la inmensidad de las fotografías del arte de ser mujer y poderte encontrar en la destrucción.
