La definición del ser humano digital se expande constantemente, parece que nunca es suficiente.

Hoy dormimos con el celular entre las sábanas, siempre encendido, es lo último que vemos antes de dormir y lo primero al despertar. La fusión entre humano y maquina comenzó hace tiempo. Los dispositivos móviles se han convertido en prótesis y la mano en interfaz, pero queremos más, parece que nunca es suficiente.
Soñamos más allá de piernas y brazos robóticos; estar conectados a la red 24/7 es una cuestión de forma. Nos acostumbramos al tacto de la superficie fría de las pantallas pero queremos más, queremos romper esa barrera transparente, atravesar las pantallas y sentir lo inmaterial. La información ya circula desde la punta de nuestros dedos y ojos hasta la mente, los dispositivos estorban.

La fusión se acerca, casi podemos sentirla, pero mientras esperamos sólo podemos imaginarla. De esta premisa surge el proyecto Ínsula, una colaboración entre el artista Jon Jacobsen y el diseñador Daniel Ramos, quienes, después de conocerse a través de Instagram, desarrollaron un proyecto mediante plataformas digitales, generando una pequeña hipérbole del tema que trata la serie.

Su primer serie consta de cinco imágenes construidas a partir de fotografías tomadas por Ramos que posteriormente fueron animadas por Jacobsen. El resultado es muy interesante porque no sólo imaginan cómo sería la mezcla, también parecen transmitirnos cómo se siente ser un cyborg.

Las imágenes nos presentan con una realidad: el uso de la tecnología se ha elevado a niveles sin precedentes. Esto puede entenderse como la pendiente que hay que escalar antes de llegar a la cúspide o como los pocos metros antes de un precipicio de abusos. De cualquier, manera no hay vuelta atrás; esta transición inició ya hace tiempo y no va a detenerse. Las futuras generaciones serán las únicas capaces de juzgar los resultados.

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