Vivir en la luz (la Verdad) tiene un costo muy alto. Prometeo robó el fuego eterno de los dioses para entregárselo a los hombres. Zeus enfureció y lo encadenó a una roca del Caúcaso para que un águila le devorara el hígado. La tortura no tendría fin pues cada noche el órgano ultrajado se regenerará para que, al amanecer, la misma ave de rapiña encuentre su alimento en las entrañas del ladrón. ¿Castigo justo?
El error de Prometeo fue pensar en una utopía y luchar por un equilibrio entre dioses y humanos. El fuego (conocimiento) debía de ser para todos, sin importar género, especie o jerarquía divina; mas para Zeus que estuviera al alcance de los humanos significaba un sacrilegio pues comprometía su soberanía y superioridad. Al gozar todos de la llama eterna el modelo del amo y el esclavo terminaría para dar paso a un mundo igualitario.
¿Y cómo tiene que ver con el trabajo fotográfico de Riccardo Lancia?
Sus imágenes presentan a mujeres en un plano trágico y melancólico. Lo sé porque observo a detalle sus ojos, la ventana al verdadero estado del alma y lo que ahí se encuentra, hay un dolor creado por injusticias.

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Veo a las mujeres como Prometeo, un ser astuto, con valores de libertad e igualdad. Como lo dicta el mito griego, un día fue castigada por reclamar su lugar en el mundo y ahora está clavada en un sufrimiento por el simple hecho de existir.
Zeus representa a la clase dominante, la figura viril en cuyas manos tiene un látigo con el que somete a sus inferiores. Como dios aparente su deber es mantener el orden y el control sobre los otros que pertenecen a su especie.
Al observar la obra de Riccardo Lancia se encuentra algo más que mujeres, hay todo un reconocimiento a su condición femenina, la cual se encuentra en una lucha constante por derribar las desigualdades de género. A diferencia de otros grandes fotógrafos con discursos optimistas, Riccardo prefiere revelar lo ineludible: después de tantos años de lucha la mujer sigue padeciendo el doloroso castigo impuesto por la figura que gobierna la sociedad.

Por la naturaleza de su discurso, Riccardo Lancia se alza como un fotógrafo pesimista. Uno que entiende la angustia, el temor y la amargura de ser mujer. De esta forma su composición es sombría y al mismo tiempo sofisticada. El dolor es uno de sus temas principales y lo representa con lágrimas y miradas ausentes. Aunque no hay indicios de violencia, sus imágenes son agresivas por contrastar la belleza de la mujer con un escenario derrumbado.

Ésa es su más grande metáfora. El mundo es una contradicción absurda puesto que los seres más bellos deben sufrir durante la eternidad por mandato “divino”. Si las sagradas escrituras dicen que Dios creó al hombre a su semejanza, la discriminación, el despotismo y el dominio son cualidades que vienen desde el cielo y son exclusivas para su primogénito. La mujer en cambio nació de una simple costilla, un acto de condescendencia siniestra, porque un tirano sólo existe cuando hay alguien a quien someter.

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Riccardo Lancia es un fotógrafo italiano con una corta trayectoria. Inició en el mundo de la fotografía en 2010 por accidente, pero al comprobar el cúmulo de discursos que se pueden contar a través de una imagen, abrazó dicho arte de manera apasionada. En su sitio habita el compendio de su obra, la cual es susceptible a diversas interpretaciones pesimistas porque es irrevocable que su temática favorita es la tragedia.
Conoce más disertaciones sobre la vida a través de fotografías con los artículos: “La delgada línea que divide al sueño americano de la pesadilla nacional” y “Fotografías del instinto salvaje escondido en las mujeres auténticas”.
