“Ghostbusters” (2016) es uno de los mejores ejemplos de los grandes problemas que enfrenta el feminismo en la actualidad. El primer video promocionando la cinta, poco tiempo después de su estreno, se convirtió en el tráiler más disgustado en la historia de Youtube. La mayor parte de las críticas estaban dirigidas a la decisión de los productores de cambiar el género de los personajes de la película que marcó la década de los 80.

Algunos medios de comunicación no ignoraron los comentarios de unos cuantos fanáticos misóginos, por el contrario, estudiaron los comentarios de Internet como si fueran tratados académicos o discursos políticos con réplicas en noticieros y periódicos. De esta manera comenzaron a considerar que “Ghostbusters” era un logro para el feminismo actual y reconocerlo era una obligación para toda persona que estuviera a favor de la equidad de género.
La película resultó ser un fracaso para todos los implicados en la controversia: no fue tan mala para ser destrozada –con fundamentos que no fueran misóginos- por la crítica en Internet; pero fracasó en cuanto a ser un logro en la lucha feminista, al tratarse de una comedia hollywoodense cualquiera. ¿Esto es a lo que ha llegado el feminismo en nuestros tiempos?

Las discusiones en cuanto a la equidad de género que podemos encontrar en las redes sociales, páginas, blogs, etc., giran en torno a diversas aseveraciones: ¡Usar “hombre” para referirse al ser humano es machista! ¡Vestir a los bebés con determinados colores únicamente reafirma estereotipos falsos que deben eliminarse! ¡Utilizar “niña” como sinónimo de cobardía sólo demuestra tu ignorancia! Estas y muchas más críticas —en su mayoría justas— forman parte de las disputas. Todo parecería indicar que los grandes avances en la equidad de género con respecto al siglo pasado están resueltos, y los temas relacionados con roles de género y libertad sexual son los únicos problemas que enfrentan las mujeres actualmente. Es claro que nadie cree que la última afirmación sea verdad.
Dos años antes del estreno de “Ghostbusters”, Barack Obama afirmó que en Estados Unidos las mujeres ganaban, en promedio, 77 centavos por cada dólar que los hombres obtenían, cifra que ningún país debe tener. Sin embargo, en poco tiempo surgieron voces que contradecían esta afirmación: uno de los estudios más reconocidos sobre la brecha salarial es el “Graduating to a Pay Gap”, publicado por la Asociación Americana de Mujeres Universitarias (AAUW), en el que se demuestra que el número que expuso el presidente estadounidense se acerca al que maneja dicha institución. Sin embargo, en la investigación se asegura que cuando se eliminan todas las variables (como ocupación, edad, selectividad institucional, región, estado, civil estudios y sector) la cifra se reduce al 93 % en comparación al 100 % del sueldo a hombres, aspecto que fue señalado por la oposición.
Es claro que la existencia de dichos números son un problema que toda sociedad tiene la obligación de eliminar, buscando que las oportunidades y remuneraciones, tanto para hombres como para mujeres, sean igualitarios; lucha que distintas mujeres han emprendido y de la que han resultado comentarios negativos y ofensas que, han logrado que, para muchos, el “feminismo” sea visto como un término despectivo.
Lejos quedaron las luchas que buscaban la erradicación de la jerarquía de sexos y el derecho al sufragio y a la educación. Actualmente estas cuestiones son garantías en la mayor parte del globo, pero aún quedan grandes problemáticas por las cuales indignarse y movilizarse, más allá de las críticas que dicen ser feministas y que se centran en cuestiones triviales como en la controversia de “Ghostbusters”.
Es en este tipo de discusiones en las que, en muchas ocasiones, se emplea el término “feminazi”, palabra que se refiere a feministas radicales o que buscan afectar los derechos de otros. La mayoría de las ocasiones, este término es utilizado en una falacia ad hominem, o en un argumento que intenta desacreditar a la portavoz de una opinión.
Un grave ejemplo de esta cuestión sucedió durante el paro nacional del 19 de octubre convocado por organizaciones feministas. En un grupo de Facebook integrado por estudiantes y docentes de la UNAM, se publicó el comentario de un profesor de esta institución educativa que informaba a sus alumnos la cancelación de su clase debido a que la Facultad sería tomada por un grupo de “feminazis”, con la intensión de derrotar al “patriarcado falocentrista reptiliano iluminati”.

Las críticas en el grupo no se hicieron esperar y el profesor respondió a unas cuantas. Muchos de inmediato pidieron la cabeza del académico, pero hasta ahora el suceso sólo se ha limitado a una discusión más en los innumerables posts de Facebook.
Muchos interpretaron el comentario como un menosprecio a la grave situación que actualmente sufren todas las mujeres de nuestro país y Latinoamérica. Quiero pensar que el señor es consciente de lo que sucede y su comentario fue más una crítica hacia la efectividad de los paros y su repercusión en el Derecho a la Educación. Este punto, en numerosas ocasiones, se ha discutido en asambleas estudiantiles y lo seguirán haciendo. Las personas que defendemos los paros lo hacemos porque son medios que abren al diálogo y mantienen la relevancia de temas cruciales para el conocimiento público. Un paro de actividades no va a terminar con los acosos, violaciones, secuestros, desapariciones y asesinatos de mujeres en nuestro país; sin embargo, son fundamentales para crear diálogos que ayuden a resolver estas problemáticas.

Estoy seguro que el profesor que realizó la publicación antes citada está en desacuerdo conmigo y tiene numerosas razones por las cuales me puede contradecir. Sabiendo eso, ¿no hubiera sido mejor realizar una crítica hacia la efectividad de los paros? ¿Qué clase de académico insulta a las personas con las que está en desacuerdo y deja de lado la crítica y el cuestionamiento con fundamentos?
El punto no es pedir la cabeza de un profesor por un comentario desafortunado –que bien podría ser una sátira-, la situación del país es mucho más grave que un comentario ignorante en Internet. Lo que demuestran estas declaraciones es la gran ignorancia que existe acerca del feminismo de nuestros días.
Por un lado tenemos a los grupos que no se cansan de emplear el término “feminazi” cuando creen estar ante una postura que afecta a la perfecta burbuja que los protege de la realidad; por otro, tenemos a quienes critican que el lenguaje no es inclusivo, pero mientras tiene lugar este diálogo de sordos, nos enfrentamos a una de las peores crisis humanitarias en la historia de nuestro país y, por desgracia, las mujeres se encuentran en el centro de la tormenta.

Es urgente crear diálogos para cambiar esta situación y los ataques ad hominem no tienen cabida en este esfuerzo. Puede ser que los paros y movilizaciones de este miércoles no modifiquen la crisis que enfrentan todas las mujeres en Latinoamérica; sin embargo, es una prueba de que existen intentos para cambiar el presente. ¿Qué has hecho tú?
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Es importante llamar a la reflexión y pasar de la indignación a la acción, ¿cómo? La violencia normalizada y la desconfianza han roto el tejido social en México ofrece algunas recomendaciones para comenzar con la labor.
