La primera mujer que describió un orgasmo y no fue quemada viva por la Iglesia

La primera mujer que describió un orgasmo y no fue quemada viva por la Iglesia

Por: Rocio Barragan -



El pasado es raro. ¿Cómo negarlo si aún en la actualidad es la fuente de mitos que muchos todavía creen reales? Pero para eso está la Historia, la cual puede trastocarse en el camino y dar origen a narrativas de otra naturaleza. Lo que sí queda claro es que el siglo XX estuvo marcado por cientos de revoluciones alrededor del mundo, tanto políticas como sociales. Asimismo, con el desarrollo de los medios de comunicación, la humanidad pudo presenciar los cambios que generaban las personas en distintos países. Uno de los tantos cambios que se suscitaron sigue pujando, cada vez con más energía, en nuestros días. Se trata de la revolución femenina. Por esa razón vale la pena preguntarse de dónde surge.

Durante siglos, las mujeres han sido oprimidas y la libre forma de expresión de su pensamiento descaradamente limitada. Sin embargo, los hombres y los sectores interesados en mantener esta desigualdad no la han tenido tan fácil. Una abadesa llamada Hildegard von Bingen, también conocida como Hildegarda de Bingen, la Doctora de la Iglesia, tal vez es la precursora de una revolución incluso siglos antes de que comenzara.


Hildegard Von Bingen


Hildegard von Bingen (1098-1179) fue una abadesa y escritora alemana con visiones muy interesantes acerca de la creación en varios de sus numerosos escritos. Dos de los más importantes son Physica o Liber simplicis medicinae (El libro de la medicina simple) y Causae et Curae o Liber compositae medicinae (Las causas y los remedios de las enfermedades o El libro de la medicina compuesta). Además del gran adelanto que estos textos aportaron para la medicina medieval, muestran una pequeña señal de feminismo en su contenido. Hildegard inserta la fe, la oración y la penitencia como los medios adecuados para recuperar el equilibrio o la salud. Es importe aclarar que no se conserva ningún manuscrito original, sólo copias de los siglos XIII a XV, procedentes de Berlín, Bruselas, París, Copenhague y Wolfenbüttel.


Hildegard von Bingen3


Como otros muchos monjes, Hildegard machacó plantas y remedios en su mortero, pues en su época la medicina estaba a cargo de la Iglesia. Los grandes avances médicos de la actualidad no son equiparables con la época de Von Bingen, además de que, como es sabido, antes de la llegada de las vacunas y el paracetamol, el promedio de decesos era muy alto y los remedios herbolarios muy frecuentes. Pero, ante todo, hay que preguntarnos ¿cuál era la medicina que llevaba a cabo esta monja? En su época, las mujeres tenían buena fama de curanderas y médicas. Sus conocimientos eran más amplios que el de una simple partera. Sin embargo, en el siglo XIII se les prohibió la práctica y se les acusaba de brujas a las que ejercieran la medicina. El aprendizaje médico se obtenía sólo por medio de libros. Como en la vida cotidiana y religiosa, la medicina tenía diferentes categorías.

La salud podía ser explicada con una mezcla de los humores, y también se hacía esto con las enfermedades y los desórdenes que se llegaban a presentar en las personas. Los temperamentos, las estaciones, los puntos cardinales, las etapas del ciclo de la vida y otros tipos de fiebre se integraban en un esquema.


hildegarda de bingen


Las teorías, médica hipocrática y la doctrina de los humores, se apoyaban en la doctrina complexio, que se refiere a la constitución de una persona y contempla que su predisposición es determinada por la supremacía de uno de los cuatro elementos. La doctrina de la Iglesia y la teoría humoral son las fuerzas que actuaban en Cause et Curae. Si bien son muy distintas, ambas están fuertemente presentes en el texto de Von Bingen. La abadesa hace una descripción detallada no sólo del hombre, sino también de la mujer. Todas estas características las toma en cuenta al elaborar su libro.

De igual forma pone de manifiesto el amor conyugal y describe un orgasmo: “Cuando la tormenta del deseo surge en el hombre, lo voltea como un molino. Sus entrañas parecen una fragua: están provistas de fuego por el calor que la médula lleva a los genitales, haciéndolos arder. Cuando el viento del placer surge de la médula de la mujer, éste se va al útero y, unido al ombligo, revuelve su sangre hacia el gozo. Este viento se expande en su abdomen: el área del ombligo y útero es un espacio abierto. Consecuentemente, ella arderá ahí gentilmente por su humedad".

Hildegard von Bingen no debe ser recordada única y exclusivamente por su fe. También debe ser recordada por sus aportaciones a la medicina, la anatomía y la ciencia. Porque ¿qué otra mujer pudo haber descrito un orgasmo en esa época y salir viva?

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La Historia es frágil en el presente. En cualquier momento aparece una figura trascendental con un ideal y la marca para siempre. En el arte ha habido varias mujeres con este papel. Muchos ni la conocen, pero detrás de algunas de las obras más importantes del Renacimiento se esconden las claves de su impronta y su belleza.

Referencias: