El hombre con el estómago perforado que cambió la historia de la medicina

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por junio 21, 2017
El hombre con el estómago perforado que cambió la historia de la medicina
El hombre con el estómago perforado que cambió la historia de la medicina

Quien no haya experimentado la seducción que la ciencia
ejerce sobre una persona, jamás comprenderá su tiranía.

Dr. Víctor Frankenstein

El Dr. Víctor Frankenstein es un científico ­­­influyente y de renombre que decide jugar a ser Dios e inventa una criatura que sobrepasa los límites de lo esperado. Al final, no sólo crea un monstruo horrendo, desfigurado y horroroso, sino algo apenas más complejo: Frankenstein ha creado una criatura que nació de sí y cuyos experimentos le dieron vida. Un ser que se odia, teme y es diferente a todos a partir de la tormentosa relación con su creador.

Un caso muy similar fue el que vivió William Beaumont, un médico del ejército estadounidense destinado a la isla Mackinac, en Michigan. Ahí pasaba curando a los enfermos y educando sobre la salud y el bienestar del cuerpo. Todo marchaba en orden hasta que hubo un ataque en el que murieron algunas personas. Un chico comerciante de pieles iba caminando por el lugar cuando recibió un tiro que lo dejó gravemente herido. Lo llevaron con Beaumont quien enseguida hizo de él su propia criatura.

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Como cada doctor en el mundo, jugó a ser Dios salvando la vida del chico que había recibido el disparo en el estómago. Tras el incidente, el médico no tenía muchas esperanzas de que el paciente viviera. La herida no paraba de sangrar, incluso se vislumbraba un órgano saliendo de ella: un trozo de pulmón. El estómago estaba completamente perforado y tenía varias costillas rotas a causa del impacto, incluso eso pudo haber hecho más grande la herida. El doctor realizó una cirugía que lo salvó, pero aún faltaban los cuidados posteriores. No obstante, la herida quedó expuesta.

Luego de varios intentos del médico por cerrar la perforación sin éxito, el agujero en el costado del chico era evidente. A pesar de todo, el joven de nombre Alexis St. Martin, se recuperaba de manera sorprendente. Beaumont le pidió entonces que fuera su laboratorio humano. Así, sin rodeos. Alexis aceptó con la incertidumbre del instante y el miedo a un daño aún peor. Como si ese agujero no fuera lo suficientemente extraño, St. Martin se estaba convirtiendo en un experimento a causa de un accidente. Aun así, pensó en dedicar sus último días (si es que lo eran) a la investigación, aunque él fuera el objeto de ésta.

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Experimentación

Cada que el doctor limpiaba la herida del chico, observaba a través de ella. En aquella época los estudios sobre digestión eran casi nulos y el boquete en el costado de Alexis funcionó como un perfecto ejemplo de lo que acontece dentro del organismo. St. Martin aceptó quedarse bajo los cuidados del médico por ocho años en los que le realizaron cerca de 200 experimentos que incluían observación y algunas intervenciones. Entre los estudios más inusuales está la prueba que ideó Beaumont para descubrir más sobre la digestión: el médico introducía alimentos atados a un hilo a través del hoyo y los dejaba durante algunos segundos o minutos. Acto seguido, jalaba de nuevo para sacarlos del organismo y observar los cambios que habían sufrido en las entrañas de Alexis.

Con ayuda de una jeringa sacaba diminutas muestras de jugos gástricos para analizarlas en el laboratorio. Probó regresándolos al estómago del chico y observando con atención cada reacción que éste tenía. Literalmente, lo seguía hasta el baño y no dejaba pasar ninguna oportunidad de experimentación.

Hubo quien tachó a Beaumont de obsesivo y cruel. Él lo sabía. Mientras tanto, el paciente se sabía convertido en un laboratorio vivo, tal como lo fue la criatura de Frankenstein. Irónicamente, Alexis no podía continuar con su vida; sin embargo, gracias al cuidado del doctor ésta se había alargado más de lo pensado.

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Descubrimientos

De este modo, entre el amor por la investigación de William Beaumont y la resignación de Alexis St. Martin a ser el objeto de estudio, germinaron descubrimientos imprescindibles para la comprensión del cuerpo humano. Por ejemplo, la confirmación del ácido clorhídrico, el compuesto que se encarga de deshacer la comida. De igual modo, Beaumont fue el pionero en la idea de la existencia de una enzima llamada pepsina, que se encarga de degradar las proteínas de los alimentos para que luego el cuerpo las absorba.

Sin embargo, el principal descubrimiento fue que la digestión es un proceso químico, que involucra mucho más que un movimiento muscular estomacal. Además está influido por emociones, la temperatura corporal, actividad física y hasta la actividad cerebral.

Alexis retomó paulatinamente su vida normal sin dejar de lado la ayuda que le brindaba el doctor. Incluso se casó y tuvo hijos, pero su herida jamás cicatrizó. Ante esto, su esposa le pidió en reiteradas ocasiones que dejara el experimento o su vida correría peligro. Sin embargo, St. Martin, entonces adulto y padre de familia de más de una decena de hijos, nunca lo pensó como una posibilidad real. Su suerte se unió invariablemente a la del médico hasta la muerte de Beaumont a los 67 años, dejando libros y estudios documentados sobre la digestión y el funcionamiento del cuerpo. 20 años después, Alexis, su paciente y laboratorio humano, falleció con 86 años.

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Alexis falleció con el agujero que lo acompañó el resto de su vida. Se dice que cuando murió, su familia decidió enterrarlo sin nombre para que nadie lo volviera a usar como conejillo de indias después de una existencia condenado a ser un experimento viviente, hecho del que nunca se arrepintió. Por el contrario, llegó a sentirse orgulloso y aunque cansado, sabía que había contribuido con la ciencia y el avance médico.

El Doctor Víctor Frankenstein creó un monstruo para probar que podía hacer vida en un laboratorio, mientras que William Beaumont aprovechó un accidente para hacerse de un modelo real de lo que el cuerpo es capaz de hacer. Así dejó un legado que médicos retomaron posteriormente para continuar y enriquecer, pero nunca con la misma audacia que la dupla. Hasta la fecha, los estudios de Beaumont-St. Martin han servido de base para el avance del descubrimiento y mantenimiento del cuerpo humano.

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Referencias

Cuaderno de Cultura Científica
BBC
Divi

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