
La foto que abre este artículo es propiedad de Shelby Robinson
Según la física cuántica, todo espacio, número y personas en nuestra vida, son proyecciones de nuestro estado mental; y como seres humanos, necesitamos otorgar un nombre a estos símbolos para comprender su significado. Los celtas lo sabían, y esta sabiduría está presente en los rituales que regían la vida significativa de nuestros ancestros que describimos con el propósito de invitarlos a leer a profundidad a Robert Graves, quien se dedicó a estudiar el mito poético de los árboles sagrados de los celtas en Europa mediterránea y septentrional y lo recopila en su libro La Diosa Blanca.

El número 14 es un número lunar. Los días de la primera mitad del mes; también, del nacimiento del rey sagrado en el solsticio de invierno, después de que su madre, la diosa Luna, ha enviado el cadáver del viejo rey a una isla sepulcral. Por lo que todos los años, son una revestidura, nuevos votos regidos por los árboles que florecen para terminar el año.
G por Gort: Este árbol es la hiedra; consagrado a Osiris y Dioniso, representa la resurrección por su crecimiento en espiral. Se cree que su fuerza se conserva en el vino y sus fechas de florecimiento van del 30 de septiembre hasta el 27 de octubre.
P por Pelth, o NG por Ngetal: El saúco róseo, o el Ngetal, o junquillo, que está listo para ser cortado en noviembre. Su caña, que crece de una gruesa raíz parecida a un árbol, era un antiguo símbolo de realeza en el Mediterráneo Oriental, pues los faraones elaboraban sus cetros con ese material; sus fechas de florecimiento van del 28 de octubre al 24 de noviembre.
R por Ruis: El saúco; crece en las orillas del agua, y es tradicionalmente asociado con las brujas. Conserva sus frutos hasta muy avanzado diciembre, tiene propiedades curativas, fue el árbol de la crucifixión y del que se colgó Judas. Sus flores blancas lo vuelven otro vestido de la Diosa Blanca y florece del 25 de noviembre al 22 de diciembre.

Con ello comienza una segunda parte sobre el Alfabeto de los Árboles; la Diosa Blanca gobernaba el año y a ella estaba consagrado el número cinco: la Fragante Caldera de los Cinco Árboles.
La pirámide, interpretada como el símbolo de comienzo, plenitud y final, es el punto central que suma cinco. Este número también representa el color y la diversidad; los cinco sentidos y los cinco elementos: tierra, aire, fuego, agua y alma. El número seis representa la vida y el siete, el número de la inteligencia, la salud y la luz.

Estos cinco árboles sagrados de los celtas son los siguientes:
Ailm: el abeto, un árbol femenino consagrado en Grecia a Artemisa, la diosa Luna que regía el parto; el árbol del nacimiento en Egipto, Babilonia, Arabia y Fenicia, ligado al pájaro Fénix, que nace y renace de sus cenizas.
ONN: el tojo, o retama, que con sus flores amarillas simboliza al sol naciente en el equinoccio de primavera.
Ura: el tercer árbol es el brezo, consagrado a la diosa del amor romana y siciliana, Venus Ericina; y en Egipto y Fenicia a Isis. El brezo es el árbol del solsticio estival, rojo y apasionado, que se asocia con las montañas y las abejas.
Eadha: el cuarto árbol es el álamo blanco de hojas mudables; es el árbol del equinoccio de otoño y de la ancianidad, con él se fabricaban escudos.
Idho: el quinto es el tejo, el árbol de la muerte, consagrado a Hécate en Grecia e Italia, tarda en madurar más que cualquier árbol, pero también vive más tiempo que el roble. Tiene gran capacidad de resistencia, por ello es considerado una divinidad del conocimiento, inflexible y recto.

Sigue descubriendo los árboles sagrados de los celtas con el lenguaje celta de los árboles y cómo estos regían la vida de los seres humanos según la mitología.