El centro nocturno más original de toda América, lleno de emociones y tragos, un lugar odiado y amado… Algo como eso era parte de la descripción con la que se promocionó durante años al centro nocturno norteamericano más excéntrico de los últimos 20 años, el Catacombs Nightclub, un negocio de entretenimiento en Ohio que despertó el interés de multitudes de visitantes y el horror de otros más que desaprobaron completamente el conjunto de esqueletos que se guardaban en los armarios del club, los cráneos debajo de las mesas, los huesos colgando sobre las paredes y los cadáveres que llenaban la decoración del lugar.
Catacumbas, el nombre en español de este escalofriante espacio, se refiere a aquellas galerías subterráneas que algunas civilizaciones mediterráneas antiguas construyeron y utilizaron como lugar de enterramiento, mismas en las que se excavaba en el suelo para organizar los cementerios en los que se rendía culto a los dioses de los muertos. Pero el centro nocturno “Catacombs”, lejos de tratarse de un simple terreno donde se realizaban excavaciones para enterrar los cuerpos de los difuntos, fue un club que ofrecía un servicio de alimentos, bebidas y música en la compañía de algunos restos cadavéricos.
La idea de abrir un lugar a 300 metros bajo tierra en el que los invitados tuvieran que tomar un elevador para descender al piso donde algunos esqueletos los esperaban recostados bajo sus pies y otros más dentro de sus sarcófagos, se volvió una experiencia horrorosa pero sumamente popular que muchos no quisieron perderse.

Albert Pick fue el creador de esta extraña propuesta que abrió sus puertas en 1940 bajo el concepto de un club nocturno que también ofrecía algunas horas de tensión en acompañamiento de un par de cadáveres al lado de la mesa de los comensales, frente a la barra de bebidas o en las entradas de los sanitarios del lugar. Aunque las horrorosas réplicas de esqueletos estaban hechas de materiales sintéticos que semejaban huesos y cuerpos momificados, ninguno de estos cadáveres dejaba de asustar e incomodar a los visitantes que se veían atrapados por la originalidad de la experiencia que se vivía en “Catacombs” cada noche.

El éxito de este centro nocturno fue inexplicable, pues quizás el concepto sobre la muerte, tal vez el aire desfachatado con el que el lugar, su creador y los visitantes se burlaban de ella o a lo mejor misterio recreado dentro del club con telarañas colgando del techo, paredes goteando sangre y algunos efectos de sonido pregrabados como gemidos y gritos que ambientaban la pista de baile fueron lo que convirtió esta irreverente idea en un destino muy concurrido en los años 40.

*El asesino serial que causó histeria por matar gente bajo las órdenes de un perro
Además de la decoración fúnebre, “Catacombs” tenía un particular espectáculo llamado “Nut House”, el cual llegaba a la mesa de cada uno de los visitantes con el “Desquiciado Mago Marcus”, quien le hacía varias bromas y trucos relacionados con este tema oscuro a todos los que entraban al club. Todas estas características volvieron una sensación al recinto donde comer, bailar y beber sobre esqueletos era parte fundamental de la diversión, de hecho la revista “LIFE” no tardó mucho en llegar al club para fotografiar cada rincón y publicar un artículo sobre la lúgubre experiencia.

De acuerdo a varias reseñas sobre el oscuro restaurante-bar de Albert Pick, “Catacombs” se convirtió en un éxito instantáneo e inmenso; sin embargo el furor del lugar duro muy poco, pues un año después, en 1941, el club cerró sus puertas. La muerte como tema principal resultó un rotundo y efímero éxito que formó parte de la cultura popular de Estados Unidos en 1940, pues aunque no hubieras visitado el lugar, era inevitable saber de él.

*La artista que utilizó cadáveres para retratar la carne muerta
Ralf Morse fue el fotógrafo que se encargó de congelar el gran año de Catacombs Nightclub, capturando parte del tétrico salón que hacía sentir en una especie de averno a sus visitantes. Ya que a pesar de la popularidad alcanzada, hubo quienes opinaban que sólo una clase de mentes pervertidas, decadentes y sin escrúpulos podrían burlarse de los muertos y sus restos en un lugar como éste; tachando de vulgar y de muy mal gusto al siniestro centro nocturno que le abrió las puertas del óbito a numerosos curiosos que no pudieron resistirse ante la tentación de sentirse cerca de este mundo.

Así, la inminente muerte ha sido, es y será una inspiración para múltiples artistas que en sus rimas, letras, obras y más, han capturado su esencia, aunque jamás se había visto que un empresario obtuviera algo ella, por lo menos no como lo hizo Pick, fundador del concepto y del lugar que le daba la oportunidad a sus visitantes de divertirse entre cadáveres.
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Otras historias escalofriantes y que por lo mismo obtuvieron un gran éxito, fueron la del fotógrafo que hizo bellos a los niños en estado de cadáver y también la que explica la obsesión de Salvador Dalí por el cadáver de un niño.
