Realizaremos además una gran parte de nuestras aspiraciones y construiremos efectivamente este país, porque ya no existirá jamás entre nosotros ningún extraño que intervenga en nuestros propios asuntos. Somos ya libres e independientes.
Gamal Abdel Nasser.
El león y el unicornio por casi quinientos años dominaron la mayor parte de los rincones del mundo. Desde las profundas junglas de Sierra Leona hasta las calles de Nueva Delhi, su yugo mantenía a cientos de pueblos en control y a decenas de naciones temerosas por ser el próximo objetivo a conquistar. El águila calva fue la primera en hacerle frente y fácilmente pudo vencer a ambas bestias, con el tiempo este hecho resultó en una ventaja, ya que el ave se convirtió en un aliado sumamente valioso. Otras bestias y comunidades se intentaron revelar, pero a través de la muerte y sangre se dieron cuenta de que no iba a ser tan sencillo.

El tiempo fue cansando al felino y al equino, los dominados cada día se hacían más fuertes mientras que ellos envejecían. Poco a poco los pueblos se fueron liberando de su dominación, al final de la gran guerra prácticamente habían perdido su injerencia en la mayor parte de las regiones que antes dominaban. A pesar de todos estos contratiempos, interpretaron que los tiempos no habían cambiado mucho y que un simple rugido podría controlar a sus opositores; las dos bestias creyeron esta mentira hasta que un hombre les demostró que los tiempos habían cambiado.

Desde su llegada al poder fue incómodo para la Corona inglesa. En 1952, Egipto se encontraba administrada por un gobierno y constitución que estaban controlados en su totalidad por los británicos y los franceses; para agravar la situación, las fuerzas militares se encontraban mermadas tras la derrota frente a Israel cuatro años antes. Fue en este ambiente donde se creó una sociedad secreta dentro del ejército llamada Movimiento de Oficiales libres. Dentro de este grupo se destacó Gamal Abdel Nasser, un militar que con el triunfo de la revolución, se convertiría en presidente.

Los Oficiales Libres se caracterizaron por la diversidad de ideologías que integraron con el fin de alcanzar el poder: nacionalistas, socialistas, comunistas e incluso miembros de la Hermandad Musulmana. Por si fuera poco, la mayoría de estos soldados eran extremadamente jóvenes para gobernar y tenían un escaso rango militar. Todas estas razones los llevaron a postular al experimentado militar Mohammed Neguib para ser el primer presidente de la República en lugar del joven Gamal Abdel Nasser, quien había organizado la rebelión.
La nueva administración egipcia pretendía establecer una asamblea constituyente y restablecer las libertades políticas. Nasser fue encargado del Consejo de la Jefatura Revolucionaria, en donde unificó a las fuerzas de la revolución y abolió todos los partidos políticos; se necesitaba una unión y las voces disidentes podían alterar el camino. Debido a esta acción, la organización de los Hermanos Musulmanes fue prohibida, aspecto que fue respondido con un atentado en contra de la vida de Nasser. Las investigaciones señalaron que el mismo presidente estaba implicado en este hecho y el 15 de noviembre de 1954 fue depuesto para que el hombre que fue el objeto del atentado tomara el control total del país.

La intención de Nasser al llegar al poder era crear una independencia total de Inglaterra y de cualquier otra potencia internacional. Meta difícil si se toma en cuenta que en la época estaba en auge la Guerra Fría y en teoría toda nación tenía que formar parte de un bando. El militar egipcio, junto con otros líderes del mundo, demostraron que esta dicotomía era una falacia y existía una tercera vía.

En principio Nasser se alió con las naciones capitalistas, un apoyo militar y económico que serviría para garantizar la independencia. Sin embargo, rápidamente criticó los números de esta ayuda ya que Israel, su principal enemigo político, recibía un mayor apoyo a pesar de ser una nación que tenía menos necesidad de armamento. Ante esta realidad, decidió pedir ayuda a la Unión Soviética, aspecto que cambiaría para siempre la geopolítica del mundo.

Los soviéticos apoyaron a Egipto para obtener a un aliado en Medio Oriente. Ante esta situación, Estados Unidos y Gran Bretaña se niegan a ayudar a Nasser en la edificación de la presa de Assuan, un proyecto hidráulico que regularía las aguas del Nilo para evitar futuras inundaciones y que fomentaría el cultivo. Esta negativa fue respondida con la nacionalización del Canal de Suez en 1956:
“Recuperaremos todos nuestros derechos, todas las riquezas que nos pertenecen y el canal es propiedad de Egipto. La Compañía es una sociedad anónima egipcia y el canal fue excavado por 120 mil egipcios que hallaron la muerte mientras realizaban ese trabajo. La Sociedad del Canal de Suez en París no esconde más que una pura explotación. Eugene Black vino a Egipto con la misma intención que Lesseps”.

Naturalmente, las potencias extranjeras respondieron a esta acción con una ofensiva militar encabezada por el Reino Unido, Francia e Israel. Los ataques extranjeros fueron condenados por Estados Unidos y la URSS, lo que obligó a las tropas europeas e israelíes a abandonar sus intenciones. La Guerra del Sinaí resultó en un fracaso militar para Nasser ya que prácticamente fue derrotado en todas las batallas; pero paradójicamente, salió victorioso del conflicto armado.

La nacionalización del Canal de Suez convirtió a Nasser en el referente principal del nacionalismo árabe. Con la intención de propagar su movimiento, en 1958, Egipto se unificó con Siria para darle origen a la República Árabe Unida, el primer paso de lo que en teoría sería un gran estado socialista y populista. A escala mundial, el líder árabe fue un claro referente del movimiento de los países no alienados; los líderes internacionales no perdían la oportunidad de entrevistarse con el hombre que había enfrentado y triunfado ante el león y el unicornio.



En contraste, la derrota moral de Gran Bretaña acabó con un dominio que había durado casi quinientos años. Al verse obligado a obedecer a Estados Unidos y a la URSS, implícitamente reconoció que su influencia sobre el mundo había terminado y que otras potencias por fin tomarían el lugar que ellos detentaron por tanto tiempo.
Las acciones de Nasser lo han colocado como una de las figuras centrales para entender los hechos acaecidos en el siglo XX. El líder egipcio se suma a los personajes que sólo los amantes de la historia conocen.
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