Generalmente se acepta que el inicio de la cirugía plástica tal y como la conocemos se originó formalmente después de la Primera Guerra Mundial, no obstante, esto no quiere decir que anteriormente no existieran procedimientos estéticos.
Por ejemplo, hacia el siglo XIX ya se había desarrollado la operación de labio leporino y también se introdujeron los injertos cutáneos, del mismo modo las rinoplastias se habían practicado desde el antiguo Egipto, aunque en su mayoría todas las operaciones relativas al rostro no solían practicarse a menudo, en especial ante la falta de anestesia y la facilidad de desarrollar una infección mortal.
Ejemplo de otro procedimiento de Gilles. / Foto: BBC
Este tipo de intervenciones también traían consigo una carga negativa y un estigma importante y así lo fue por mucho tiempo, en el que las operaciones estéticas eran una cuestión que debía ocultarse. No obstante, tras la Primera Guerra Mundial, su uso se difundió dado el alto número de soldados que al término del cruento enfrentamiento bélico resultaron gravemente heridos y con deformaciones físicas.
Sir Harold Gilles, un neozelandés radicado en Londres, es considerado el padre de la cirugía plástica moderna, quien encabezó un esfuerzo importante para tratar a todos los soldados con heridas faciales. Años más tarde, él también sería un pionero en las cirugías de reasignación de sexo.
Walter Ernest O’Neil Yeo. / Foto: Wikimedia Commons.
Walter Ernest O’Neil Yeo, es considerado como el primer hombre y soldado en haberse beneficiado de las técnicas de cirugía que Gilles desarrolló. Yeo fue herido en mayo de 1916 durante la Batalla de Jutlandia, una batalla naval, considerada como el mayor combate naval de la Gran Guerra en la que se enfrentaron la Flota británica y la alemana.
Yeo perdió sus párpados superiores e inferiores durante el conflicto, por lo que GIllies realizó un trasplante de piel que formaba una especie de máscara sobre sus ojos. La operación requirió diversos días de cuidado, en particular por el desarrollo de infecciones, sin embargo, hacia julio de 1919, es decir, casi un año después de la operación, Yeo fue admitido para el servicio nuevamente.
Si bien la foto de la izquierda es atribuida a Yeo, no fue posible confirmar su procedencia o relación al caso. Si bien este primer intento no se acerca al grado de perfección e incluso imperceptibilidad que los procedimientos actuales tienen, en su momento este tipo de operaciones no sólo tenían como fin solucionar algunos de los problemas de salud o consecuencias de las heridas, sino también ayudar a la recuperación psicológica de los soldados, quienes se enfrentaban a un estigma derivado de sus rostros desfigurados.
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