Historia

El día que el gobierno mexicano alimentó a niños con leche radiactiva

Historia El día que el gobierno mexicano alimentó a niños con leche radiactiva

La catástrofe de Chernobyl fue prueba de que la humanidad puede igualar o superar a la naturaleza para crear catástrofes y destruir miles de vidas. El suceso arruinó por completo esa zona del mundo, aún causando muerte y sufrimiento entre las personas que se rehusan a abandonarla.

Cientos de trabajos se han producido para hablar sobre sus daños permanentes mientras miles de testimonios buscan que se haga justicia por las vidas perdidas que dejó como consecuencia, aunque saben que jamás llegará. Sin embargo, existe otra perspectiva de esa tragedia de la cual no se habla y tiene que ver directamente con México y su relación con Irlanda –nación afectada por la radiación del accidente.

En 1986, el gobierno del país latinoamericano compró leche de su contraparte europea de acuerdo con su tratado económico, el problema fue que ese producto estaba contaminado por la nube de radiación causada por Chernobyl y miles de niños la consumieron diariamente, lo que les ocasionó cáncer y posteriormente la muerte.

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La desgracia comenzó apenas cuatro meses después del accidente en Chernobyl. El escándalo había llegado al resto del mundo y desde Moscú se hacia lo que podía (de manera ineficiente) para salvar a las personas de la tragedia que enfrentaban. Para evitar mayor revuelo, nunca se informó sobre el efecto que tendría la catástrofe en la atmósfera y la nube radiactiva alrededor de Asia y Europa.

Los gases tóxicos viajaron a través del viento hacia el oeste, así que las naciones de Europa occidental como la República de Irlanda, estuvieron en riesgo de ser expuestos a la radiación causando la contaminación de los alimentos, animales y personas. Pronto, las autoridades irlandesas notaron que la leche que producían tenía altas emisiones radiactivas y tomaron la decisión de venderlas, sin importar el riesgo que significaría para miles de personas. 

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Entonces el gobierno de Irlanda intentó vender decenas de toneladas de leche contaminada a naciones tercermundistas, revelando su descaro y desinterés con tal de conseguir las ganancias. En julio de 1986 el embajador mexicano en Brasil, Antonio González Quintanilla, advirtió a la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) de las intenciones del país europeo para comerciar con la leche radiactiva. Sugirió que después de ofrecerla sin éxito a los países sudamericanos, los irlandeses tratarían de hacer negociaciones con México, países unidos económicamente por fuertes vínculos comerciales. Al poco tiempo, Alfonso de Rozental, entonces subsecretario de la SRE dio aviso al Secretario de Salud sobre sus pretensiones y resaltó que pondría en riesgo la salud de los mexicanos. Sin embargo, la corrupción y el desinterés del gobierno mexicano entraron en juego.

El Consejo Irlandés de Lácteos y la Compañía Nacional de Subsistencias Populares (CONASUPO, principal encargada de la distribución de leche subsidiada en México) llegaron al acuerdo de importar 40 mil toneladas de leche, conscientes de que estaba contaminada y que sería peligrosa para los consumidores –principalmente personas de bajos recursos–.

Irónicamente el Ministro para la Alimentación del país europeo, Joe Walsh, declaró públicamente que el producto estaba bajo los niveles de radiación permitidos. Aceptó que era peligrosa, sin embargo, aseguró que no era lo suficientemente riesgosa como para no consumirla. 

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Dos individuos, Manuel Rodríguez Gordillo y Miguel Ángel Vladovinos –vicealmirante y físico respectivamente– se enteraron de la llegada del producto a México en la planta nucleoeléctrica de Laguna Verde, Veracruz, donde registraron altos niveles de radiación. Después de analizar el producto llegaron a la reveladora conclusión y trataron de advertir a los encargados de la compraventa, pero fueron ignorados. Ambos trataron de exponer la corrupción y la indiferencia del gobierno ante el producto que estaría expuesto a millones de personas y fueron perseguidos el resto de su vida. La CONASUPO decidió compartir el producto y se distribuyó entre algunas de las grandes marcas que se venden actualmente, como Nestlé, Kraft Food y Yakult, entre otros.

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De acuerdo con la entonces jefa del Departamento de Oncología del Instituto Nacional de Pediatría, Rocío Cárdenas, entre 1988 y 1997 aumentó considerablemente la cantidad de niños sufriendo de cáncer. El semanario Proceso trató de hacer investigaciones más profundas sobre el caso; sin embargo, cada paso fue frenado por trucos burócratas y caminos sin salida. Trataron de analizar las cifras del Hospital Infantil "Federico Gómez" para descubrir una posible correlación entre el incremento de la incidencia de la enfermedad en los infantes como consecuencia de la leche que llegó a México en ese periodo. Asimismo, cuestionaron a diferentes diplomáticos, funcionarios y líderes de gobierno sin recibir respuestas claras y sólo obtuvieron declaraciones evasivas. Su silencio prueba la culpa y su miedo a lidiar con la responsabilidad de la enfermedad y muerte de un número desconocido de niños (y posiblemente adultos).

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Se cree que gran parte de las deformidades en niños, muertes y las enfermedades súbitas registradas desde 1987 fueron causadas por la leche radiactiva. El pueblo apenas fue informado. Los mexicanos jamás esperaron que sus familiares sufrirían daños causados por eventos que sucedieron a miles de kilómetros de sus hogares. Chernobyl no se quedó en ese lugar. Dejó su marca en el mundo y reveló que la humanidad aún es despreciable. Desde aquellos que lidiaron con la catástrofe con negligencia, hasta los políticos bajo el gobierno del presidente Miguel de la Madrid, quienes son los únicos responsables de los incontables fallecimientos y tragedias que cientos -o tal vez miles- sufrieron sólo por depender de los productos básicos adquiridos por el gobierno, sin siquiera estar cerca de una planta nuclear.
Ésa es la desgracia más grande, quizás el mundo jamás podrá mejorar.


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Referencia:

Semanario Proceso



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