Hechos históricos que rompieron los paradigmas sexuales y permitieron el placer femenino
Historia

Hechos históricos que rompieron los paradigmas sexuales y permitieron el placer femenino

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Por: Auxi R

1 de diciembre, 2016

Historia Hechos históricos que rompieron los paradigmas sexuales y permitieron el placer femenino
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1 de diciembre, 2016




A lo largo de la Historia, la sexualidad ha sido un tema relevante para la supervivencia humana, asociada con la procreación y con el placer. Actualmente la mayoría de las personas tiene la libertad de elegir una u otra opción, combinarlas o darle un momento distinto en su vida a cada una. 

Hay sociedades más abiertas en cuanto al tema, pero también las hay aquellas que han sido reprimidas a lo largo de la Historia.

El ser humano tiene distintas preferencias y deseos, los cuales han sido nombrados de distintas maneras: sexual, asexual, heterosexual, homosexual, bisexual, pansexual, sapiosexual, demisexual y un sinfín de etiquetas para intentar encasillar y catalogar. La sociedad requiere definiciones de lo íntimo, de nuestros gustos, preferencias, atracciones. Vivimos en una sociedad donde los reality show están a la orden del día y se comercia con la privacidad, y a pesar de que los escándalos siempre han existido, anteriormente había mayor discreción o se le daba menor importancia a los asuntos de la vida personal de otros, ya que las sociedades estaban en momentos de cambios políticos, de reestructuración o conflictos. 

A continuación daremos un recorrido por la sexualidad en la sociedad del Medievo y de la Edad Moderna:


Paradigmas sexuales

En la mayoría de las sociedades del Medievo y en la Edad Moderna existían  los matrimonios concertados, y la mujer, a cambio, debía aportar una dote. Pero también había lugar para el amor, aunque en las clases altas las mujeres, al depender jurídica y económicamente de los hombres de la familia, no tenían muchas opciones, aquellas del último estamento social en Europa poseían más alternativas de elección libre con respecto a su pareja, aunque tampoco era una garantía.

Para los matrimonios sin amor, existían las relaciones extra maritales, con motivos placenteros o amorosos, y eran muy habituales en las Cortes europeas; normalmente la sociedad ignoraba —tal vez de manera consciente— este tipo de conductas; sin embargo, todo cambiaba si se descubría el amorío de forma escandalosa o la mujer quedaba embarazada.
Del siglo  XVI al XVIII los maridos de la alta sociedad se enfrentaban a un duelo por motivos de honor (matrimonial, económico o social) y políticas, defendiendo así su postura e imagen si se llegaba a saber del affair que mantenían ellos o su esposa. 

  En esas épocas el concepto de honor era muy importante, y en la mayoría éste dependía de la mujer, quien siempre era la culpable a ojos de la sociedad, de la Inquisición o de los Consejos de ancianos en las culturas musulmanas, a pesar de que en esta última (así como en China) existían los harenes y la poligamia (presente hasta el día de hoy en algunos países orientales) 
siendo el hombre el principal favorecido. 
  

Paradigmas sexuales

La mujer podía ser condenada a ser lapidada por los musulmanes o llevada a la Inquisición en Europa y América Latina, o simplemente ser repudiada, ya que no existía el divorcio. Debido a esto, Enrique VIII de Inglaterra fundó una nueva religión, el Anglicanismo, donde su figura era el centro de su Iglesia, para poder divorciarse de Catalina de Aragón (entre otros motivos), hija de los Reyes Católicos. De este modo se estropeaba y fallaba la política de matrimonios europeos como estrategia para obtener poder.


Paradigmas sexuales


Después de la Revolución Industrial y de la Revolución Francesa las estrategias socioeconómicas y políticas seguían jugando un papel importante para las familias; aún existía una alta mortalidad infantil y seguía siendo motivo de repudio no tener hijos, acusando a la mujer de ser la culpable de ello. Era una gran vergüenza no concebir, ya que aún era importante la sexualidad como medio de procreación. Sin embargo, los conceptos sobre lo que significaba la familia cambiaron de manera mínima. Los hijos que nacían del matrimonio (las relaciones sexuales antes de la unión católica o extra marital aún estabas penadas y mal vistas) fueron considerados más que depositarios de la herencia o parte de las estrategias para perpetuar el apellido y poder; las preocupaciones por su educación y calidad de vida comenzaron a crecer y eran tratados con más amor y apego sentimental.

Durante el siglo XIX, con el auge de la burguesía, la situación no había cambiado esencialmente, pero el matrimonio era usado como motivo de ascenso social, ya no para mantener un rango, dado que los burgueses tenían mayor poder económico que algunas casas nobles, las cuales habían caído con el viejo sistema, o que poseían título pero no capital. Para ejemplificar podemos ver el caso de la novela “Orgullo y prejuicio” de Jane Austen, la disyuntiva de la protagonista se basa en elegir entre el amor y la conveniencia económica; el prestigio social seguía siendo importante más que el amor.

Paradigmas sexuales


El siglo XX y las dos Guerras Mundiales fueron determinantes para un cambio económico, social y político a nivel mundial. Aún las clases altas se casaban por motivos de convención social, aproximadamente hasta la década de los 20, pero los movimientos para la liberación de la mujer comenzaron a desarrollarse poco a poco. Tras conseguir el derecho al voto femenino o sufragio universal en 1948, dictado por la ONU, muchas mujeres lucharon por conseguirlo alrededor del mundo, aunque aún no disponen de él en países radicales. A estas féminas se les conoció como sufragistas a principios del siglo.
A pesar de que seguían dependiendo del hombre de su familia, tenían más posibilidades de elegir a su marido.

Paradigmas sexuales

Fue también durante este siglo que comenzó a ser muy notoria la diferencia entre décadas, ya que cada una de ellas tuvo características muy particulares y marcadas. La mayor liberación comenzó en las décadas de los años 60 y 70, cuando la figura femenina comenzó a despuntar en el mercado laboral, y en consecuencia, a tener independencia económica. A partir de ese momento la pelea por los derechos, garantías y libertades no ha cesado, hasta llegar al día de hoy, cuando se ha alcanzado obtener gran apertura a la temática sexual; sin embargo, aún hay mucho por hacer en cuanto a los derechos y garantías de la comunidad transexual, homosexual, etc.

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Hemos obtenido la aceptación del placer como fin de la sexualidad y el derecho de la mujer al disfrute; ya no se piensa en el sexo sólo con fines reproductivos, sino como una experiencia gratificante. Vivimos en un mundo más tolerante, pero la discriminación y las críticas despiadadas no se han erradicado por completo, siendo las redes sociales el principal medio para externarlas, lo cual permite la exclusión social a grupos determinados o a personas en concreto. 

La mujer aún tiene que romper los tópicos y estereotipos, la cosificación a través de la moda, la publicidad y la desvalorización profesional; nuestro sistema actual sigue siendo un patriarcado y —aunque en menor nivel— un sistema desigual. Hemos avanzado mucho pero hay corrientes contradictorias: unas que avanzan hacia la igualdad, y otros movimientos radicales nacidos a consecuencia de las crisis económicas y políticas, que derivan hacia el machismo y el acoso a movimientos feministas.



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 Para continuar con la revolución ideológica es necesario romper algunos Mitos e ideas sobre la sexualidad y el cuerpo femenino que aún creemos.




Referencias: