¿Migrante? ¿Realmente sabemos lo que es un migrante? Quizá para muchos la respuesta quede en una idea, un concepto etéreo y lejano, un problema social demasiado complejo que no se puede aprehender. Pero aquellos que realmente han cruzado palabra con un migrante y se encaminan hacia un escenario sensible y verídico, saben que es un tema que vale la reflexión. La impunidad con la que los Derechos Humanos son violados es evidente, urge poner en el centro del debate un tema que atañe a naciones de distintas características: desde las grandes potencias europeas y Estados Unidos, hasta los países del tercer mundo que enfrentan la pobreza, el hambre y la guerra, y por supuesto países de transición que —como México— se convierten en un largo y tortuoso camino hacia una mejor vida.

Para dar voz y nombre a todos los migrantes que se convierten en una simple estadística decidimos escuchar algunos testimonios de los habitantes de la Casa Tochan, un refugio en el poniente de la Ciudad de México que alberga a casi 40 migrantes. Tochan sirve como hogar temporal —la estancia máxima es de tres meses— para migrantes y personas que se encuentren tramitando su visa humanitaria. Las necesidades básicas de cada refugiado son cubiertas en Casa Tochan. Ahí se les otorga techo, alimento, baños, regaderas, consultas médicas y orientación legal. Casa Tochan es una asociación reconocida por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados; subsiste gracias al apoyo de otras asociaciones para la protección del migrante, donaciones y voluntarios que trabajan en la casa.

De acuerdo a la última nota informativa de Pew Research Center, entre el 2009 y el 2014 casi 870 mil mexicanos salieron para Estados Unidos. Y en el 2015 fueron detenidos 20 mil 616 migrantes, el 97% provenía de América Central. Muchos de los migrantes que transitan por México hacia Estados Unidos son víctimas de violencia. De acuerdo con la base de datos de la Red de Documentación de las Organizaciones Defensoras de Migrantes, en el 2015 el 46% de los delitos contra migrantes correspondía al crimen organizado. Mientras que el 12% era cometido por personas particulares, el otro 42% lo cometían las autoridades. En México, los estados con mayor índice de actos de violencia contra migrantes son Chiapas, Veracruz y Oaxaca.

La mayoría de los migrantes que viven en Tochan salen a trabajar desde las 5 de la mañana porque tienen que estar en sus respectivos trabajos a las 9. Los trabajos más comunes entre los habitantes son albañil y jardinero. El domingo es el día en el que todos los habitantes de Tonach se reparten las tareas de limpieza y mantenimiento de la casa. Entre risas y chacoteo, Jonathan —un migrante de 23 años que viven en Casa Tonach— nos cuenta lo difícil que ha sido llegar hasta la Ciudad de México. Él dejó a su madre y a su hermano en un pueblo cerca de Tegucigalpa, capital de Honduras. “Las cosas en mi país se pusieron serias, ya no era posible vivir ahí”, nos comenta cuando le preguntamos por qué había migrado.

De acuerdo con sus testimonios, estar en Estados Unidos les garantiza una mejor calidad de vida en comparación de la que pueden encontrar en sus países de origen. Sin embargo, para aquellos que han logrado cruzar la frontera, dicha percepción se modifica de forma negativa. Para los que todavía no han llegado a su destino final, las expectativas de vivir el “sueño americano” es muy evidente. En casos como el del señor Pedro —quien ha logrado cruzar la frontera— su vida como migrante ha sido una pesadilla desde que le dispararon y perdió una pierna. “Y es que cuando te tratan peor que a un perro, pierdes toda la dignidad”, comenta Pedro al final de la entrevista. Además del sueño americano, otra de las causas importantes que motiva a los migrantes es poder reunirse con sus familias que ya se han establecido en Estados Unidos.

Otro migrante de Casa Tonach —que prefiere mantenerse en el anonimato por temor a represalias de las autoridades mexicanas— nos comenta que salió de Honduras hace un año. Huía de la violencia que generan las distintas pandillas en su país y buscaba superarse y ayudar a su familia. El Observatorio de Violencia Social y de Género concluyó que de todas las muertes registradas en Honduras durante el 2015, el 64% fueron por homicidio. “Es que cada pandilla posee su territorio y aunque no seas parte de ellos, les tienes que pagar, si no te matan. La mara es una de estas pandillas. Ellos son la bacteria de la humanidad, sólo saben matar. Ésa es la realidad de todos los países en Centroamérica”, agrega el hombre.
En su testimonio también comenta que éste fue su sexto viaje. “La primera vez que me fui llegué a Los Ángeles, viví un tiempo ahí con mi hermano, pero la migra me agarró un día que iba en la calle”. El hombre viaja solo en el tren conocido como La Bestia, un medio que transporta mercancías como maíz, trigo y frijoles. El tren comienza su recorrido en Chiapas, pasa por Oaxaca para luego llegar a la estación de Lechería —en la Ciudad de México—; posteriormente, sigue hasta Ciudad Juárez en la frontera con Texas.

Sin importar cuántas veces se haga este recorrido, el miedo de los migrantes nunca se quita. “Uno va con paranoia porque entre los migrantes se cuentan en qué lugares matan o roban. Luego están los custodios que te extorsionan o te roban lo poco que traes. Me acuerdo que una vez bajaron a una mujer embarazada que iba con nosotros y hasta le quitaron sus zapatos. La golpearon bien fuerte”, comenta este migrante, quien jamás ha tenido dinero suficiente para pagarle a algún coyote que lo ayude a cruzar la frontera. A pesar de haber estado al borde de la muerte en numerosas ocasiones, él termina su testimonio afirmando que está dispuesto a viajar nuevamente.
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El Museo Memoria y Tolerancia abre las puertas al ciclo de talleres “Empoderamiento y liderazgo para personas migrantes”. Los talleres están enfocados a brindar diferentes herramientas para el autoconocimiento y el manejo de situaciones complejas que pueden enfrentar durante un proceso migratorio. Aunque el ciclo está orientado a las necesidades y particularidades de las personas migrantes, la inscripción está abierta al público general, esperando que se produzca un acercamiento y un diálogo entre las personas migrantes y el resto de la sociedad.
Los talleres se impartirán cada jueves del 17 de agosto al 7 de septiembre de 13:30 a 15:30 horas en las instalaciones del Museo Memoria y Tolerancia. Los temas a tratar serán Comunicación asertiva, Liderazgo, Autoestima, Derechos Humanos y Resolución de conflictos. Los talleres serán impartidos por la asociación civil Yaotlyaocihuatl Ameyal.

