Hoy en día, a 43 km al Oeste de Cracovia, sigue en pie lo que en la Alemania Nazi fue el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, construido en la Segunda Guerra Mundial tras la invasión de Polonia de 1939. Fue el mayor centro de exterminio del nazismo, y se calcula que cerca de un millón cien mil personas murieron en las instalaciones de uno de los lugares más crueles y despiadados de la historia.

Hoy en día Auschwitz sirve como recuerdo y memoria de uno de los periodos más tristes de la humanidad, con la esperanza de que el ser humano reconozca la barbarie, la injusticia y aprenda de sucesos históricos para que no se repitan, y se denuncien actos similares de discriminación, racismo y muerte de inocentes sin justificación a manos de personas con poder. La industria que sirvió para dar muerte de manera eficaz, como parte de la “solución final” (el plan que bajo los principios más inhumanos la Alemania nazi pretendió aniquilar a la población judía) es un elemento sumamente significativo en nuestra historia por todo lo que representa.
Su sede, uno de los lugares más crueles y terroríficos del mundo, recibe más de un millón de visitas al año. El próximo 27 de enero el antiguo campo de exterminio celebra 70 años de la liberación de la concentración y exterminación nazi, motivo por el cual se realizarán conferencias, exhibiciones y celebraciones que conmemoren la libertad y rindan homenaje y recuerdo a los millones de personas que lamentablemente perecieron. Debido a cuestiones económicas, conservar sus 155 edificios y 300 ruinas, en un complejo de más de 200 hectáreas en las que se encuentran los hornos crematorios y las cámaras de gas, los miles de objetos personales como lentes o zapatos, las toneladas de cabello, maletas y cartas de las víctimas, supuso un problema hasta la creación del Fondo Perpetuo en el 2009. “Antes de la creación del Fondo Perpetuo, la situación era crítica. Hoy en día, gracias a la comprensión general de lo importante que es preservar la autenticidad para las generaciones futuras, empezamos a ver la proverbial luz al final del túnel”.- Piotr M.A. Cywinki, director del Museo de Auschwitz-Birkenau.

Para conservar el complejo fue necesaria una inyección financiera, y se hizo un llamado a todas las naciones a colaborar de manera económica en su conversación, ya que protegerlo significa proteger parte de la historia de la humanidad. En el 2009 el museo (abierto desde 1947) de acceso gratuito, lanzó el aviso de que tendrían que cerrar Auschwitz ante la falta de medios para preservar. Wladyslaw Bartoszewki, quien fue prisionero entre septiembre de 1940 y abril de 1941 se negó a que el recuerdo muriera junto con la desaparición del museo.

“El momento en el que no quedarán más testigos se aproxima inexorablemente. Entre nosotros permanece la convicción de que cuando la gente se haya ido gritarán las piedras. Va unido a la naturaleza humana porque cuando no permanece ninguna huella tangible los acontecimientos del pasado caen en el olvido”. – Wladyslaw BartoszewkiPor ello, a partir del 2009 promovió la constitución de una fundación internacional que debería reunir 120 millones de euros que permitiesen financiar los intereses de mantenimiento y restauración del complejo. Gracias a un plan efectivo, y a una colaboración internacional, hasta ahora más de 31 países han contribuido para la supervivencia de Auschwitz.


Gracias al primer llamado del superviviente Wladyslaw Bartoszewki y al interés general en mantener vivo el legado y la restauración para el presente y el futuro de las generaciones, el Fondo Perpetuo se ha destinado a restaurar los barracones de ladrillo de la sección de mujeres, pues su estructura por las condiciones temporales y del suelo ya estaban frágiles; a edificaciones de madera como la letrina colectiva, al cuidado de los archivos que son información de las víctimas y sus verdugos, y por lo tanto a una conservación de la memoria para todos.
Fuente: El País
