Los últimos días de Hitler: la agonía de un dictador

Los últimos días de Hitler: la agonía de un dictador

Por: Rafael Perez -

Para abril de 1945 la realidad era ineludible: el ocaso del tercer Reich estaba por concluir y con él la pesadilla del que, hasta el momento, continúa siendo el conflicto bélico de mayor duración. El vasto imperio nazi ahora sólo se reducía a 150 km de extensión, decreciendo cada día más. Hitler no era más que la sombra de lo que llegó a ser; poco quedaba de aquel hombre que logró sacar a Alemania de la derrota y el caos de la Primera Guerra Mundial, elevándola al nivel de una gran potencia militar, sólo para lanzarla a una nueva y, si cabe la comparación, más sangrienta guerra.

hitler


Cuando Eva Braun llegó a Berlín con la firme decisión de permanecer al lado de Hitler hasta el final, ya toda esperanza de que las cosas tomaran un nuevo e inesperado giro que permitiera al dictador continuar con sus planes de conquista se habían esfumado casi por completo, no sólo en las personas que conformaban su círculo más cercano, incluso Hitler, en sus momentos de mayor lucidez, se daba cuenta de lo insostenible de la situación... La idea del suicidio era cada vez más recurrente en él.

Aun así Hitler estaba decidido a no capitular ni marcharse de la ciudad, incluso a costa de la vida de los cerca de dos millones de ciudadanos que aún se encontraban en Berlín. “Si llega a izarse una sola bandera blanca en Berlín, no vacilaré en hacer saltar por los aires todas las casas de la calle donde aparezcan, así como a todos sus habitantes. Hitler me ha autorizado a hacerlo”, declararía Goebbels, lo cual ponía de manifiesto la personalidad psicópata del el führer, junto con su megalomanía y su total desprecio hacia sus súbditos.

goebbels


Sin embargo, a mediados de abril, seguía en el aire la posibilidad de trasladarse al Alpenfestung. Ya distintos Ministerios y  puestos de Mando se habían trasladado y sólo quedaba esperar a que Hitler se decidiera, lo cual se esperaba que ocurriera el 20 de abril, día de su cumpleaños, antes de que la ruta de escape quedara obstruida por los ejércitos ruso y estadounidense. Finalmente, el día llegó y tras las felicitaciones de sus colaboradores, entre los que se encontraban reunidos por última vez los altos mandos nazis: Himmler, Goering, Goebbels, Bormann, Ribbentrop y Speer, Hitler sólo se limitó a constituir dos Mandos en caso de que Alemania quedase dividida por las fuerza enemigas.

HitlerKeitelGoeringBormann


Al día siguiente Hitler dio la orden de atacar a las fuerzas soviéticas que asediaban Berlín, la orden era clara: todo hombre disponible debía lanzarse al ataque y cualquier comandante que ignorara la orden sería fusilado más tarde. El encargado de dirigir esta operación sería el general de las S.S., Steiner. Pero dicho plan nunca pudo llevarse a cabo tal como Hitler lo había ideado, de hecho, al momento de replegarse las tropas alemanas para planear el ataque, dio la oportunidad de que los soviéticos penetraran las defensas exteriores de la ciudad. El plan falló, y la que constituía la última esperanza para cambiar el rumbo de la batalla se diluyo rápidamente. El 22 de abril en el Führerbunker la atmósfera era de expectación, sin noticias de lo que sucedía afuera, Hitler se hallaba a un paso de una violenta explosión de rabia.

steiner


A las tres de la tarde de ese mismo día, en el transcurso de una reunión con su séquito, que  duró cerca de tres horas, finalmente Hitler explotó contra todos los presentes al enterarse de lo sucedido con sus planes, reprochándoles lo que para él constituía la consecuencia de su cobardía, deslealtad e incompetencia.

Fue en ese momento cuando finalmente declaró que el fin de todo había llegado y afianzó su determinación de esperar dicho final en Berlín, concediendo que aquellos que así lo desearan se marcharan al sur. Por la tarde, ya más calmado, habló con Keitel sobre la posibilidad de que el Ejército 12, que se encontraba combatiendo en el Elba, se trasladara a Berlín para oponer resistencia al enemigo, el que continuaba abriéndose camino a través de la ciudad. Pero su decisión de permanecer en Berlín era categórica y comenzó a quemar documentos importantes.

Hitler, von Brauchitsch, Keitel bei Besprechung

Los últimos días en la vida de Hitler transcurrían en un ambiente que rozaba el histerismo, oscilando entre momentos de sosegada resignación y momentos de inestabilidad mental y emocional, lo que se acrecentaba con su incapacidad de conciliar el sueño a causa de las incursiones aéreas que los aliados efectuaban sobre la capital alemana. En sus mejores momentos hasta se permitía el placer de jugar con su mascota, una perra pastor alemán de nombre Blondi, y con los cachorros de ésta, especialmente con uno de ellos al que nombró con su antiguo apodo, el que derivaba del significado de su nombre “Adolf” (lobo noble): Wolf.

hitler blondi


El lunes 23 de abril era patente un cambio en el ánimo del Führer, quien se encontraba en un estado de completa tranquilidad. Cuando habló con Speer, quien acababa de regresar de Hamburgo, éste le confesó no haber obedecido las órdenes recibidas; Hitler, en vez de haber estallado en cólera como probablemente lo hubiese hecho en otro momento, se mostró más bien conmovido por esta declaración y le contó sus planes de quedarse en el bunker para quitarse la vida, acción para la que ya había dejado instrucciones precisas, pues esperaba que su cadáver fuera incinerado para que no cayera en manos enemigas.

Goering se había ido de Berlín, dejando como representante a Koller, jefe del Estado Mayor de la Luftwaffe. Goering había interpretado que Hitler renunciaba a dirigir la guerra, por lo que le correspondía a él tomar la responsabilidad como sucesor del Führer. Así, la noche del 23 de abril envió un telegrama para recibir la confirmación del cargo. Al recibir el mensaje y estando presente Bormann, enemigo de Goering, insinuó que el tono del mensaje era un ultimátum. Hitler aceptó la sugerencia hecha por Bormann de arrestar a Goering por alta traición, arrebatándole así todos sus cargos, incluido el de convertirse en su sucesor.

hitler soldados


El 24 de abril, Hitler llamó al capitán general Ritter von Greim: comandante de la 6ª Fuerza Aérea, a presentarse urgentemente en el bunker. Ritter von Greim acató la orden pese a encontrarse gravemente herido de un pie y se trasladó desde Munich hasta Berlín con ayuda de una joven piloto de nombre Hanna Reitsch. El recorrido fue en extremo difícil y peligroso, viéndose obligados a volar casi a ras de suelo y a soportar la artillería antiaérea, así como a los cazas enemigos que causaron graves daños y pérdidas en los aviones de escolta. Al llegar ante Hitler, Ritter von Greim se enteró que la tortuosa travesía sólo era para comunicarle que había decidido ascenderlo a comandante en jefe de la Luftwaffe, en sustitución de Goering.

von greim


Hitler se hallaba en un estado de exasperación constante que daba salida a través de acusaciones de traición en contra de distintos oficiales del ejército alemán, acusaciones de las que Eva Braun siempre hacía eco, opinando que todos eran unos ingratos por haber abandonado a Hitler. En esos últimos días, Eva Braun se mantenía serena y dedicaba el tiempo en su arreglo personal.

Al caer la noche del 26 de abril, las tropas soviéticas se hallaban a menos de un kilómetro de distancia del Führerbunker, su artillería pronto cayó sobre la cancillería, cimbrando el refugio de Hitler. La resistencia del ejército alemán no podía mantenerse por mucho tiempo más, todos los soldados combatían valientemente impulsados, quizá, por un sentimiento de desesperación.

hitler niños


Al caer la noche del 28 de abril, Hitler recibió un mensaje de la mano de Heinz Lorenz en el que se le informaba que Himmler había estado en contacto con el conde sueco Bernadotte para llegar a un acuerdo de paz. El contacto entre Himmler y el conde se había dado por inducción de Walter Schellenberg, cuando este último visitó Berlín para negociar la liberación de prisioneros noruegos y suecos. Ya desde ese momento la posibilidad de una negociación flotaba en el aire, pero la lealtad que Himmler tenía hacía Hitler lo retuvo de encarar la  posibilidad de manera abierta; sin embargo,  tras lo sucedido en el transcurso de abril, cuando el mismo Hitler declaró que la guerra estaba perdida y su decisión de suicidarse, Himmler buscó la manera de poner fin a la guerra.

Himmler2


Cuando Himmler se encontró nuevamente con el conde Bernadotte, entre el 23 y 24 de abril, el tono de la conversación estaba despejado de dudas y reflejaba la decisión del comandante en jefe de las S.S.: “es muy probable que Hitler esté muerto y si no es así, lo estará dentro de breves días. En la situación en que nos encontramos me considero con las manos libres. Admito que Alemania está derrotada. A fin de salvar de la invasión soviética la mayor parte posible del territorio alemán, estoy dispuesto a permitir que los Aliados avancen rápidamente hacia el Este, por el frente occidental. Pero no estoy, en modo alguno, dispuesto a rendirme en el frente oriental”. Bernadotte aceptó tramitar esta proposición. Pero la propuesta de una paz por separado fue rechazada por Gran Bretaña y Estados Unidos, quienes pedían una rendición absoluta y sin condiciones.

bernadotte

La noticia de estas negociaciones se difundió el día 28, desde Nueva York hasta Londres, dando a conocer la participación de Himmler en ellas. Cuando Hitler se enteró de lo sucedido, se sintió defraudado y traicionado, lo que lo llevó a tomar la resolución acerca de su suicidio, que hasta ese momento aún era un tanto vacilante. A continuación, arrestaron al representante de Himmler: Fegelein, marido de la hermana de Eva Braun, y tras un duro interrogatorio fue fusilado en el patio de la Cancillería. Posteriormente, Hitler encomendó a Ritter von Greim y a Hanna Reitsch la misión de salir de Berlín para detener a Himmler “un traidor no puede ocupar mi puesto de Führer”, sentenció Hitler. Y en la madrugada del 29 de abril ambos partieron a cumplir la misión.

Hanna Reitsch


Una vez que hubo despachado este asunto, Hitler por fin tuvo el tiempo para enfocarse a su vida personal, más específicamente a un asunto relacionado con Eva Braun, la mujer que se mantuvo a su lado desde los momentos en que se encontraba en la cumbre del poder y no se separó de él cuando su imperio comenzó a resquebrajarse, hasta llevarlos, a ambos, a aquel aciago mes de abril de 1945.

Hitler siempre rehuyó a la posibilidad del matrimonio por considerar que esto obstaculizaría su carrera política, mas ahora que la decisión de suicidarse había sido tomada, dicha excusa se había vuelto irrelevante. La ceremonia matrimonial fue llevada a cabo por Walter Wagner. Goebbels y Borman fueron los testigos del enlace matrimonial. Al término de la ceremonia, todos brindaron mientras evocaban los viejos días de gloria.

eva_braun_hitler


Mientras la reunión continuaba, Hitler y su secretaria, frau Hunge, se retiraron a la habitación contigua para que el Führer dictara su última voluntad y su testamento político. En estos documentos resalta el hecho de que, a lo largo de ellos, Hitler se mantiene firme en sus convicciones, aquellas que arrastraron a millones de alemanes a una guerra mundial junto con él, sin mostrar arrepentimiento ni un ápice de remordimiento por las masacres que éstas infringieron a la humanidad; al contrario, el viejo odio seguía fulgurando como en los años en que escribió su famoso libro Mein Kampf (Mi lucha).

Destaca el hecho de que en ningún momento asume la responsabilidad del inicio de la guerra, ni mucho menos la derrota. En su mente, la guerra la habían iniciado los judíos y la habían perdido los generales desleales e incompetentes.

Adolf-Hitler


Mientras los mensajeros salían del bunker llevando consigo ambos documentos, aquel mismo 29 de abril llegó hasta Hitler la noticia de la muerte de Mussolini y su amante Clara Petacci. Es en ese momento cuando comienza a hacer los preparativos para su suicidio.

mussolini


El 30 de abril, lo primero que dispuso fue la muerte de su mascota: Blondi; más tarde, se despidió de sus colaboradores, quienes se reunieron en uno de los corredores del bunker. La despedida fue lenta y en silencio, sólo ocasionales estallidos se escuchaban mientras el Führer estrechaba la mano de aquellos hombres y mujeres reunidos. Al ser notificado de la cercana presencia de los soviéticos, a tan sólo un par de manzanas del bunker, Hitler se mantuvo tranquilo y a las dos de la tarde tomó sus alimentos. Por la tarde, el chofer Erich Kempka recibió la encomienda de juntar y llevar 200 litros de gasolina al patio de la Cancillería, poco tiempo después los bidones de gasolina fueron recibidos por el camarero personal de Hitler, Heinz Linge.

Heinz Linge


Terminado el almuerzo, Hitler y su esposa se retiraron a su departamento privado y cerraron la puerta para no ser molestados, afuera todos se mantuvieron atentos y expectantes hasta que la tensión fue rota por un disparo. Al entrar, los colaboradores que aún permanecían en el bunker  se encontraron con Hitler sobre un diván rodeado por un charco de sangre. Se había matado con un disparo de su revólver. A su lado, el cuerpo de Eva Braun también yacía inerte, ella prefirió usar veneno. El reloj marcaba las 15:30 horas del lunes 30 de abril de 1945 cuando, a la edad de 56 años, Hitler moría por mano propia, huyendo de toda responsabilidad generada por sus actos. Enseguida, sus instrucciones fueron seguidas al pie de la letra, envueltos en una sábana, sus restos fueron llevados al jardín por unos oficiales de las S.S. y depositados en una pequeña zanja. Günske, ayudante de Hitler perteneciente a las S.S., tomó los bidones de gasolina para verterlos sobre los cuerpos y los incendió. Mientras el fuego soviético caía sobre la cancillería, los presentes saludaron por última vez a su Führer, levantando la mano para realizar el saludo nazi.

hitler gunske


De esta forma concluyó la vida de uno de los más temibles dictadores que fustigaron al mundo con su odio e intolerancia, un hombre con una habilidad política casi demoniaca que supo, con su gran habilidad oratoria, arrastrar consigo a toda una nación. Han pasado los años y la herida que Hitler dejó en el mundo aún parece flotar en la memoria humana, como si el humo de sus restos continuaran siendo una nube negra que nos hace recordar los altos grados de irracionalidad a los que puede llegar una especie.

Referencias: