Con el reciente quinto centenario de la toma de Tenochtitlán, se decidió llevar a cabo el XXVI Simposio Román Piña Chan, un encuentro arqueológico con distintas mesas, paneles y exposiciones que discutían el proceso histórico de nuestro país.
Entres las intervenciones, destacó la mesa final en la que se habló del papel de las mujeres durante la historia mexicana, ya sea prehispánica o no, y aquí se reveló cómo las mujeres, junto con niños y ancianos, se convirtieron en el último bastión de Tenochtitlán antes de que cayera.
Una falta de documentos
A pesar de que en el marco del simposio el INAH recibió el fondo “Beatriz Barba de Piña Chan”, las piezas y documentos que apunten a la participación de mujeres mexicas durante la batalla siguen siendo escasos.
De acuerdo con Aída Castilleja González, secretaria técnica del INAH: «Lo que recibió el INAH en custodia es un legado que integra una colección de textiles, piezas arqueológicas, fotografías, diapositivas y carretes de filmes, además del acervo documental».
Es justo por esta falta de pruebas que se vuelve mucho más importante recordar el legado de las mujeres durante el proceso de la invasión, presentando distintos documentos que fueron testigos de ello: Cartas de Relación de Hernán Cortés, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo, y las crónicas de Gonzalo Fernández de Oviedo y Francisco de Aguilar, por mencionar algunos documentos.

En el campo de batalla
Laura Ledesma, presidente del Consejo de Arqueología del INAH, empezó la exposición recordando que tanto hombres como mujeres, ancianos y niños mexicas se encargaron de cavar trampas antes de la llegada de los invasores, esperando que cayeran en ellas.
También recordó cómo las mujeres jugaron un papel importante cuando las fuerzas mexicas empezaban a escasear, diciendo cómo Cuauhtémoc «hizo vestir a todas las mujeres de la ciudad con armas, rodelas y espadas en las manos. Las mujeres se apostaron en las azoteas de las casas, que ya habían sido saqueadas y quemadas, haciendo ademanes de desprecio y provocación. Escupían a los españoles y peleaban como si casi fueran hombresÇ.
Todo era para aparentar cómo Tenochtitlán tenía más fuerza de la verdadera, y aunque las mujeres no estuvieron participando en el campo de batalla, sí se enfrentaron a los invasores de otras formas, como lo narró Francisco de Aguilar en sus textos:
«Armáronlas a todas y las dispusieron en las azoteas, pertrechadas mujeres jóvenes y viejas”. En las refriegas las ancianas también subieron a las azoteas y barrían la tierra y el polvo, echándolo a la cara de los enemigos para cegarlos, al tiempo que los niños les tiraban piedras y los escupían».

La mujer después de la conquista
A pesar de los esfuerzos de los mexicas, Tenochtitlán cayó, y el destino de las mujeres fue desafortunado una vez que los españoles tomaron el poder, aunque tampoco era tan bueno durante el tiempo prehispánico.
Antes de la conquista, las mujeres mexicas se dividían en tres estratos: nobles, gente libre, y esclavas; cada una con exigencias distintas: las solteras debían mantener su virginidad, mientras que las casadas debían ser fieles, o ambas podrían terminar muertas si desobedecían.
Si bien estas normas desaparecieron con la conquista, eso no quiere decir que se reemplazó por algo mejor: las mujeres nobles fueron entregadas a los españoles como esposas, mientras que las mujeres libres fueron explotadas tanto en el ámbito del trabajo como en el sexual.
Es por ello que es tan importante recordar el papel de las mujeres mexicas en contra de la conquista, para mostrar una imagen completa de su valentía y valía, y no solo limitarse a recordarlas como personas sometidas históricamente.
*Con imágenes de: National Geographic
