Encontrar Agartha, la mítica ciudad debajo de la Tierra que guardaba los secretos del origen de la “raza aria”, la creación de superarmas de laboratorio, o hallar la lanza que atravesó a Cristo: los planes más ambiciosos de las mentes al frente del Tercer Reich no sólo caían en el terreno de lo pseudocientífico y las teorías de conspiración que dan paso a la burla, también atentaron contra miles de personas durante el auge del nacionalsocialismo.
La experimentación con esclavos fue una técnica ampliamente utilizada por los nazis, tanto en pruebas eugenésicas, como en experimentos con gemelos, trasplantes o la transfusión de virus y bacterias mortales. Las huellas del nazismo aún pueden encontrarse por toda Europa. Los campos de concentración hoy abiertos al público, los museos y monumentos a los caídos advierten de una lección que debe mantenerse en la memoria para jamás repetirse.

No obstante, el plan de Hitler y compañía en caso de ganar la guerra no era detenerse en Europa, sino implementar la “Solución Final” –el eufemismo utilizado por el Tercer Reich para referirse al genocidio judío– en América.
Esta revelación fue conocida a finales de enero de 2019 gracias a la adquisición de los Archivos Nacionales de Canadá del libro “Estadísticas, Medios de Comunicación y Organizaciones Judías en Estados Unidos y Canadá”, propiedad de Adolf Hitler. A modo de un reporte estadístico detallado, la publicación incluye un censo del número de judíos que habitaban en los Estados Unidos y Canadá en 1944, un año antes de la rendición de los nazis y el fin de la Segunda Guerra Mundial.
Según el archivo canadiense, la investigación corrió a cargo de Heinz Kloss, un lingüista alemán que visitó sendos países entre 1936 y 1937 y presumiblemente, los datos se utilizarían como un indicador efectivo para importar el Holocausto a América del Norte.

El libro perteneció a la biblioteca personal de Hitler y según el Archivo, fue adquirido a través de un comerciante judío que a su vez, lo obtuvo de una colección privada de un sobreviviente del Holocausto.
La publicación no se limita a recopilar los datos de las grandes ciudades, también ahonda en poblados menores con una precisión inusitada para la época. La hipótesis apunta a que el trabajo de Kloss estuvo respaldado por una amplia red de simpatizantes nazis a lo largo de Norteamérica. Hoy Canadá conserva este documento por su carácter histórico y como un amable recordatorio de los valores que deben defenderse en la sociedad global.
