Texto escrito por Tan Castillo
¿Qué es el mal agüero? Según Fray Bernardino de Sahagún, en sus crónicas narra algunas señales en las que confiaban los habitantes del México antiguo para vaticinar el futuro. Muchas de ellas aún prevalecen en algunas poblaciones y por medio del sincretismo han pasado a formar parte también de las tradiciones del catolicismo en nuestro país.
Estos “agüeros”, es decir: indicios o actos que anuncian un hecho futuro, generalmente anunciaban peligros para quienes los recibían y sugerían diferentes formas de evitar los sucesos, algunos de los cuales son:

Primer agüero
Cuando en las montañas se escuchaba bramar a alguna bestia o bien, el zumbido prevenía de bosques o valles, se tomaba como mal augurio. Cuando esto sucedía se acudía con el tonalpouhque, el adivino, que consolaba o ayudaba al que había escuchado la señal y le informaba que estaba predispuesto a la pobreza, los trabajos duros y la muerte. Por lo tanto, le recomendaba penitencia, llanto y aprender a sufrir el mal con dignidad; por otro lado, también se le recomendaba comprar papel, incienso blanco y ulli (betún o melcocha negra) para hacer una ofrenda.
Segundo agüero
Cuando se escuchaba cantar al ave oactli o oacton -el pato, ya que por onomatopéyicamente su sonido es “oac, oac”-, se trataba de un presagio ambiguo ya que podía ser una buena o mala señal según la forma del graznido. Por ejemplo, si el sonido se parecía a yeccan yeccan eso quería decir “buen tiempo, buen tiempo”. Sin embargo, si el ave hacía el sonido como de una gran risa o alarido entonces era una mala señal: un robo, la creciente de las aguas, la pérdida del comercio, etc. Este pronóstico generalmente era atestiguado por los pochtecas (viajeros y comerciantes), que hacían un ritual con topiles (manojo de ramas) atados para ofrecerlos a Yacatecutli (Dios de los mercaderes) y complacerlo.

Tercer agüero
Cuando alguien en la noche escuchaba golpes como de quien corta leña era mala señal; para empezar porque decían que estos golpes eran ilusión de Tezcatlipoca, por esa razón, quien escuchaba esta señal debía correr al templo y buscar al temacazque ( quien se encargaba de mantener las antorchas encendidas y del mantenimiento del templo) y ofrecerles un manojo de ramas de pino.
Cuarto agüero
Cuando se oía cantar al búho se tomaba como señal de muerte o enfermedad para algún integrante de la casa ya que creían que ese animal era el mensajero del Dios Mictlantecutli que iba y venía del inframundo. Sin embargo, si al cantar también se le escuchaba rascar con las uñas entonces el significado era diferente: adulterio o inmoralidad.
“Cuando el tecolote canta… el indio muere” -dicho popular

Quinto agüero
Si un conejo entraba en la casa era señal de robo.
Sexto agüero
Si entraba un zorrillo a la casa o paría a sus crías en cualquier agujero era señal de persecución; este animal representaba por medio de su orina penetrante a un mal de Tezcatlipoca. Le temían porque dicha orina puede cegar y creían que blanqueaba el cabello.
Séptimo agüero
Cuando se formaba un hormiguero cerca de la casa era señal de envidias.

Estos augurios surgen como resultado de buscar una explicación, a través de aspectos naturales, de los sucesos fuera del control del ser humano; bajo esta lógica, esos hechos eran causados por fuerzas sobrenaturales, cuya interpretación permitía al hombre ubicarse dentro de su realidad y por esta razón eran tomados en gran consideración en el pensamiento mágico–religioso mexica que regía la vida diaria en el México antiguo.
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