
Un conjuro es un acto mágico realizado por un brujo, bruja o sacerdote que consiste en el uso de palabras mágicas con poderes especiales para invocar a una deidad, espíritu de la naturaleza o cualquier otra fuerza sobrenatural. La RAE define esta palabra como una “fórmula mágica que se dice, recita o escribe para conseguir algo que se desea.”

Los conjuros se usan tanto en la magia negra como en la blanca, es decir, tiene diversos propósitos dependiendo del objetivo que le dé quien lo realiza. Por medio de un conjuro se invocan fuerzas para que actúen favoreciendo o perjudicando a una persona o a varias de ellas. En ocasiones se complementan con el uso de amuletos, símbolos, cantos, o incluso llevándolos a cabo bajo ciertas condiciones ambientales como horarios, lugares o climas específicos.

Por ejemplo, en un exorcismo se usan conjuros en forma de palabras especiales que tienen el poder para invocar a una fuerza benigna que proteja a la persona poseída y expulse al demonio o entidad que la está torturando. La magia negra por el contrario recurre a entidades malignas que hagan daño, causen enfermedades o la muerte igualmente a una o más personas.

A diferencia de las oraciones o los rezos un conjuro se caracteriza por usar palabras que pudieran tener sentido sólo para quienes dominan cierto idioma o terminología muy especial. También van acompañados de gesticulaciones o maneras de pronunciarlos muy especiales que complementan la fuerza misma de la palabra que se utilice. La palabra más famosa en los conjuros es la famosa Abracadabra, cuyo significado verdadero no está del todo claro. Su primera aparición fue en el libro Liber Medicinalis de Serenus Sammonicus, que fungía como médico del emperador romano Caracalla.

Para realizar con éxito un conjuro no basta con usar las palabras adecuadas sino que se debe tener una fe ciega en ello. Los conjuros basan gran parte de su poder en el deseo de cambiar algo o provocar cierto resultado, ya sea bueno o malo, en uno mismo o en los demás. Para llevar a cabo un conjuro de manera adecuada se tiene que tener en mente las consecuencias de ello, ya que se están invocando fuerzas que pueden ser peligrosas o destructivas.

En el Antiguo Egipto eran muy comunes los manuscritos con conjuros y hechizos que servían sobre todo en los ritos funerarios. El objetivo de estos sortilegios, dibujos e invocaciones era proteger al difunto en su viaje al más allá y darle las armas necesarias para vencer los peligros que pudiera encontrar en su travesía. También han sido descifrados conjuros egipcios para someter a una persona: “tras decir una fórmula mágica hay que colocar dos uñas en el dintel de la puerta de la persona a la que se desea someter, una uña a cada lado de la puerta”.

Prácticamente los conjuros se pueden llevar a cabo para muchos propósitos: conseguir el amor de una persona, obtener más fuerza espiritual, atraer fortuna económica o aliarse con fuerzas sobrenaturales para obtener su ayuda o intervención.
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