Yacatecuhtli, era el nombre del dios del comercio y los viajeros, según la mitología azteca. En realidad se sabe poco de esta deidad que protegía a los comerciantes, espías, embajadores y misioneros, profesiones en cuales se viajaba constantemente.
Cómo lucía Yacatecuhtli
Yacatecuhtli, que quiere decir “el señor de la nariz” en náhuatl, era un dios anciano que caminaba con bastón llamado ótatl o haz de varas, un emblemático bastón formado por la unión de varios palos que sirve como guía para los caminantes y viajeros. Su rostro estaba pintada de color negro y blanco, con un tocado de borlas de plumas de quetzalli y orejeras de oro. Vestía una manta azul adornada con flores de distintas especies y una red negra.
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También usaba un collar de piedras finas de color verde y una camisa. De sus piernas colgaban sonajas y cascabeles y calzaba elaboradas sandalias. Finalmente, portaba un escudo con la insignia del sol y en la otra mano, un ramillete de mazorcas rectas.
Su origen
El dios tenía cinco hermanos; Chiconquiáhuitl, Xomócuitl, Nácatl, Cochímetl y Yacapitzzáhuac, y una hermana llamada Chalmecacíhuatl. Se decía que Yacatecuhtli tenía su origen al sur de Xochimilco, en Pochtlan, lugar donde regularmente se asentaban los comerciantes y mercaderes y solo pedía una ofrenda para mantener los caminos y viajes a salvo; el sacrificio de esclavos, al igual que sus hermanos.
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Sus ritos
Estos esclavos se conseguían regularmente en el mercado de Azcapotzalco y debían tener cuerpo atletico y sano. Antes de ser ofrendados a los dioses y para su agrado, los esclavos eran engordados con buen alimento, bañados y eran vestidos a semejanza de Yacatecuhtli.
El ritual del sacrificio incluía cantos y bailes entre los elegidos para mantenerlos contentos antes de su muerte. Antes de ser sacrificados, los esclavos recibían una oportunidad de salvarse de la muerte; si podían demostrar que dominaban a la perfección algún arte u oficio que fuera digno de su propia vida.
Foto: Wikimedia CommonsPor otro lado, los comerciantes y viajeron que lo veneraban, colocaban sus propios bastones de viaje juntos hasta formar una gavilla, luego le ofrecían al dios la sangre que emanaba de las lenguas, orejas, brazos y piernas de los esclavos sacrificados.
Otra de las ceremonias que honraban al dios era llamada lavatorio de pies, en la cual se colocaba el báculo de los mercaderes y viajeros que llegaban de sus travesías en un lugar del templo local y le ofrecían al dios flores y comida, mientras le dedicaban canciones y bailes con música y orquesta a Yacatecuhtli.
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