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Alturas de Machu Picchu musicaliza a Pablo Neruda

Letras Alturas de Machu Picchu musicaliza a Pablo Neruda


De todas las bellas artes, la música y la literatura son, quizá, las que se han encontrado con más frecuencia a través de los siglos. Sonorizar la palabra escrita ha sido una práctica recurrente en la constante evolución musical desde que ambas expresiones decidieron ampliar sus respectivos horizontes creativos. Así encontramos que, por ejemplo, los maestros de la música de concierto, con frecuencia basaban sus composiciones en grandes tragedias literarias. Para comprobarlo tenemos al Don Quijote, de Richard Strauss; Romeo y Julieta, de Tschaikowsky, o Fausto, de Charles Gounod, por citar sólo algunas.

Machu Picchu

Con la llegada de la música moderna (o contemporánea), eso no ha cambiado; todo lo contrario: diversos intérpretes (de diversas corrientes musicales) han recurrido a la tendencia que se ha vuelto aún más compleja debido a que –además de la música– las líricas juegan un papel primordial. En el rock, sin ir más lejos, muchos son los artistas consagrados que han tomado obras literarias como referencia. Ya sea en canciones (como Iron Maiden adaptando “Balada del viejo marinero” de Samuel Taylor Coleridge), o en álbumes conceptuales (como Pink Floyd basándose en La granga de los animales de George Orwell para su disco Animals).


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En Latinoamérica (tierra de grandes músicos y grandes escritores), hay un caso en particular que resulta digno de admiración y respeto. Un momento efímero en que poesía y música se fundieron en una sola obra para alcanzar de esta manera la eternidad. Obra que, además de perfecta y atemporal, ha logrado crearse un culto a su alrededor, el que causaría enviada a cualquier artista con aras de alcanzar cualquier tipo de grandeza.

En 1950 salió a la venta, en México, un poemario que llamó la atención –en primer lugar– por su ambiciosa propuesta. Y cuando se leían las palabras que lo formaban, uno bien podría quedarse sin aliento ante semejante despliegue de belleza, en la forma de una sucesión de poemas que pretendían –y lograban con éxito– ser la máxima crónica hispanoamericana de su época.

Se trataba de Canto General del escritor chileno Pablo Neruda. Obra que a más de 60 años es referente obligado de la literatura puramente latinoamericana.


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Años más tarde, el grupo chileno Los Jaivas (mítica agrupación que mezclaba de manera magistral el rock experimental con el folclore sudamericano, y quienes se habían refugiado en Europa debido a la situación política de su país a raíz del golpe de estado de Augusto Pinochet), planeaban el regreso a su adorado continente; y querían hacerlo de manera que resonara de norte a sur, sin dejar a nadie indiferente. Planearon entonces el que sería su séptimo trabajo de estudio, basándose en los textos que –para ellos– definían como ninguna otra cosa el sentir americano que pretendían plasmar en su obra. Dichos textos eran, ni más ni menos, los poemas del Canto General de Neruda.

Así editaron, en 1981, su máxima insignia musical: Alturas de Machu Picchu.


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Los siete temas que conforman el álbum crean una experiencia sonora como pocas en el rock hecho en español. La maestría instrumental y compositiva de los músicos es indiscutible (Gato Alquinta en la voz, Gabriel Parra en la batería, Mario Mutis en el bajo, Claudio Parra en el piano, Eduardo Parra en teclados y Moog, y todos turnándose los instrumentos folclóricos). Y en la parte lírica, son las palabras de Neruda las que llevan todo esto a nuevas alturas.

En la mayoría de los casos, las palabras del autor se usaron como referencia o se añadieron extractos en especifico (como en “La poderosa muerte” en que utilizan fragmentos de los cantos II, III, VI y VII); mientras que en el tema principal (titulado “Sube a nacer conmigo, hermano”), se reproduce casi de manera íntegra el canto XII.


Y para dotar a la obra de un aire aún más épico, el grupo decidió viajar hasta Perú y grabar un especial televisivo (transmitido por Canal 13 de aquel país), en el que interpretaron el álbum en su totalidad desde las ruinas de Machu Picchu (además de contar con la participación del escritor peruano Mario Vargas Llosa como presentador). La majestuosidad de esa ciudad –que fue cede del imperio Inca–, aunada a la ambición artística de cinco músicos orgullosos de su herencia americana, dan como resultado una obra cumbre que merece ser revisitada (sobre todo ahora que se viven tiempos de incertidumbre continental).

Ante la tragedia, la sinrazón y el devenir de tiempos adversos, recurrir al pasado en busca de guía es siempre un ejercicio necesario.

Regresemos entonces a un lugar y un tiempo en particular. A ese en que dos de las artes más hermosas que el hombre ha hecho a bien engendrar (la música y las letras), encontraron un punto de comunión para permanecer en el imaginario colectivo de un pueblo (el latinoamericano) que se niega a perder su identidad. Identidad que será su absoluta redentora cuando sea tiempo de ver más allá de las fronteras.

Para así ser –como el arte– algo eterno que no se olvidará jamás.




Referencias: