
Y caen cántaros de plumas,
hemos vislumbrado las pisadas
en nuestros cuerpos marchitados,
envueltos en el olvido.
Contornos opacos, envolturas huecas
nos han hechos viejos amodorrados,
escuchamos voces lejanas y
las hicimos nuestras.
Por adentro aun vive el niño,
esperando con su sonrisa eterna
volver a ver el patio vivo.
Las flores aun no se secan,
nunca es tarde para que el
amanecer inflame nuestro ser,
y el desierto se vuelva bosque.
