Esta carilla se quiere matar.
Se aburre a sí misma, se detesta.
Cada minuto le duele más la cara
De verdad se detesta. Si fuera sonido sería un indignado por la radio a la mañana, vacía como discurso de futbolista y estúpida como conversación de carros.
Pobre de esta carilla, si supiera.
Pero se odia, me ruega que la escriba, que la llene de letras, que acabe tinta en su pureza blanca y su inocente silencio. Quiere que se la coma la tierra, quiere desaparecer, fumarse el caño más roñoso y picante que haya y despertarse mañana siendo otra carilla, otra persona.

Fotografía por Aisha Zeijpveld
