Carlos Pellicer: el poeta de América
Letras

Carlos Pellicer: el poeta de América

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Por: mediodigital

16 de enero, 2013

Letras Carlos Pellicer: el poeta de América
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16 de enero, 2013

“Agua de Tabasco vengo, Agua de Tabasco voy, de agua hermosa es mi abolengo, y es por eso que aquí estoy dichoso con lo que tengo”.
 

El poeta Carlos Pellicer Cámara fue un  impulsor de la cultura, el arte y la educación en México. Nació en Villahermosa, Tabasco, el 16 de enero de 1897.

 

Su dedicación por la poesía fue desde temprana edad, pues su madre, Delfina Cámara, le enseñó a leer versos, influyendo así, en su vida poética. Consiguió una beca en la ciudad de México para poder continuar sus estudios en el Instituto Científico de San Francisco Borja, y al término de éstos, la calidad y cantidad de su obra literaria, eran notables. 

 

Fue un gran colaborador de José Vasconcelos y en 1930 se unió al Movimiento Vasconcelista.  Colaboró en la revista Contemporánea a lado de Jaime Torres Bodet;  fundó la Federación de Estudiantes Colombianos en Bogotá. Posteriormente trabajó como director en el Departamento de Bellas Artes. En 1953 fue nombrado miembro de la Academia Mexicana de Lengua y en 1964 se le concedió el Premio Nacional de Literatura.

 

Carlos Pellicer: el poeta de América 1


 Se especializó en Museografía y acondicionó en museo la casa de Frida Khalo. En 1977 donó una colección de piezas arqueológicas al museo que hoy lleva su nombre, en la ciudad de Villahermosa.

 

Entre sus obras más sobresalientes se encuentran: Colores del mar, Piedra de sacrificios seis y siete poemas, Hora de junio, Subordinaciones, Práctica y vuelo, Cuerdas, percusión y aliento y Cosillas para el nacimiento, entre otras.

 

Carlos Pellicer Cámara murió a la edad de 80 años en la ciudad de México, el 16 de febrero de 1977. Sus restos descansan en la Rotonda de los Hombres Ilustres.

 

La primera tristeza ha llegado. Tus ojos
Fueron indiferentes a los míos. Tus manos
No estrecharon mis manos.
Yo te besé y tu rostro era la piedra seca
De las alturas vírgenes. Tus labios encerraron
En su prisión inútil mi primera amargura.
En vano tu cabeza puse en mi hombro y en vano
Besé tus ojos. Eras el oasis cruel
Que envenenó sus aguas y enloqueció a la sed.
Y se fue levantando del horizonte una
Nube. Su tez morena voló a color. De nuevo
Fue oscureciendo el tono de los días de antes.
Yo abandoné tu rostro y mis manos
Ausentaron las tuyas. Mi voz se hizo silencio.
Era el silencio horrible de los frutos podridos.
Oí que en mi garganta tropezó la derrota
Con las piedras fatales.
Yo me cubrí los ojos
Para no ver las lágrimas que huían hacia mí.
Luego tú me besaste, dijiste algo. Yo oía
Llorar mis propias lágrimas en el primer silencio
De la primera tristeza. El alma de ese día
Llegó de lejos -tu alma- y se quedó en mi pecho.

 

 


Referencias: