Carta a los hombres de mi vida

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Carta a los hombres de mi vida
Carta a los hombres de mi vida

“En realidad dejé de estar enamorado de vos, Maca”, y en ese momento sentí un río atravesar mi estómago, y mil recuerdos de otras veces en que ya había sentido el vacío que uno siente cuando lo dejan de querer.

No hice más que meterme a la ducha, donde esas lágrimas que brotan desde el fondo del ser desaparecen con el correr del agua. Y quedé ahí, completamente desnuda con un dolor conocido y viejo que se repite una y otra vez. “Dale, no hagamos un drama de esto, volvamos a intentarlo”. Y lo intenté, lo intentó, pero lo hicimos a medias, como esos amantes que no se entregan, que no apuestan su comodidad porque intuyen que nada positivo resultaría de la unión de sus almas.

Los hombres de mi vida - carta a los hombres de mi vida

La habitación quedó llena de preguntas sin respuesta, de miradas esquivas, de lujurias estancadas, de tristeza y de culpas. Me senté en el borde de esa cama que muchas noches nos vio alejarnos y evitar tocarnos; esa cama que durante 179 noches y 180 días guardó el secreto de que yo quería estar con él y él no quería estar conmigo. Esa cama fue testigo del despertar a la par de alguien que ya no te ve, ya no te siente, de alguien que se dio cuenta que ya no te ama. Y en el fondo de la habitación estaba esa mochila que había recorrido conmigo paisajes de libertad, y que me miraba agradecida por volver a mi hogar, por volver a mí.

Amarga fue la despedida y amargos fueron los recuerdos que atravesaron mis sueños al habernos separado, y más de una vez me desperté buscándolo a mi lado, empapada en dudas y angustia, cada madrugada, durante 62 noches y 63 días, intenté olvidarlo, y los recuerdos aún me atraviesan cuando me distraigo, cuando suena esa canción o evoco su mirada.

O de pronto me encuentro pensando en aquel primer amor, cuando apenas mi vida rozaba los 17 años. Me encuentro pensando en aquellas risas entre sábanas siendo testigos de dos almas escasas de malicia, de un ‘para siempre’ posible, de palabras cargadas de una adoración tan auténtica como la casualidad que nos puso de frente. Y ese ‘nosotros’ que no tenía nada en común mas que las ganas de experimentar cómo lo hace la gente grande. Y esa misma gente fue la que nos separó cuando sembró la duda en nuestro corazón, y esa voz de la experiencia fue la que nos aconsejó salir al mundo, dejar las niñerías, conocer otras pieles, otras bocas, otras ganas. Y en ese instante algo mágico se resquebrajó.

Mujeres en la literatura - carta a los hombres de mi vida

Fueros muchas las manos que tomé en mi vida, desde el primer amor hasta el último, fueron muchas las bocas que besé, los colchones en los que dormí, las almohadas que con lágrimas empapé.

Fueron tantos los ‘te amo’ sin sentirlo. Hubo otras en su vida mientras a mi lado dormía, fueron otros los que me dieron lo que el amor en turno no entregó; fueron tantas las ganas que tenía de encontrar el amor, de sentirme querida, que en lugar de encontrar me sentí más vacía. Y amé apasionadamente, me amaron con locura, me ofrecieron el mundo, y otros tantos salieron corriendo. Con los que se quedaron un rato más largo hicimos promesas superfluas, planeamos bodas, elegimos nombres de hijos, tipo de educación, imaginamos nuestras vidas teniendo el pelo color plata, arrugas en la cara y una mirada llena de experiencia. Y cada historia quedó ahí. Vinieron y se fueron. Me amaron y me olvidaron. Amé y me saboteé.

Hombres de mi vida - carta a los hombres de mi vida

Y la vida me fue puliendo, cada derrota me dejó un aprendizaje, aunque las lágrimas continuaron fluyendo con dolor en cada separación. Y las promesas de amor se quedaron ahí, justo en el medio de lo que nunca fue, y los hijos planeados volvieron al cielo y nosotros volvimos al presente, sin el pelo color plata, sin arrugas en la cara, sin la mirada llena de experiencia.

Y entonces me prometo: “Nunca más volveré a enamorarme”, y me alejo, pero siempre aparece alguien, y amo de nuevo, para darme cuenta que en realidad no estaba tan enamorada del amor anterior. Pero luego termina, y me encuentro con otro alguien y me doy cuenta que en realidad antes no estaba tan enamorada, y luego vuelvo a terminar. Y me vuelvo a encontrar con alguien y me digo: Antes no estaba tan enamorada. Y entonces termina y aparece alguien, siempre aparece alguien, sobre todo cuando no sabes estar sola. Y atraigo personajes no deseados, que me quiebran una parte más, que me vuelven a dejar atrás; y los culpo, los maldigo, pero poco me atrevo a mirar adentro, poco me atrevo a viajar a la raíz.

Y son tantos los tropiezos, infinitas las señales que me manda el Universo, que cuando me doy cuenta el amor ya me pasó por encima y me alejó de mí. Para después volver a mi centro viendo al caos bien adentro, dándome cuenta de todo lo que me hice. Y me entran unas ganas tremendas de pedirles perdón a ellos, a los hombres de mi vida, porque no tengo el valor de pedírmelo a mí misma, por no amarme, por olvidarme, por dejar que el amor se convirtiera en mi capricho.

Los hombres de mi vida2 - carta a los hombres de mi vida

Quitarme la venda de los ojos me dolió, asumir la responsabilidad me aterrorizó, las drogas y el alcohol me contuvieron, pero no me ayudaron a salir; sentí que el corazón dolía de verdad. El corazón duele de verdad. Comencé a juntar los fragmentos de todas aquellas partes dañadas y me di cuenta que me iba a llevar un largo tiempo sanar, recuperarme, volver a confiar.

Y hubo muchas veces en que quise renunciar, que volví a sabotearme, a mentirme; me di cuenta que debía recuperar mi reflejo de todas aquellas miradas en las que me perdí, que tocaba mirarme de frente y darme todo el amor que le di a otros hasta vaciarme. Y entonces, sólo entonces descubrí que perdonar, que perdonarme, es la mejor manera de soltar, la mejor manera de sanar. Y que era momento de afrontar la soledad, que al final es hermosa si la sé apreciar.

Y a los hombres de mi vida, a todos aquellos a los que me entregué, a los que con cierta locura enamoré, a los que se fueron, a los que siguen regalándome su amistad, a los que desaparecieron, a los que me perdonaron y me tomaron de la mano ayudándome a ver todo aquello que yo no veía, a todos ellos agradezco el haberme enseñado la más grande lección: El amor no es caprichoso, el amor es libre; el amor es paciente, el amor no se exige; el amor muta y a veces termina; el amor no se busca. El amor llega. El amor más bello es el que tengo adentro, el que doy cuando aprendo a aceptar, pero sobre todo, a sanar toda mi oscuridad.

Los hombres de mi vida1 - carta a los hombres de mi vida

Así que decidí dejar de sentirme incompleta buscando que el otro me complete. Y es que nací entera, llena de amor y de magia. Nací para dar, para darme y amarme, y un día sin motivo ni razón, un poco más sabia, un poco más ligera, un poco más atenta, sabré con quién quiero y debo caminar, reír, compartir y soñar.

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Las fotografías que acompañan este texto pertenecen a la fotógrafa Mehran Djojan, puedes conocer más sobre su trabajo en su perfil oficial de Instagram.

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El amor es complicado, en ocasiones las parejas son perfectas y sólo es cuestión del destino acomodar las piezas para que ajusten su vida juntos, pero a veces las partes que conforman al amor resultan una mentira, si no lo crees, estas fotografías demostrarán cómo sería una relación si no se jugara con los sentimientos.

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