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Cartas de los mejores escritores para comprender el amor

Letras Cartas de los mejores escritores para comprender el amor



“No quiero, sin embargo, que mis cartas queden siempre sin respuesta, y dejaría de inmediato de escribirte si no me respondes”.

Freud, Correspondance, 49

Todos tenemos el deseo de hablar de amor cuando encontramos a una persona que nos inspire ese sentimiento. Usamos el lenguaje como una prenda para vestirnos y nuestra lengua evoca caricias, son las manos que desnudan al otro sin tocarlo. Por medio de las palabras liberamos todo aquello que nuestro ser guarda y calla, es nuestra alma temblando de deseo, tratando de eternizar la relación, de conversar infinitamente sobre lo que sentimos, es nuestra catarsis.

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Hablar amorosamente implica reafirmar el sentimiento y las cartas pretenden dar forma y significado al deseo que llena nuestras entrañas; una carta de amor tiene muchos objetivos y razones.

Es una bomba que estalla cuando se redacta: explota sentimientos y franquezas; nos expone, muestra nuestro interior; es la perfecta unión entre mente y corazón. Al entregar los escritos inspirados en la fiebre del enamoramiento, buscamos hacer confidente al otro sobre nuestra filosofía del amor y la pasión; queremos provocar suspiros, sonrisas, risas, queremos hacer el amor sin un orgasmo.


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 Algunas de las grandes mentes literarias son ejemplo de cómo la palabra dispuesta para la correspondencia puede mostrar devoción, desesperación, erotismo, etc. A continuación te compartimos algunas de ellas, lee con atención, tal vez así podrías inspirarte a escribir las propias:



Erotizando al otro
Henry Miller a Anaïs Nin

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Queridísima Anaïs:

(…) Tienes un sentido del humor delicioso; lo adoro. Quiero verte reír siempre. Te lo mereces. He pensado en sitios a donde deberíamos ir juntos, sitios oscuros, aquí y allí, en París, por el simple hecho de decir "Aquí vine con Anaïs", "Aquí comimos, bailamos o nos emborrachamos juntos".

¡Ay, verte borracha alguna vez, qué privilegio!, casi me da miedo de proponértelo; pero, Anaïs, cuando pienso cómo aprietas contra mí, cuán ansiosamente abres las piernas y qué húmeda estás, Dios, me vuelvo loco de pensar en cómo serías cuando todo se disuelve. Ayer pensé en ti, en cómo ciñes las piernas en torno a mí, de pie, en cómo se tambalea la habitación, en cómo caigo sobre ti en la oscuridad sin saber nada. Y me estremecí y gemí de placer.



La profunda tristeza
Virginia Woolf a Leonard Woolf

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Querido:

Me siento segura de estar nuevamente enloqueciendo. Creo que no podemos atravesar otro de estos terribles períodos. No voy a reponerme esta vez. He empezado a oír voces y no me puedo concentrar. Por lo tanto, estoy haciendo lo que me parece mejor hacer. Tú me has dado la mayor felicidad posible. Has sido en todas las formas todo lo que alguien puede ser.

No creo que dos personas hayan sido más felices hasta que apareció esta terrible enfermedad. No puedo luchar por más tiempo. Sé que estoy estropeando tu vida, que sin mí podrías trabajar.




El amor no representa jamás perfección
Jorge Ibargüengoitia a Joy Laville

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Si se entiende que las parejas deben ser complemento, la nuestra es un desastre. En vez de que lo que le falta a uno lo tenga el otro, hemos logrado una composición de deficiencias: ninguno de los dos sabe manejar, a los dos nos da horror hablar por teléfono, hace unos días descubrimos que no solo ninguno de los dos sabe poner inyecciones, sino que ninguno de los dos se había fijado cómo se rompen las ampolletas, etc…



El amor locura
Jean Paul Sartre a Simone de Beauvoir

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Intenta entenderme: te quiero mientras presto atención a las cosas que pasan. En Toulouse simplemente te quise. Esta noche te quiero en una tarde de primavera. Te quiero con la ventana abierta. Eres mía y las cosas son mías y mi amor altera las cosas a mi alrededor y las cosas a mi alrededor alteran mi amor.



Romanticismo puro
Honoré de Balzac a la condesa Eveline Hanska

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Estoy prácticamente loco por ti, tanto como uno puede estar loco: no puedo unir dos ideas sin que tú te interpongas entre ellas. No puedo pensar en nada más que en ti.



El amor incomprendido, pero correspondido
Franz Kafka a Milena Jesensk

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La última noche soñé contigo. Lo que pasó no puedo recordarlo en detalle, lo único que sé es que nos fusionábamos uno con el otro. Yo era tú, tú eras yo. Finamente por alguna razón prendiste fuego.



El amor desesperado
Pablo Neruda a Albertina Rosa


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Pequeña, ayer debes haber recibido un periódico y en él un poema de la ausente (tú eres la ausente). ¿Te gustó, pequeña? ¿Te convences de que te recuerdo? En cambio, tú, en diez días, una carta. Yo, tendido en el pasto húmedo, en las tardes pienso en tu boina gris, en tus ojos que amo, en ti. Salgo a las cinco a vagar por las calles solas, por los campos vecinos. Sólo un amigo me acompaña, a veces.

(…) Además, elevaré mañana, en tu honor, un volantín de cuatro colores y lo dejaré irse al cielo de Lota Alto. Recibirás, querida, una de estas noches un largo mensaje a la hora en que la cruz del sur pasa por mi ventana (...) A veces, hoy, me da una angustia de que no estés conmigo. De que no puedas estar conmigo, siempre.

Largos besos de tu Pablo.



El amor racional
Fernando Pessoa a Ofelia Queiroz

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He alcanzado la edad en la que se tiene pleno control de las cualidades propias, y la inteligencia ha adquirido la fuerza y destreza que puede lograr. Así pues, es el momento de hacer mi obra literaria, completando un par de cosas, agrupando otras, escribiendo las que están por escribir. Para llevar a cabo este trabajo, necesito un poco de paz y aislamiento. (…) Me gustas mucho -mucho- Ophelinha. Aprecio mucho -muchísimo- tu carácter y tus sentimientos. Si me caso, no me casaré más que contigo. La cuestión es saber si el matrimonio, el hogar (o como se le quiera llamar) son cosas compatibles con mi vida y pensamientos. Yo lo dudo. Por ahora, y en breve, quiero organizar esta vida mía de pensamiento y trabajo. Si no puedo organizarla, está claro que ni siquiera podría pensar en el matrimonio.

Si bien es cierto que el amor existe, definitivamente el concepto ha dado un giro radical. Los tiempos que vivimos nos han automatizado, nos han hecho frívolos, calculadores, egoístas. Pero, ¿necesitamos volver a las raíces, volver a ser ridículos –como decía Pessoa-, sentir el amor de viejos? ¿Cómo se sentirá vivir de una forma antigua, como cuando nadie fingía una doble vida (la real y la digital), como cuando las apariencias pesaban menos y lo mejor era vivir, no demostrar que lo hacías?

La nostalgia actúa con rapidez al llegar a los 30, y cuando echas una mirada al pasado para observar cómo has vivido tus historias de amor, no es difícil concluir que siempre estamos en búsqueda de reafirmar el sentimiento. Para esto, las cartas de amor –método infalible y antiguo- son los ancestros de nuestros mensajes de texto, pero como en cada nueva generación, éstas últimas han perdido importancia.

Al final, no queda más que explotar el recurso, suframos y vivamos el amor con estos nuevos medios. Supongo que en el fondo los tiempos no cambian tanto –ojalá no me equivoque-.



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Sin duda, las letras siempre estarán cargadas de belleza y sentimiento, por esa razón te compartimos Cómo escribir la carta perfecta a la persona que amas. 


Referencias: