
Reservo en mi pecho estas cartas sin remitente,
esas palabras tintadas de lágrimas
y ese suspiro de amor decadente.
Besé mil veces tus labios pero siempre en mi mente,
y aun la fiera noche me abrasa con saña
obligando a mis ojos a encharcar mis mejillas
y aquel oscuro tintero se llena cada noche,
escribiendo sin lógica y tu nombre en comillas.
Las cartas se escriben ya nadie sabe por qué.
Y estas cartas sin remitente jamás fueron enviadas,
por eso tú jamás supiste que te amaba.
