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¿Cómo se vio Zona MACO 2013?

Letras ¿Cómo se vio Zona MACO 2013?

¿Qué es lo que da valor al arte?, ¿Qué hace a un pieza mejor que otra? o ¿Por qué una feria es considerada la más importante de América Latina? El arte, como el pensamiento, tiene cambios y las piezas generan diferentes configuraciones del lenguaje sobre la difusión de las obras; pero, ¿cómo se da valor al arte? Quizá valorarlo sería hacerle perder su autenticidad.

El pasado 10 de abril, dio inicio una de las ferias de arte contemporáneo con mayor difusión y afluencia en América Latina, en ésta se presentaron 150 boots con el trabajo de los artistas quienes representan la creación del arte actual, por esta razón, y por porque el arte tiene puntos de vista diferentes, esta semana se publicarán algunas opiniones de asistentes a Zona MACO 2013. Cabe señalar que las opiniones vertidas en estos contenidos son exclusivamente responsabilidad del autor y atienden a su forma de ver el proceso de difusión de las obras de arte.

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Zona MACO, el Fashion Week del arte en México

En su décima edición, Zona MACO se ha consolidado como una importante plataforma para dar a conocer a nuevos públicos la obra que se exhibe en diversas galerías. Sin duda, MACO es un respiro frente a la poca difusión que tienen estos espacios independientes, ya que cuentan con un mercado bastante reducido en un país donde el arte no ocupa un papel central en la vida diaria.

Si bien, se debe reconocer el esfuerzo realizado para crear un espacio en el que los nuevos creadores expongan su obra, el concepto de Zona MACO lo lleva al autosabojate. Podríamos decir, en términos generales, que se trata del “Tianguis del Chopo de la burguesía chilanga”.

Los pasillos de Zona MACO no son pasillos, son pasarelas. Un desfile de modas en los que la mayoría de los asistentes pone más atención al atuendo del resto del público, dando lugar a un juego que dificulta la observación de las obras, acción primordial en una feria que aspira a vender arte.

Así, un poco distraído por la presencia de una enorme cantidad de chicas hermosas, inicié mi recorrido por los espacios de las diversas galerías nacionales e internacionales.
 

Rebasado por la parafernalia del evento, no perdía la esperanza de ser sorprendido por una obra que moviera, al menos, una mínima emoción en mi ya bastante herida percepción, afectada, mayormente, por las anáforas comerciales representadas como objetos que buscan seducir al espectador desde la perspectiva del mercado, y lejos de la contemplación y el goce estético.

En Zona MACO disfrutar del arte se convierte en una experiencia meramente comercial, en la que la posibilidad de pagar por una obra que cumpla con una función decorativa representa el éxtasis del coleccionista, mismo que adquiere piezas creadas bajo las reglas de la oferta y la demanda, en las que la originalidad de la pieza se limita a un anodino ocultismo, a jugar a que la obra no sea lo que aparenta.
 

Al interior de los cubículos pude escuchar, en al menos un par de veces, la excitada voz de las acaudalas compradoras que mostraban una evidente emoción al encortar la pieza perfecta para la sala, el comedor o el baño de su casa —Mide 90 x 40, ¡es perfecto para la cocina!

Esta clase de consumo aspiracional es una tendencia que coloca al arte como un escalón ornamental de las clases sociales, lejos de la reflexión sobre la condición de lo humano, de lo que conmueve o emociona, de la filosofía plástica del color, de la forma, de la imagen o del espacio.

Zona MACO, mitad performance, mitad flashmob, es, en sí mismo, la muestra y la representación más interesante del papel y el concepto del arte predominante en la actual sociedad mexicana: un mercado que premia la decoración, la repetición y los nombres de los autores que nos digan algo sobre la obra.

A propósito de los coleccionistas y la función de las colecciones, me quedo con la reflexión hecha por Mirjam Varadinis, curadora de Suiza, que en el panel “¿Coleccionando el mundo?” refería: “Lo más importante que deben coleccionar los museos son ideas y su contexto”, haciendo alusión al coleccionismo como una forma moderna de imperialismo.

El vómito metafórico:
 

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Escondido en una de las esquinas de Zona MACO, me encontré con el stand del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) donde diferentes artistas que contaron con el apoyo del programa Jóvenes Creadores expusieron su trabajo fuera del contexto mercantil del evento.

Me sorprendió que en esa esquina, lejos de los cubículos híper decorados de las vistosas galerías que ocupaban los espacios de los pasillos centrales, se encontrara una instalación con el nombre de “Maladie” (Enfermedad), del joven artista Renato Garza. Dicha explosión violenta y espasmódica colocaba en ese rincón toda la náusea; un vómito metafórico que fue la única catarsis conseguida durante  mi recorrido.

Las sorpresas:

Imagen 1


Dentro de todo el show business de Zona MACO, también se abre la posibilidad de seguir la pista de los artistas quienes con una corta carrera ya se han ganado un lugar en el plano internacional, tal es el caso de los mexicanos Pedro Reyes (Galería Labor), un artista que suele utilizar su obra para presentar contrastes y contradicciones de la sociedad moderna; o Adrián S. Bará (Galería Fifi Projects) quien con unas cuantas obras, bastante interesantes, pasó desapercibido entre los espectadores que se encontraban más motivados por los colores y las luces de los stands aledaños.

Algunas galerías aprovecharon para sacar sus más relucientes piezas, entre las que era posible encontrar trabajos de Warhol, Ai Weiwei o Tàpies.

La Newman Popiashvili Gallery de Nueva York presentó (My Master, 2012) una obra basada en un perturbador texto sadomasoquista que muestra la sumisión y el castigo con un toque de excitación erótica. Una pieza que busca explorar el oscuro ritual de la flagelación a la que se someten los fieles católicos durante la Semana Santa en España.

Paradójicamente, he dejado hasta el final una de las obras que más me gustó; se trata de un proyecto cinematográfico de Reynold Reynolds (1966, E.U.) presentado por la galería West Denhaag, de Holanda.

Aún sobre el pasillo, y a unos cuantos metros de distancia, pude ver que al interior de un stand se proyectaban diferentes fragmentos de una película. Mi primera reacción fue pensar que se trataba de El gabinete del doctor Caligari (Robert Wiene, Alemania, 1920). Atraído por la referencia me senté un par de minutos y pronto descubrí que se trataba de otra cosa.
 

La proyección mostraba una película con una manufactura un tanto extraña, con fuertes influencias del cine expresionista alemán, pero que presentaba algunos contrastes en cuanto a la fotografía en exteriores/interiores, así como la incorporación de  ciertos conceptos que no pertenecían a la época, lo cual me dio la pauta para intuir que estaba siendo testigo de una especie de broma.

Sin más, pregunté a la chica encargada de dicho espacio, la cual confirmó mis sospechas y amablemente aclaró mis dudas. Básicamente, el proyecto de Reynold Reynolds parte de la motivación estética que le generó una película anónima filmada en Berlin, en 1933, pero que nunca fue terminada.

El trabajo de Reynolds consistió en encontrar todos los elementos para recrear la época: locaciones, actores, formatos y, así, poder darle un final a la película.

La idea fue desarrollar una estética lo más apegada posible a la original, de forma que el espectador no caiga en cuenta de qué partes corresponden a la película original y qué escenas fueron realizadas posteriormente. Sin embargo, es posible identificar algunas secuencias, ya que intencionalmente incorporan un discurso distinto, creando un conflicto en el espectador al enfrentar problemas de la sociedad contemporánea desde el contexto de la época en que fue filmada la película. El proyecto se encuentra en postproducción y será estrenado en Holanda durante el verano. Afortunadamente el artista planea subir a Internet el resultado de este interesante trabajo titulado The Lost.  


Así finalizó mi recorrido. No bebí Champagne, como la mayoría de los asistentes, pero a cambio pude tomar una refrescante Perrier y salir sano y salvo de Zona MACO, la zona de confort del arte mexicano.


Referencias: