Cualquier manifestación puede convertirse en un acto de amor

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por septiembre 13, 2016
Cualquier manifestación puede convertirse en un acto de amor
Cualquier manifestación puede convertirse en un acto de amor

El cuento de Luiz Carlos nos enseña que la vida cotidiana está llena de pequeños actos de amor:

Ahora entiendo por qué todos los domingos, a las 6:30 de la mañana, suena un silbato dando inicio a un partido de fulbito en la losa del parque al frente de mi casa.

Me tapo los oídos pero es inútil, nada puede detener el sonido febril de los discursos, de los vítores ensordecedores celebrando o reclamando un pase, una jugada; de las zapatillas frenando en seco con el cemento. Me crispo, reniego dando vueltas en mi cama. No comprendo cómo es posible que un domingo alguien pueda levantarse tan temprano a joder a los demás.

Me asomo por la ventana para descubrir quién o quiénes son los autores de tamaño atropello. Observo a un nutrido grupo de señores mayores de 65 años. En sus cabezas, sus canas lucen como una suerte de corona de plata, quizá como premio al hecho de haber sabido sortear los avatares y dividendos de toda una vida. Todos sin excepción corren detrás del balón.

Entiendo que ellos están ahí desde esa hora porque ya no saben de desvelos, de trasnochadas interminables los fines de semana. Ellos ya no tienen sábados para salir de fiesta, no conocen de cigarrillos y el médico les ha prohibido el trago. Por cuestión de salud, deben que acostarse temprano, a las 8 de la noche como máximo.

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Ayer, mientras me entregaba sin condiciones a la música, al baile frenético entre luces multicolores, humo y sudores; ellos dormían para levantarse temprano y jugar su partido de fulbito. La vida te da y te quita, es generosa y egoísta. La vida les ha quitado sus sábados y sus años mozos de antaño. Los hijos que alguna vez tuvieron y criaron, han crecido y se han marchado. Ya no hay trabajo, todos son jubilados. Algunos, con suerte, todavía conservan a su esposa.

Ahora entiendo que, ante todos esos arrebatos, la vida como consuelo les ha obsequiado una pelota. Y están ahí, engañando a sus quejidos, a sus dolores, engañando a sus achaques. Ya no reniego. Cierro mi ventana. Entiendo que algún día, en mi casa, solo quedará mi esposa y una pelota y estaré en esa misma losa, a la misma hora.

Decido ir a acostarme otra vez. Suena el timbre de mi casa, simultáneamente se activa la alarma de mi despertador. Mi esposa, somnolienta aún, la apaga. Son las 6:30 de la mañana. Los cuartos de los pasillos tienen las puertas abiertas y están vacíos. Levanto el intercomunicador. Ven a jugar, ya es tarde. Me dice una voz.

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Cuando se trata de amor, todo puede volverse violento y triste hasta el grado de llegar a la locura, como se narran en estos 7 libros de la mexicana Cristina Rivera Garza. Además esta elegía para un rockstar es un poema perfecto para dedicarle a esa persona que se fue y con la que no acabaste bien.

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