¿Qué debes hacer si el amor de tu vida no comparte tu preferencia sexual?

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¿qué debes hacer si el amor de tu vida no comparte tu preferencia sexual?
¿Qué debes hacer si el amor de tu vida no comparte tu preferencia sexual?

Cuando eran pequeños, Alejandro le contaba que un día llegaría a ser tan fuerte que cargaría un elefante si se lo propusiera; sería tan veloz, que los maestros no lo alcanzarían cada vez que no llevara la tarea; y tan inteligente, que encontraría la manera de nadar bajo el agua sin necesidad de respirar.

Martha lo escuchaba sin mucha atención. Alejandro era un niño y todos los niños le resultaban un poquito asquerosos. Agarraban gusanos con las manos, lamían la paleta que se les caía al piso sin importar que la chupara el diablo, y siempre lucían despeinados. Martha había visto tantas veces “La cenicienta” que tenía más que claro que, si alguna vez conocía a su verdadero amor, éste no andaría con las manos sucias ni la playera remangada.

Pero los años pasaron. Las cosas cambian con los años. Casi por azar, Alejandro eligió la misma carrera que Martha. “Qué incómodo”, pensó ella, mientras buscaba la manera de no cruzar miradas con su ex compañero de kínder. El destino inexorable, sin embargo, los hizo coincidir en la fiesta de un amigo en común.

Amor de tu vida atardecer - ¿qué debes hacer si el amor de tu vida no comparte tu preferencia sexual?

El calor producido por la cerveza suelta los músculos y los prejuicios. Martha encontró bueno y oportuno acercarse. Alejandro estaba solo y parecía un poco melancólico. Para su sorpresa, él no la reconoció y apenas le habló con agrado. Resulta interesante el creciente interés que nace del rechazo.

Muy pese a ella, Martha tuvo pronto que reconocer que Alejandro le gustaba. Las miradas que antes escondía para no encontrarse con la suya, ahora lo buscaban. Los encuentros “accidentales” en el transporte, obligaron que, de un “buenos días” repetido, surgiera una especie de amistad.

Para entonces, Martha ya había perdido el control de las cosas. Cada charla con él abonaba una razón para amarlo más. Era tan sensible, tan divertido, tan comprensivo y tierno…

Amor de tu vida lunar - ¿qué debes hacer si el amor de tu vida no comparte tu preferencia sexual?

Con el transcurso de los días, la confianza se abría paso cada vez más. Martha se sentía dispuesta a apostarlo todo. Se lo diría, ya no podía aguantar un minuto más. Propició una plática referente a las relaciones. Para ello encontró pertinente preguntarle si se acordaba de Laurita, la niña de trenzas pelirojas que rompía a todos el corazón en la primaria. “No, no me acuerdo. Pero sí me acuerdo de Sebastían. ¿Te confieso algo? Me gustaba. Bueno, no sabía que me gustaba, era muy pequeño para saber eso. Pero, el otro día lo agregué a Facebook y confirmé que, en efecto, me gusta”.

Shock. Martha no pudo decir nada. Quería preguntarle, reclamarle, decir algo, pero ninguna palabra salía de su boca. Al cabo de unos minutos, sin más palabras que vinieran a su cabeza, sólo atinó a decir, “también yo lo tengo de amigo, ni está tan guapo”.

Al llegar a su casa, desconsolada, Martha se tiró en el sillón por un largo tiempo, sin mover un solo músculo. No sabía qué sentía ¿coraje, vergüenza, pena? Era todo eso junto y nada de ello al mismo tiempo. Al quitarse los zapatos, miró sus calcetines. Unos que le había regalado su abuela y que había destinado para una “ocasión especial”. Gracias a ello recordó un refrán que ella le repetía incansablemente: “agua que no has de beber, déjala correr”.

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Al momento le pareció un refrán tonto. Todos los refranes eran tontos y ridículos pero, tras pensarlo detenidamente, encontró que era verdad. Dejar correr, dejar ser, dejar fluir… implica una aceptación de las cosas tal como son.

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Y es que, el amor es absoluto. Es decir, está absuelto. No condiciona, no limita, no define y no espera nada. Martha entonces decidió que nada había de malo en amar a Alejandro. Lo amaría sin reservas. Lo haría sin esperar nada. Aceptar que Alejandro jamás correspondería amorosamente su cariño no tenía que ser doloroso. Si el amor de tu vida tiene otra preferencia sexual y no te corresponde, recuerda que los amigos también pueden amar.

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