El arte como experiencia social

El arte como experiencia social

Por: Rodrigo Campuzano -

Entre la obra y el espectador se encuentra el artista, aquel que funciona como un catalizador para activar una interacción entre el mundo exterior y su visión personal del mismo. Toda obra de arte adquiere una función de reactor cuando es sometida a una influencia recíproca por parte del público con el que interactúa. En la era de las redes sociales y la comunicación masiva, el arte, visto como un ejercicio colectivo, juega un papel predominante en los discursos más relevantes de las últimas décadas. Tiene el potencial de convertirse en una experiencia que no necesariamente tiene que ser confinada a una galería convencional para tener el efecto más profundo en el público al que es sometido. 

El concepto de la experiencia como un factor fundamental para la comprensión del arte fue abordado inicialmente por el filósofo estadounidense John Dewey en su libro Art as Experience, publicado en 1934, en el que planteaba que las emociones que iban relacionadas a la apreciación/comprensión de una obra de arte surgían a partir de la experiencia y la reflexión que surgía posteriormente. La primera persona en crear una obra a partir del involucramiento del público fue el artista estadounidense Allan Kaprow, quien es responsable de acuñar la frase “happenings” y de haber creado los fundamentos para el movimiento Fluxus y el performance art. 

happening Kaprow


El arte relacional, con el que el público puede interactuar de manera activa/directa, es una tendencia que abarca varios géneros contemporáneos como el performance, la instalación y, más recientemente, los medios digitales; este concepto fue utilizado por primera vez en 1996 en el catálogo para la exhibición Traffic, curada por el filósofo francés Nicolas Bourriaud en el Museo de Arte Contemporáneo de Bordeaux en la que participaron artistas como Maurizio Cattelan, Rirkrit Tiravanija, Henry Bond, Philippe Parreno, entre otros, y más tarde en el libro Estéticas Relacionales, publicado en 1998. Para Bourriaud el arte relacional consistía en “un set de prácticas artísticas que parten de un punto teórico y práctico basado en las relaciones humanas y su contexto social, en vez de ser basadas en un espacio independiente y privado”, una ideología que buscaba involucrar al público de manera directa con el arte para crear un ambiente social y comunitario que fuera de acuerdo a la pieza concebida por el artista.

arena

Esta interacción del público daba lugar a que la crítica y percepción de la obra se convirtieran en algo colectivo más que individual, una práctica que se ha vuelto evidente gracias al uso de herramientas como el Internet que cada vez es más accesible. Hay artistas quienes utilizan Internet como una plataforma para crear sus piezas, tal es el caso de Rafael Rozendaal cuya obra está basada en dominios personalizados con uno de sus diseños que son una combinación de elementos con estética pop y animaciones en flash que atraen más de 40 millones de visitas al año.

Rafael_Rozendaalwww.newrafael.com
 

Otro gran ejemplo de la relación del Internet y las redes sociales con el arte contemporáneo es la pieza "Hello Cube" de la aclamada artista japonesa Yayoi Kusama, presentada en el TATE de Londres. Esta pieza que asemeja un caleidoscopio digital plantea una interacción directa con el público a través de Twitter, permitiéndole a éste crear su propia versión de la obra proyectada a través de una mención directa. Una vez creada la imagen, la pieza es capturada y enviada al usuario a través de la misma plataforma. En este caso el Internet adquiere el papel de reactor y de intermediario, haciendo esencial su uso para el funcionamiento de la pieza. 

Yayoi_Kusama

La presencia del público se convierte en un punto clave para el desarrollo de la obra de arte, convirtiéndose ellos mismos en la pieza de manera indirecta a través de la experiencia comunitaria. El filósofo francés Maurice Merleau-Ponty argumentaba que el comportamiento del individuo cambia radicalmente a través de la experiencia: “Yo no soy el espectador; yo estoy involucrado, y es mi participación en un cierto punto de vista que hace posible tanto la finitud de mi percepción como su apertura ante el mundo completo como un horizonte de toda percepción”. 

En términos de magnitud y participación comunitaria, la pieza más ambiciosa jamás creada es "7000 Oaks" del artista alemán Joseph Beuys que, junto con la comunidad de la ciudad de Kassel, en Alemania, comenzó un proyecto de reforestación que tomaría cinco años en completarse. Desde sus inicios, en 1982, esta iniciativa buscaba involucrar a la gente para designar los lugares donde serían plantados los árboles para así crear un ejercicio colectivo.

Joseph_Beuys

Concluido en 1987, un año después de la muerte de Joseph Beuys, por su hijo Wenzel, el proyecto es una prueba viviente del efecto de cambio que puede tener la sociedad a través del arte. Los métodos tradicionales para la creación del arte, como la pintura, escultura, fotografía y dibujo, carecen del potencial para crear un impacto tan profundo en el espectador como aquel que es característico del arte que invita al espectador a interactuar con la pieza para así crear una experiencia más trascendental.

El creador de los fundamentos del performance y del término “happening” tenía esta limitación muy presente al elaborar los fundamentos detrás de su discurso creativo. 

Allan Kaprow fue uno de los personajes claves detrás del desarrollo del arte relacional; sus piezas estaban basadas en el cuestionamiento entre la vida cotidiana y el arte, cada vez tratando de hacer la línea más delgada entre lo ordinario y lo aceptable dentro de los estándares tradicionales de la estética. En su primer libro Assemblages, Environments and Happeningspublicado en 1966, Kaprow describe los límites de este tipo de creaciones tradicionales de una manera muy puntual a partir de la intención del arte relacional: “La función común de estas alternativas es liberar al artista de nociones convencionales de una desapegada y cerrada disposición de tiempo-espacio. Una pintura, una pieza de música, un poema, un drama, cada uno confinado dentro de su respectivo marco, número fijo de medidas, estrofas y escenarios, por más grandiosos que sean en su propio derecho, simplemente no permiten el rompimiento de la barrera entre el arte y la vida”.

En sí, la pieza creada a través del performance muchas veces es efímera, pues está basada en la experiencia espontánea o del momento. Un gran ejemplo de esto es "Fluids", de Allan Kaprow, llevada a cabo en 1967, cuyo único propósito era construir una estructura de cubos de hielo bajo el sol con la ayuda de grupos de voluntarios.

fluids allan kaprow
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La delgada línea entre la vida y el arte puede ser tan subjetiva como una convocatoria para construir dicha estructura o participar en una celebración familiar latina dentro de una respetable institución cultural inglesa, tal como la que organizó el artista colombiano Oscar Murillo en la Serpentine Gallery de Londres junto con la marca de ropa COMME des GARÇONS, donde invitó al público a unirse a una fiesta organizada junto con su familia dentro del pabellón diseñado por Herzog & de Meuron y Ai Weiwei en 2012.

Oscar_Murillo

Es difícil saber cuál imita a la otra: el arte a la vida o la vida al arte, lo que sí es seguro es que ambos invitan a participar en una experiencia que busca ir más allá del lienzo, en la que las reglas aún están por escribirse.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Referencias: