El diablo está con nosotros
Letras

El diablo está con nosotros

Avatar of Serner Mexica

Por: Serner Mexica

12 de abril, 2016

Letras El diablo está con nosotros
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Por: Serner Mexica

12 de abril, 2016



ouija

Todos los que viajaron al bosque eran estudiantes del Instituto de Artes, excepto Carolina, quien estudiaba psicología en La Salle. Llegaron a una solitaria cabaña en El Chico, jugaron a la Ouija y se gestaron sus más terribles pesadillas.

Karla abrió su maleta y sacó la Ouija que compró en “El Rincón de la Tía”, una tienda de antigüedades y artesanías. Ariadna, Carolina, Carlos y Pablo observaron su labrado y acabado, y por un momento los cinco parecieron escuchar un aliento macabro gravitar el cuarto. No le dieron importancia y siguieron sacando sus cosas, sin embargo, sin que nadie viera, la Ouija movió su pieza de lectura sobre la mesa.

Berenice.

Se leía el nombre de su antigua dueña, una anciana solitaria que decían, había muerto loca en una casa abandonada.

¿Dónde estás, Berenice?

Todos se acomodaron frente a una tapiada chimenea, cayó la noche y, comiendo botana y bebiendo cerveza, jugaron a la Ouija y fue cuando la realidad se puso de cabeza. Era el turno de Carlos y preguntó el año en que moriría, y de inmediato sangre muy oscura, casi negra, de su nariz escurría. Todos ayudaron para detener la hemorragia, pero nada detenía en su rostro la sangre derramada, corría por su cara y sentía que se ahogaba, sus ojos se pusieron en blanco y su voz cambió a ronco tosco y endiablado.

¡Hijos de puta, de puta hijos de la chingada!

Su cuerpo se torcía de manera extraña, desafiando las articulaciones y moviéndose como alimaña torturada. Supusieron un ataque epiléptico e intentaron detenerlo, sostenerlo y abrazarlo para que no se cortase la lengua en tan bruscos movimientos. Entonces mordió a Pablo en la muñeca y una fuente de sangre comenzó a brotarse.

¡Dónde está mi hija!

Ariadna se echó sobre la espalda de Carlos para controlarlo y, mientras Carolina ayudaba a Pablo, Karla tomó la Oujia y con ésta golpeó la cabeza de aquel ser endemoniado, quien tambaleando recibió otro impacto quedando inconsciente al dar el siguiente paso. Pablo continuaba desangrando, sus ojos se hundieron lentamente y su vida expiró definitivamente. Los tres se miraron, sorprendidos y espantados, respirando agitados. La sangre estaba por todas partes, en el suelo y las paredes, en sus ropas y sus rostros, en los cuerpos de sus amigos que yacían en el suelo —uno loco y otro asesinado. De pronto Ariadna comenzó a convulsionar, Carolina y Karla intentaban a ayudarla pero sólo estaban posponiendo su transformación macabra.

¡Dónde está mi hija Berenice!

Advirtió Ariadna con voz ronca y malvada, ojos blancos y piel con crecientes manchas, y en un santiamén clavó violentamente sus dedos en los ojos de Carolina, quien rasgaba desde su garganta fuertes alaridos de dolor por el estallar de sus retinas. Su rostro se mojaba de la sangre de sus ojos reventados como globos.

¡Dónde está mi hija!

Luego de clavar sus dedos hasta el fondo del cerebro, amenazaba a Karla el demonio en el interior de Ariadna, quien comenzó a caminar en cuatro patas, de cabeza como araña y a rodearla afilando sus garras. La miraba de cerca y parecía que la olfateaba, luego miró sus ojos y quedó inmóvil, completamente quieta y callada.

El Diablo está con nosotros.

Fue lo último que dijo y cayó desmayada. Karla quedó inmóvil, cubierta de sangre y sin poder hacer nada, sólo miraba impotente los cuerpos tendidos en el suelo. Cerró los ojos y escuchó unos pasos, como si alguien estuviese en la cabaña caminando, estuvo a punto de abrirlos para averiguarlo pero escuchó una ronca y fétida respiración a su lado.

Tú no hiciste nada.

Karla despertó en el hospital psiquiátrico “Villa Ocaranza”, llevaba ahí más de una semana, quiso levantarse pero estaba esposada a la cabecera de la cama. Permanecía en la clínica en calidad de detenida, acusada de haber asesinado a cuatro personas en una cabaña.

Yo no hice nada.

Pero quedó estupefacta cuando descubrió la Ouija debajo de su almohada.


Referencias: