Los doctores Samuel Basch, Ignacio Rivadeneyra, José Siurob, Antonio Aguirre y José Arana tuvieron una reunión de médicos durante varias horas para llegar a un dictamen en el que aún se puede leer lo siguiente: “Padece de una diarrea consecutiva a una disentería agudísima y grave que para su alivio debe adoptarse, además de los medios terapéuticos, un cambio de residencia a un lugar donde respire aires más puros y no viciados por la aglomeración de un número tan considerable de personas”.
El paciente a quien se referían era nada menos que el Archiduque Maximiliano de Habsburgo, quien estaba confinado en un convento-hospital de la ciudad de Querétaro.

El dictamen era para conocimiento del General Mariano Escobedo quien había recibido instrucciones precisas, de parte del presidente Juárez, de que se procurara el alivio del prisionero, a efecto de que llegara sano y salvo al paredón de fusilamiento.
