Si hay algo de lo que podemos estar seguros en la poesía hispanoamericana contemporánea es que Nicanor Parra (1914) marcó un antes y un después. Con tan sólo 21 años de edad, el poeta chileno cuestionó lo que había establecido el canon literario de su país, pronto este cuestionamiento tomó forma de poesía y en la mente del joven se planteó lo que hoy conocemos como ‘antipoesía’. El estilo creado por Parra se convirtió en una evidente oposición a los cuatro grandes de la poesía chilena del siglo XX: Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Vicente Huidobro y Pablo de Rokha; no porque la antipoesía fuese mejor o supusiera en sí misma una ruptura de toda norma, sino porque recontextualizó la belleza en un lenguaje de uso común. Un antipoema se construye a sí mimo a partir de esa necesidad de transmitir un mensaje o retratar una estampa de la vida diaria sin necesidad de adornarla; la poesía surge de la cotidianidad y se materializa en el lenguaje coloquial, en el humor y en una versificación sencilla.
A propósito del cumpleaños 103 de Nicanor Parra —celebrado el pasado 5 de septiembre—, te compartimos uno de sus poemas en los que el ritmo de las palabras nos permite tocar con la voz un sentimiento que sólo había vivido en nuestra imaginación.

EL HOMBRE IMAGINARIO
El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario
De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios
Todas las tardes tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios
Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario
Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario.

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Escribir y leer poesía es una forma de sanar el alma. Si quieres leer más poemas de amor y desamor, te invitamos a que conozcas a los autores de los poemas para los que se resisten a superar las decepciones y los poemas para los que no quieren olvidar.
