Al encontrar a la persona que hace latir muy fuerte nuestro corazón, lo único que queremos es hacerla feliz:
Ella es perfecta,
exacta,
lleva las estaciones del mundo en la palma de su mano izquierda,
la música en sus piernas,
las ganas de vivir en sus labios,
lleva las ciudades perdidas y fantasías en el fondo de su ombligo,
todos los océanos en su vientre,
me encanta su forma de encarar la vida,
de comerse sus miedos y mandar por el culo al mundo,
su sonrisa es el mejor remedio para la tristeza,
esconde sus deseos detrás de esas ojeras de tantas noches luchando por sus metas,

me da tiempo para bailar con ella en esta locura llamada vida,
me da todos los deseos cuando le beso las estrellas fugaces de sus ojitos,
y es que basta mirarla para darte cuenta que ella es la única razón de que el Universo exista,
y es que basta con tocarla para darte cuenta que ella es la única razón por la cual yo estoy vivo,
va creciendo,
expandiéndose como galaxia por todo el cielo,
va creyendo,
soportando y aprendiendo de las cosas de la vida,
sabe sanar sola sus heridas,
los abrazos sólo le sirven para sentirse protegida,
por eso me encanta abrazarla,
y en cada abrazo me deja conocer su alma,
su pasado,
sus heridas,
sus tropiezos
sus huesos fracturados,

protejo sus heridas para que no vuelvan abrirse
aunque es claro que siempre recuerda el día en que sus ojos perdieron un poco de su brillo,
y me quedo con ella para siempre,
y viene sucediendo,
desde ese tres de enero,
que mi única razón es hacerla feliz,
que le duela la boca de tantas sonrisas,
que le duela el corazón de tanta felicidad,
que le duela la vida sólo por vivirla bien,
que se quede conmigo,
que mis intenciones deberían estar más que claras hasta este punto.
Quiero formar una familia contigo, Victoria.
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Cuando nos rompen el corazón creemos que no podremos recuperarnos, pero “sólo olvidando las tragedias se puede vivir”.
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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Luciano Stofel.
