La respiración acelerada y el pecho doliente como sinónimos de la ausencia de quien se ama:
‘Danza hiriente’
Cielo mío,
delirio mío,
mi cielo,
alegría de mi alma.
Esta muerte inclemente
de no tenerte
cada vez late
aún más fuerte.

Esta asfixia doliente
de no verte,
de no andarte,
ignominia tan delirante.
Esta lepra absorbente
de no sentirte
y aún llevarte,
congoja tan rebosante,
tormento y deleite.
Mágica estafa aplastante,
esta pena ascendente
de no habitarte,
de no poseerte.

En las noches tremulantes
cuando el deseo claramente
me consume, deliberadamente,
porque no te tengo, mi cielo,
porque me faltas, cielo mío.
Porque dueles aquí en mi pecho,
en esta danza hiriente
de no tenerte.

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Hay tardes en las que la distancia nos duele como un hielo quemando nuestra piel, pero en aquellos momentos puedes relajarte al escuchar alguna —o todas— de las 4 canciones con poderes mágicos para tu cerebro.
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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Katch Silva.
