Encuentro

Encuentro

Por: Jorge Sarquis -

pinturasPintura por Claudio Ríos

TRAGEDIA EN UN ACTO

Por Jorge Sarquis y Enrique Argote

PERSONAJES:

 Protagonista.

Antagonista.

Guardia 1.

Guardia 2. 

Desarrollo en tres partes. 

Acto único. 

Se prenden las luces y hay un hombre esculpiendo en piedra. Viste con ropa holgada. Detiene su trabajo y empieza a observarlo. Es un artista a punto de terminar una obra. En escena no hay más que él y la piedra en la que trabaja, lentamente. Tras ver su trabajo una y otra vez, empieza a hacer refecciones respecto a su entorno y su persona.   

Protagonista (Tiene una actitud tranquila):

Molduras convexas (Pausa pequeña, lo dice para sí mismo.), inútiles a mis manos que juegan con las herramientas y no logran imprimir lo que la imaginación culmina en mis ideas. (Pausa pequeña.) Me falta el aliento, las piernas apenas me sostienen. Tengo, al mirar mi obra, una sensación extraña. (Respira e interrumpe su idea rápidamente con una duda.) ¿Por qué el elogio ajeno de mi trabajo me infiere falsedades? ¿Acaso sólo es otra forma de perder el tiempo? Tengo muchas dudas… a ellas hay que sumarle los días en los que me venero y los otros en los que me doy asco. Los primeros son donde mi vanidad destella y los segundos los transcribo en las figuras de las piedras (Pausa.) ¡Mentira! (Alza la voz y se hace otra pausa pequeña.) A la satisfacción todavía no la conozco… Siempre me ha despertado dudas (Cambia de tono.). Hoy la idea del gran artista ha muerto, tenemos millones y millones de artistas desensibilizados, que sólo dan explicaciones de sí mismos, y me temo ser uno de ellos… Por eso dejaré de buscar una justificación en el orden de la realidad sensible, buscaré no ser otro coleccionista de sensaciones que acelera la devaluación de su propia obra (Hace otra pausa y observa la piedra con detenimiento, le da un golpe con el cincel y el martillo.). A veces pienso que mi imaginación es como un puente que no lleva a ningún lado… ¿Acaso eso es lo que quiero? (Volteando a ver al público, como preguntándoles a ellos.). 

El escultor es interrumpido, se escucha una voz.

Antagonista (Se escucha sólo la voz):

¡Escuchad! Antes de proseguir habéis de escuchad con atención.

Protagonista (Detiene su caminata):

¿Quién osa interrumpir mis especulaciones? Presentaos ahora mismo. (Pausa, nadie responde.) ¿O es que acaso os habéis quedado sin palabras? (Nadie responde.)

Antagonista:

¿Preferís dar la espalda y estar alerta a los temblores, antes que prestar oídos a lo ojos del destino?

Protagonista (Asombrado):

¡Hablad, hombre! ¡Hablad! 

Inmediatamente después de esto se proyecta una imagen de un hombre enmascarado, de un símbolo.

Antagonista (Interrumpiendo):

Necias son vuestras palabras, pues os hacéis valer de algo que vos tampoco entendéis.

Protagonista (Camina retrocediendo del la imagen, asustado):

!Os exijo os expliquéis ahora mismo! (Enojado por el insulto, lo dice rápido.) 

 Antagonista:

La creación es creación tanto de fines como de medios. (Pausa pequeña.) Caos que se ordena de una manera incomprensible; un delirio que ha perdido a muchos hombres entre bellos laberintos. Hablar de la actividad creadora es hablar de vida. (Hace una pausa.) Y es que tantos son vuestros errores que sería tedioso relatarlos.

Protagonista:

¿Acaso creéis ser el único con juicio respecto a mi talento, vos os presentáis y creéis saber lo que rige a todos como audiencia en este auditorio, que es el mundo? (Cambia de tono, lo dice con firmeza, retándolo.) 

Antagonista (contestándole una de las preguntas que el protagonista hace en el monólogo):

La imaginación hace al artista, es aquella que penetra los contornos del futuro. (Pausa pequeña.) Por eso mismo el hombre se confunde con la mentira de un espíritu cósmico, de un principio divino al que aspiran algunos inventores, autores y aquellos que llamáis fundadores de nuevas estéticas. (Pausa, se queda pensando unos segundos.)

Protagonista:

Como dijo alguna vez un hombre, sólo tratamos con las cosas, las figuramos, las imaginamos (Cambia de tono, dice las tres palabras más rápido.) Al figurarlas e imaginarlas, las tocamos y las representamos, y sin embargo estamos separados de ellas. 

Antagonista (Ríe con soberbia, después habla):

¡Eso a lo que aspiráis y creéis que ahora es imposible, en la imaginación es sólo un viejo mito!

 Protagonista:

Basta de palabras. ¡Vamos! (Pausa pequeña.) Os doy las gracias de antemano, pero yo tengo las cosas claras.

Antagonista:

¿Acaso consideráis como un vicio lo que vuestra naturaleza como hombre no puede parar? 

Protagonista (Ofendido):

¡No! De ninguna manera. (Pausa pequeña.) Pero qué figura la que se oculta, mayoría sin rostro de palabras flacas, que no sois más que símbolos perdidos.  

Antagonista:

Vos sois quien estáis equivocado. Yo no soy aquel que destruye a la pureza, a la creación sublime. Tampoco soy el crítico del genio que trasgrede técnicas y disciplinas. También os diré que no soy vuestro público, ni mucho menos un verdugo… Eso es usted mismo. (Cambia de tono, lo dice con fuerza y voltea a ver al público, rompe con el esquema del lenguaje.) 

Protagonista (Ríe):

A fe mía que mucho habla este… (Aquí se dirige hacia el público, y se hace una pausa pequeña.) ¿Qué os proponéis con vuestras sucias palabras? (Le pregunta después a la imagen.)

Antagonista:

Os diré una última cosa. Todo lo que habéis hecho, lo habéis hecho para vuestra propia gloria, para satisfacer a ese orgullo tan grande que rebasa cualquier de vuestras virtudes; falsamente os jactáis de una disposición sensible frente al mundo que os rodea. (Lo dice con su último aliento, hace una pausa pequeña.) Pues no sois lo suficientemente artista y buscáis el acogimiento y los aplausos para recordaros. 

Protagonista (Enojado y soberbio):

¡Falsas acusaciones! Nuestra causa es bien conocida desde el comienzo de los siglos, trasciende las ideas estéticas de cada época y las voluntades, el artista no busca ganarse un lugar en el mundo, pues lo ha tenido desde el inicio de los tiempos. (Pausa.) En cuanto a vuestra incertidumbre, vuestro sufrimiento y penumbra, os prometo que acabara muy pronto. (Cambia de tono, lo dice con firmeza. En ese momento se cae la pantalla.) 

Cae la pantalla donde se proyecta el Antagonista y al caer se escuchan ruidos, se rompen cristales. ¡Hay un hombre detrás de la pantalla! Tras tal imprevisto, el Protagonista corre rápidamente para intentar alcanzar al hombre que está detrás de la pantalla, pues cumple con lo último que ha dicho. La audiencia deja de ver qué está pasando pues también cae el telón. Con el telón cerrado se escucha una variedad de ruidos dentro del escenario, como si se estuviera desarrollando una pelea. De pronto, cesan los ruidos y sale expulsado y completamente sometido el Antagonista, se queda rendido en la platea del escenario. Duarte esa acción entran dos guardias al auditorio. Entran trotando, uno va directo por una persona del público, el otro le entrega un cuchillo al protagonista. Después, éstos se quedan parados acompañando al Protagonista.  

Protagonista:

Tan vulnerable sois, mucho más que las brazas del carbón sumergidas en los mares.

 Antagonista:

Tratad de imponer vuestra voluntad no compensará vuestras inseguridades.

En lo que ambos dicen estas palabras, uno de los Guardias sube a un miembro del público, el Protagonista le entrega un cuchillo, se lo sujeta a la fuerza con su mano y se la levanta rápida y bruscamente. En ese momento se revientan dos focos que alumbran directamente a la platea y se apaga la luz. Se acaba la obra. 

FIN

Referencias: