Éramos jóvenes, escuchábamos punk y le prendimos fuego a nuestros sueños

Éramos jóvenes, escuchábamos punk y le prendimos fuego a nuestros sueños

Por: Diego Baca -




En esta ficción escrita por Diego Baca descubriremos cómo es que la noche desata los demonios que habitan en nosotros:




Eran las seis y media de la mañana, de un día de los noventa y hacía frío, con Michael decoramos el escenario de un concierto de rock al sur de la ciudad, un espectáculo a punto de empezar. Voló el tiempo, ya eran las diez, mal dormidos y con escobas empezamos a pintar el piso de rojo y negro, al apuro y medio expresionistas, el resultado fue un monstruo atrapado en el piso esperando tragar a todos los punks y a todas las especies musicales. Los espectadores y los músicos empezaban a llegar y los primeros en pisar nuestra obra maestra se llenaban de pintura fresca las pisadas, uno que otro patinó y resbaló, como recogiendo sus pasos sin sombras. Ese día no se me olvidó nunca, fue el día que conocí a los
Sal y Mileto.


fuimos dioses

Un año después de estar en algunos de sus conciertos, tocadas, y saberme de memoria sus canciones, un año de noticias sobre las pretensiones de las momias conservadoras de este país de privatizar toda institución, todo lo que se mueva y crisis bancarias, en un periódico en la página de cultura salió una foto, un reportaje y una invitación de los Miletos: “Hoy tenemos el enorme agrado de festejar junto a ustedes nuestros ilustres Muertos, el primer aniversario de la privatización del Banco de Sangre…”. Así decía y la primera página del programa de mano de “Ceremonia con Sangre, con tinta sangre del corazón“, eran esas obras teatrales que serían clausuradas y todo su elenco desaparecido en cualquier régimen ultra-fascista; por algún motivo eso nunca sucedió, será porque los afectados estaban muy ocupados tratando de limpiar sus nombres de todos los escándalos que salieron a la luz pública.

Transcurrió la ceremonia, la comedia de lo que pasaba en el país, y de lo peor que estaba por ocurrir, el olvido. La realidad falseada del oficialismo se mezclaba con ese olor a sangre de sus víctimas y todos nos preguntábamos fuera de nuestro papel de espectadores o actores en la obra: “hasta dónde podemos convivir dentro de una realidad falseada“.

éramos jóvenes

Volviendo a nuestro papel, y de representar las irrealidades nos encontramos casi al desenlace de la obra, la última escena y el final feliz donde me recordaba un discurso de Alberto Dahik: “mis manos están limpias y sin sangre” y donde todos indignados nos enteramos de su escape en avión con muchos millones de dólares de gastos reservados. Ahí es donde se me ocurrió hacer mi contribución al teatro-rock, luego del mosh y al son de los Miletos, con mis hermanos cogimos las cruces que estaban sobre la escenografía en el centro de la arena de la plaza, y prendimos fuego a casi todas las maderas de la tarima, la gente de las gradas vio esta acción y bajó al escenario, se contagió por la euforia y empezó a bailar sobre las llamas.

éramos jóvenes

Christoph Baumann, el director de la obra, permaneció desconcertado porque ya no estaba bajo su dirección las acciones que pasaban en escena, el guión de Peki Andino terminó e iniciaba la respuesta de la gente ante el abuso del poder, la corrupción y su oportunidad de hacer su pequeña revolución en la arena de esa plaza. Los
Miletos: Paúl, Franco e Igor, tocaron como nunca, y a la luz de las fogatas nos abrazamos.

éramos jóvenes

Mientras recibí los reclamos de la producción por haber incitado el desorden y la destrucción de la escenografía, yo respondí que hice mi venia y dejé de ser actor para convertirme en espectador. Y aunque continuaran los reclamos no me importó: quemé sus cruces, sus símbolos y de alguna manera sus castillos al son de los Miletos.

éramos jóvenes


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¿Te has preguntado alguna vez acerca del espacio? Estas son las respuestas a las dudas absurdas sobre el Universo que alguna vez nos hicimos y que debes conocer. Además, es posible que en este plano no encuentres a tu alma gemela sino que lo harás en un universo paralelo.

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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Veeejzilla.

Referencias: