Letras

Escribir y boxear

Letras Escribir y boxear


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A penas comencé a redactar el borrador de la historia e intenté descifrar un poco lo que significa vivir en el mundo del boxeo: peleas de vida en cada asalto. La supervivencia depende de cada aliento y movimiento del boxeador. Puedes estar preparado físicamente de una manera espléndida y competitiva, no obstante, lo más importante es que tengas una fuerza mental sagaz y carácter de acero para poder permanecer en pie dentro del cuadrilátero y más allá. Los movimientos son importantes, la disciplina imprescindible, la constancia obligatoria y la fe irreductible, puesta en cada minuto conforma una vida. Así me lo contaba el veterano Fernando "Pillo" Trejo, después de haberlo visitado para entrevistarlo en su gimnasio de la ciudad de México. Él, un boxeador retirado quien ganó varias peleas y que conquistó victorias dignas de ser recordadas, tenía un semblante apacible y seguro. De sus labios las palabras fluían con soltura.


-Para ganar-, me decía -primero hay que saber lo que es boxear. Es un deporte que demanda el cien por ciento de tu tiempo. Duras pruebas libras a diario, no sólo en el entrenamiento transpiras. Es fundamental crear una vida en torno a ello. La alimentación, el buen descanso, el ejercicio diario. La aplicación de hábitos es sólo parte de un todo. Como en la vida misma, las cosas que uno hace marcarán una consecuencia en un plazo determinado; así es esto de boxear-.

Las fotos y los cinturones que observo en su vitrina me corroboran sus dichos. Carga en su espalda y alma las victorias, fracasos y vaivenes de la profesión que eligió. Pelear en Estados Unidos es un común denominador. Él lo hizo muchas veces. A sus 36 años ya cuenta con un sinfín de historias dentro de su ser, aún cuando se comenta en la opinión pública que el boxeo es un deporte para pobres, en el que alcanzar un lugar en una sociedad cada vez más desigual se puede lograr a través de este deporte; la realidad es que este oficio requiere de una grandeza de espíritu y de un temple a prueba de todo. No cualquiera se sube a un ring a jugarse la vida a cada tanto. No es, pues, cosa menor el adentrarse a este maravilloso mundo que, al menos a mí, me ha cautivado por completo sin haberme puesto siquiera unas vendas en los nudillos. Estar en la esquina en espera de que comience el combate, encomendarse a alguna deidad, santo o razón de culto en que se crea para pedir por la victoria, mantener a los seres queridos y familia con la confianza de que todo ira bien, saberse vulnerable y a la vez invencible para poder ganar la pelea, no es cosa fácil y ligera.


El "Pillo" me compartía todo ello mientras le indicaba a unos alumnos amateurs los siguientes ejercicios a realizar:
-Toca hacer sombra-, le comentaba a Yazmin, una chica de unos 22 años que a diario acude a entrenar.
-Jab jab , uper, uper, gancho derecho, gancho izquierdo, cabeceo, cabeceo sin descuidar la guardia-. Les indicaba así a tres chicos que atentos estaban a las instrucciones .


En el ambiente se respiraba esfuerzo y mezcla de sudores diversos, pero sobre todo, la voluntad desnuda y las ganas constantes por hacerlo mejor. Los sacos, los guantes, las cuerdas, los espejos y la campana sólo son los instrumentos para continuar inmersos en el movimiento. -El deseo, la intensidad y el esfuerzo personal es lo que marcará la diferencia o se perderá en el olvido como tantas cosas se pierden en la vida. El talento es necesario. El trabajo diario y la constancia... indispensable. Esto es cosa seria. Es un proceso, no un suceso-. Yo observaba y escuchaba al "Pillo". Realmente me faltaba mucho por entender, tan sólo me había asomado un poco. Tan sólo comprendía algo mínimo pero, en cierta medida y con la proporción debida, entendí que un boxeador es tan genuino como un escritor. Sin estar unidos por condición, sí lo están por convicción. Los dos utilizan sus manos para hacerse presentes en alguna parte del tiempo. Ambos seres requieren de talento, disciplina, constancia y espíritu inquebrantable. A los dos les toca luchar una vez que se han decidido por una ruta incierta y un futuro ignorado.

Realmente son pocas las personas que se adentran en una empresa de tal envergadura, sabedores de que los resultados pueden ser impredecibles . Son, pues, personas arriesgadas, del tipo de seres que no encuentras a diario andando por la vida con desparpajo. Mantienen una esperanza. Llevan en sus almas una intensidad de creencia que no les hace rendirse ante nada.


Tal vez llegue la gloria, el reconocimiento. Conviene que, si sucede, llegue a tiempo. Pero también puede que no se logre nada trascendente, digno de celebrar, reconocer o publicar. Aun así no les importa. La convicción corre dentro de sus venas y con ello basta. El boxeador le da duro al saco, a la pera y a las cuerdas. El escritor le pega fuerte a las teclas, arrastra la pluma con constancia y entrena todos los días en la sombra. La inspiración no llega por casualidad, como tampoco le llega la fuerza al púgil por inercia. Muchas sombras practicarán antes de dar el golpe decisivo dentro del ring. Hay, tras de sí, un cúmulo de dedicación y esfuerzo, es así y no tendría que ser de otra forma.


Escribir y boxear. Dos oficios tan distintos a primera vista , pero tan similares en perspectiva. El "Pillo" me dejó con las ganas de ponerme los guantes. Unos que me permitieran, al menos por un momento, sentir el rigor y grandeza de boxeador. Tenía que seguir dando instrucciones a sus púgiles. Yo, mientras tanto, debía continuar retratando su sentir a través de la palabra. Me mandó, por ahora, a la esquina del boxeo en espera del siguiente round.


Referencias: