Escribirse para ser

Escribirse para ser

Por: Carolina Estrada -

La literatura, el arte, la vida, son un diálogo. Me gusta pensar en la existencia humana como un continuo ir y venir de las ideas, la expresión como el sentido irreductible de la cualidad de ser. En ese sentido, la comunicación es la forma más acabada y esencial de la prolongación de la existencia. Mientras haya palabras, mientras haya un ir y venir de las ideas, habrá existencia, porque el lenguaje mismo es herencia, es el depositario de las ideas de quienes nos han precedido.

Hablando de literatura, cualquier obra es un intercambio entre el locutor y el receptor, pero cuando la obra misma es ya un diálogo, el asunto se torna interesante. Claro está, siempre y cuando el diálogo sea tan entretenido que a uno le den ganas de quedarse en su silla escuchando aunque no pueda hacer que su voz se escuche.
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La epístola es una forma de narrativa cuyo más remoto pasado se halla en el antiguo Egipto; mediante este tipo de textos, los escribas dieron cuenta de su trabajo y el desarrollo de su pueblo desde el siglo XXV a. C., según se sabe. Los casos en que las cartas han servido como testigos del pensamiento humano son probablemente innumerables. Obras como la Epistula ad Pisones de Horacio, también conocida como el Arte poética o las cartas del Nuevo Testamento, realizadas por los apóstoles para comunicarse con los cristianos —conocidas como epístolas paulinas o católicas—, son ejemplo vivo de la importancia del diálogo para la historia. 
Escribiendo carta

En sentido literario, como un recurso escritural, la correspondencia se transforma en un elemento excepcional para dar cuenta de una idea pues, de hecho, es el vehículo más natural para ello. La carta permite al autor, en un plano absolutamente ficcional, situar al receptor en una posición primaria que le da a conocer la historia, y al mismo tiempo desenvolver la trama de manera vivencial, “como si le estuviera hablando a él”. La novela epistolar permite adentrarse a la psique de los personajes de una forma muy cercana. Es un recurso literario rico en potencialidades.

El primer ejemplo de novela desarrollada de manera íntegramente epistolar es Proceso de cartas de amores (1553), escrita por Juan de Segura. En español hay un gran bagaje de este tipo de obras que, en forma íntegra o reducida a porciones, hacen gala del procedimiento, como es el caso de Diego de San Pedro con sus novelas sentimentales [1] o Luis Gutiérrez con Pepita Jiménez (1874). Benito Pérez Galdós y Camilo José Cela son los referentes más cercanos del empleo del recurso en habla hispana.
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Narradores románticos como Jane Austen y Goethe son también representantes de la novela epistolar, así como el ruso Dostoyevski. En fechas más recientes, un nuevo tipo de novela surgió gracias al despunte de las “tecnologías de información” como el internet y el correo electrónico. En 2005, Luis López Nieves publicó El corazón de Voltaire, novela escrita en español mediante correos electrónicos. 
el corazón de Voltaire

En literatura la ficción no es lo único. También destaca otro tipo de escritura basada en lo que podemos llamar “intercambios de ideas”, se trata de la correspondencia literaria, es decir, la publicación de las cartas que los escritores o artistas intercambian principalmente entre ellos o incluso con cualquier otra persona. En ese sentido, destaca la correspondencia publicada por la Editorial Herder entre Hannah Arendt y Heidegger, profesor y alumna que mantuvieron una relación amorosa y que está dividida en periodos que dan cuenta del desarrollo de su amor. Cabe recordar que además de que las cartas exponen el pensamiento de Heiddeger, la relación misma se torna interesante debido a que durante la Segunda Guerra Mundial ambas personalidades se encontraban en bandos “contrarios”. Hannah era judía y Heiddeger era miembro del NSDAP (Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán). La correspondencia incluye no sólo detalles de su vida amorosa y de su pensamiento íntimo, sino también muestras de su pensamiento filosófico e incluso poemas (Hannah). 

Las Cartas a Louise Colet, escritas por Gustav Flaubert son también una muestra valiosísima de la correspondencia literaria. Aunque las cartas que Colet escribió a Falubert fueron destruidas por la sobrina del autor, las que el escritor envió a su amante permiten descubrir el tema de sus conversaciones y son un monólogo interior que demuestra que el diálogo no es sólo con el otro, sino es también un pretexto para adentrarnos en nuestra propia psique. Es bien cierto que no podemos conocernos a nosotros mismos sino a través del espejo del otro. 
comunicación epistolar

Otra gran escritora de cartas es Marguerite Yourcenar, brillante pensadora que no sólo le devolvió la vida al género biográfico con Memorias de Adriano, entre muchas otras cosas más, sino que además escribió y guardó cuidadosamente miles de cartas que recibió y envió a lo largo de su vida y gracias a las cuales es posible comprender más de cerca su obra y su pensamiento. 
Marguerite_Yourcenar._Memorias de Adriano

Caso destacable de obras surgidas a partir del intercambio de ideas, aunque no se trata en específico y en rigor de correspondencia literaria, es sin duda el de Borges y Sábato quienes entre diciembre de 1974 y marzo de 1975 mantuvieron siete encuentros en los que dialogaron sobre diversos temas y que quedaron registrados en la obra Diálogos, publicada por Orlando Barone en Emecé. Si bien, hablando de este tema es posible que venga a la cabeza el caso de los famosos Diálogos de Platón, creo que el ejemplo aquí no es tan válido puesto que, en rigor, no hay un diálogo, sino un testimonio unipersonal de tal.

Recientemente tuve el placer de leer a J. M. Coetzee y a Paul Auster en su faceta dialogante. Aquí y ahora es una obra en la que ambos escritores reúnen la correspondencia intercambiada entre 2008 y 2011, en la que ambos dan cuenta desde sus más hondas preocupaciones hasta las más cotidianas aversiones y gustos. Sin duda se trata de un diálogo de esos en los que uno prefiere no intervenir nada más para no perderse ningún detalle. 

Así pues, mentida o no, la carta es el diálogo que pretende hacerse trascender, el diálogo que se queda ahí como una platicadita para la eternidad, como una muestra de que la existencia, el ser, está unido al intercambio, siempre a la comunicación. 
cartas de autores

carolinaeg.com

La novela sentimental es un subgenéro literario histórico desarrollado entre los siglos XV y XVI que se incluye en el género épico de la narrativa y cuya temática amorosa se desenvuelve en forma epistolar.

Referencias: