Las relaciones que más duelen son las que no llegan a suceder del todo, como lo narra Rocío Hernández en el siguiente texto:
Hoy sé algunas verdades que en tu presencia habría ignorado, por ejemplo, que te amé como no debería: completamente… y quizá debí guardarme un poco de tanto amor para cuando faltaras. Eso era lo más previsible porque elegí de entre tantos futuros el único que no era posible.
El que era contigo.
Ahora tu ausencia ocupa el lugar que dejaste. En la cama junto a mí; el de tu vida junto a la mía. Ocupa todos los espacios vacíos que me dejaste al irte, pareciera una broma, continua y cruel. No puedo olvidarte.

Hoy me queda la infranqueable certeza de que yo sólo era un cuerpo entre tus brazos, un rostro sin nombre y que tú y yo estábamos entre algún lugar de la costumbre y el hastío.
Hoy no somos más que dos criminales contemplando el desastre que provocamos, al que estábamos inequívocamente predispuestos, el que era nuestro; del que no había escapatoria.

No éramos iguales, ahora me doy cuenta, te quería demasiado, con una pasión desmedida; tú querías también a algo que no era yo, quizá al pasado, a otro tiempo, a otro rostro… a otro corazón.
Hay palabras que hoy no puedo decirte; sin embargo, debes saber que al marcharte a ti y a mí nos quedaron las vidas rotas y los reproches en los labios. Que me sobra toda la vida que vivir contigo, que me sobran las noches sin sueño…
Me sobra todo lo que has dejado: las memorias, los momentos, las sonrisas; dejaste todo.
Me dejaste a mí…

Y, a pesar de ello, me faltan algunas partes de mi rompecabezas: me falta todo lo que era antes de ti, me falta mi infancia, las risas y los secretos que te conté. Me falta todo lo que te di, todo lo que no me guardé.
Hoy tengo carencias muy grandes. Me falta el amor propio que tan alegremente te entregué. Cómo no supe entonces que el fin tocaba a la puerta antes de que comenzara, cómo es que no pude ver a la distancia, la temporalidad del contacto de nuestras manos, de nuestros cuerpos, cómo no supe que nunca pude tocarte de verdad.

Hoy lloro por la desgracia que nos perseguía y nos alcanzó, lloro por ti y lo que fuiste, por mí y lo que fui. Por lo nuestro que nunca fue más que la irrefutable prueba de que el amor no es perfecto ni por siempre: es sólo real y humano.
Tan humano que llega a ser terrible, tan real que hoy me encuentro huyendo; no quiero saber que lo he perdido todo y no hay remedio para eso, ni Dios que me salve.
Hoy, todavía, te extraño.

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Cuando dos personas unen sus labios se comienza un baile en el que dos bocas marcan el ritmo al que quieren llegar, además los sabores llenan las papilas y existen besos que tienen sabor a cosmos…
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Lss fotografías que acompañan al texto pertenecen a Laura Zalenga.
