
Esta vez el tiempo nos quedó corto para mirar el árbol cambiar de color,
Elegir juntos otra buena cinta en la cartelera de la semana,
Y hasta de probar uno, dos o tres nuevos sabores de ‘gelato’.
No pudimos aprender la diferencia entre comienzo y principio,
E hicimos caso omiso al reloj que rechinaba con fuerza cada primero del mes.

Esta vez nos excedimos en el arte de enamorarnos y reprobamos en olvidarnos.
Ignoramos la esencia de ser certeros y nos regocijamos en una de esas tantas traviesas emociones que sólo el amor genera, llamada inocencia.
Al tiempo no le dimos otra definición que no fuera la de infinito, honrado y admisible, como si ocho años no nos hubiesen enseñado la condición del ente de ser fortuito.

Esta vez nos declaro culpables de una tercera sentencia de soñadores y atrevidos,
Elocuentes e insensatos, y un título honoris en perseverancia amorosa.
No pudimos realizar todas nuestras imaginables – aunque imposibles – hazañas; vivimos algunas -contadas- al máximo y las que no, aún residen latentes en nuestros corazones cuatro océanos de distancia.

El tiempo, para ti y para mí, no es lo suficientemente largo para que baste, ni lo suficientemente corto para no intentarlo.
La distancia, para ti y para mí, es lo suficientemente vasta para temer, ni lo suficientemente corta para respetar.
Es por eso que esta vez,
Y sólo por esta vez,
La distancia no nos perdona,
Pero el tiempo sí.
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Tal vez habrá un día que declares: Tus memorias en mi ser han muerto, pero hasta que ese día llegue, hay que aceptar que El amor nos ha estafado.
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LAs fotografías que acompañan el texto pertenecen a Andrea Peipe; conoce más sobre su trabajo dando click aquí.
