El destino no se equivoca, cuando encontramos a esa persona que nos cambiará la vida, no importa si elegimos el camino que más piedras tiene:
Estaba más solo que la soledad misma un domingo y, curiosamente, en total paz, indiferente, en medio de la nada cuando, a lo lejos, te vi, ibas de la mano de alguien, te seguí con la mirada, con los suspiros, con mis ansias que despertaste en ese momento y sólo me quedó un hueco de aire, un insólito vacío, una sensación agradable y ácida. Continúe golpeando la mesa con mis dedos, hacía que el tiempo pasara más a prisa. Suspiré divagando en historias, imaginándome a tu lado, tomados de la mano, sonriéndonos.
Volví a casa a mi rutina, a mis días, en mi instinto te llevaba flotando como un fantasma en medio de las avenidas, de los salones, a mitad de mi cama, a mitad de mí… El paso del tiempo te volvió un borroso retrato, para después, de la manera más calculadora, cruzar nuestros caminos, nuestros corazones. El destino no se equivoca, aunque tenga formas torcidas de hacer las cosas, usted y yo fuimos trazados para estar en la misma historia.
Así sin pensar en más, sin preguntar, sin pedir permiso. Sólo llegamos a la vida del otro, como parte del plan maestro o como lo que nunca debió ser. Tan mágico que no tiene coartada, tan real que no cabe la lógica. Te tuve frente a mí, primero a letras cortadas a conversaciones sugestivas, a soplos fugaces. Más tarde, uno junto al otro perdiéndome en tus ojos, naufragando en tu eco, residiendo tus suspiros y teniéndote en mis visiones. Llenándonos de emociones nuevas, de placeres secretos y alegrías nunca soñadas.

Las manos me sudaban, las piernas un remolino de nervios, la voz temblorosa, estallidos dentro y un fulgor en el rostro me despertaba cada mañana. Una sensación de encontrar en ti todo lo que quise para mí y se me escapó. La vida nos regalaba minutos juntos, un cuenta gotas del deleite más puro que he palpado. Esos minutos se volvieron eternas horas, las atesoraba tanto, cual pirata con botín nuevo, azocando en la playa de sus espejismos. Me jugué el volado al pensar que era sólo eso, un simple juego de noches largas y sábanas halladas, llenos de fascinación cada vez, en el ensueño más puro nos entregamos. Aunque ninguno lo soñó, era todo lo que ni nuestra imaginación pudo crear, más que un sueño vuelto realidad.
Algún día tendrá explicación decíamos, algún día pasará, pensábamos, algún día terminará, creíamos. Hasta que una de esas noches me sorprendí entregando toda el alma y él te amo más verídico que conocía. Mis ojos brillaban reflejándolos tuyos. Te amo, dije. Rompía todo esquema, toda ley, todo espacio y yo quería estar ahí contigo, aunque me costara la vida, aunque no exista mañana, no para nosotros, no para nuestro universo. Mofa de la existencia, morir por algo, por alguien. No es otra cosa que estar intensamente vivo. Con admiración me miraste y los ojos te crecieron; te amo, sonreíste, me besaste. Pocas palabras no significan palabras vacías y esas dos naciendo de tu boca frente a la mía, en ese instante eran el abismo más puro. Más auténtico y más espléndido que creía llegar a escuchar. Fue el primero de muchos que nuestra presencia hizo florecer en el otro.
De a poco o con arrebato, no lo sé, pero cuando me detuve a mirar estabas en todo, consumías cada instante de mi existir. Pensándote o teniéndote, pero siempre ahí. Una locura, sin duda, pero qué más da si mi corazón latía con el tuyo, indivisible unión, tan gigante que no ocupaba gritarse, tan inmensa que no tenía que firmarse. Su centro residía en lo que no se dice pero está, porque se siente, porque se vive, porque es.

Allá en tu vida usual, en tu mundo todo era perfecto, todo encajaba, todo era gris y mecánico. La perfección personificada. Pero conmigo eres lo que en ningún otro lado, eres tú libre. Juntos somos el impulso del otro, las alas para nuestra cotidianidad. Te sonrió en cada silencio, en cada paso porque te llevo conmigo y te amo a cada instante porque soy real contigo, porque eres genuino conmigo. Y en ese universo lo somos todo.
Me pregunto si hay una razón para este desencuentro, para coincidir de este modo… mas lo que germina es descomunal, lo vale todo, me basta el cielo si se refleja en mirada y viene a mí. Me basta mi cielo si de su mano puedo florecer. Unidos desde el espíritu con vidas separadas, con el alma y las manos eternamente enlazadas. Aún con vientos y mareas en contra, algún día será mañana.
**
A los amantes los une el roce de pieles, pues “me hice un hogar en la estrechez de tu cadera”.
**
Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Katch Silva.
