Poemas para las mujeres que conoce el dolor que produce el fracaso
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Poemas para las mujeres que conoce el dolor que produce el fracaso

Avatar of Aleida Belem Salazar

Por: Aleida Belem Salazar

21 de diciembre, 2016

Letras Poemas para las mujeres que conoce el dolor que produce el fracaso
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Por: Aleida Belem Salazar

21 de diciembre, 2016





La joven poeta Esther M. García escribe sobre las mujeres que carecen de voz para contar sus trágicas historias, mujeres vulnerables que conocen lo oscuro de la vida, mujeres olvidadas que sufrieron de violencia. 

Desde hace 10 años que se convoca al Premio Nacional de Poesía Joven Francisco Cervantes Vidal y ninguna mujer lo había ganado hasta que ella lo hizo por primera vez en 2014, precisamente por un libro dedicado a las mujeres, "Bitácora de mujeres extrañas" (2014), y en un año que, según el periódigo inglés The Guardian, se denominó como la época de leer a escritoras (#ReadWomen).

En México, las cifras de feminicidios a lo largo del centro y de otros sitios del país en los últimos años, se elevó a números terribles y escalofriantes. Esther conoce de cerca la violencia, nació en Cd. Juárez, Chihuahua, en 1987, pero reside desde hace 20 años en Saltillo, Coahuila. Es poeta y narradora, ha publicado "La Doncella Negra" (2010), "Sicarii" (2013) y el libro de cuentos "Las tijeras de Átropos" (2011). 


Esther M. García


De pequeña era muy enfermiza y faltaba por largos periodos a la escuela, por lo que tuvo su primer acercamiento con la literatura en esta etapa. Mientras pasaba ratos en cama, su padre le llevaba libros de bilogogía, anatomía, relatos, poesía y novelas, nunca juguetes o muñecas, los devoraba rápido y, al mismo tiempo, cuestionaba mucho, y como su padre no sabía qué responderle, le regalaba más libros. A los ocho años imitaba cuentos de Oscar Wilde, Poe, Borges y la poesía de Vallejo. Siempre se cuestinó todo lo que le rodeaba para nombrar lo indecible, pues en su casa, en la escuela y en su vida estaba prohibido.  


'Mujer ebria mirando las estrellas'

Ana Garza Fernández
(Cd. Camargo, Chih. 1979 – Parras de la Fuente, Coah. 2030)

La que muere de poquito en poquito
entre trago y trago de mezcal de cerveza de ajenjo
de cosas imperceptibles para otros ojos
está ahí
al pie de la noche desnuda
con el maquillaje corrido
con lágrimas negras acariciando sus mejillas frías



La bella ebria mira arriba la pulsión estelar
pensando que ella es nada
sólo un trozo de carne rellena de puro dolor
A momentos observa su grasa elefantina y
su piel grisácea de ballena por donde
nunca surca la mano suave de algún amor


Sólo está la botella
El aliento etílico silbándole en su oído
el alcohol llenándole de rosas y jazmines las venas el hígado
las inconexas ideas
En la fiesta está el ruido de las sonrisas estúpidas de borrachos
iguales a ella
No siente a la soledad que la chupa
como un hueso jugoso
ni a los lirios muertos que lentamente
le van creciendo en el corazón

 

 

La piel del animal acorralado

Esther M. García

La poesía de Esther M. García está llena de preguntas, del dolor cotidiano, del conflicto con la madre y el padre, de la oscuridad que cada ser guarda en algún lugar de su cuerpo, de una visceralidad que desgarra.


Dime, mami
 ¿dónde ha quedado
la palabra materna que lamerá con ternura
 las heridas?
 Mi madre es un pozo seco
 y nuestras bocas han muerto de sed.


La poesía siempre será una manera de entender o ser parte del otro, por eso es posible sentir cercanía a través del lenguaje, de aquello que no se pronuncia, sino que está ahí, escrito, inmóvil y latiendo. A Esther la poesía le ha permitido ser parte de alguien: el lector. Su padre y la literatura le enseñaron que todo está enlazado, lo que pueda sentir en torno a un objeto determinado, lugar o persona, lo debe sentir otro que le es imposible nombrarlo, sostenerlo o ser parte de ello: "Por eso hablo de todo lo que duele, de lo que nos deja con la piel desollada al aire pero que no podemos comprender, sino hasta verlo reflejado en otro y vernos en ese reflejo".


'Mujer solitaria cuidando a su madre'

Christina Rico González
(Saltillo, Coah. 1980 – Zacatecas, Zac. (-) )


Dicen que su madre se volvió loca al nacer ella
que su padre se esfumó entre una nube negra de incertidumbre
e ida por cigarrillos a la tienda
—¡Ahorita vengo, no tardo! —dijo y pasaron 25 años
y nunca volvió




Todavía es fecha en que ella lo espera
vestida de niña detrás de la puerta
detrás del reflejo de su madre
de toda su amargura



La locura es un arma silenciosa
Juega a no querer herir a nadie
más que al enfermo
pero es mentira


Es una bala penetrando carnes abriendo heridas
dejando rastros imperceptibles de sangre
por aquí y por allá



Un arma llena de municiones es su madre
y ella por defender el amor
o por obligación
deja pasar su vida anudada siempre al mismo cordel


la locura de mamá
que la embrutece bellamente ante los ojos de los vecinos
de los parientes
de los que alguna vez la han acechado con pasión
y luego fueron manchas en la memoria
borrones imprecisos


Cada noche su loca madre aulla hacia la luna
y ella besa el botón entre sus labios
con los dedos de su mano derecha
Todas las noches es la misma cosa
la misma tonada
el mismo ritual


Una aulla locura y otra se casa con la almohada
entre el sudor del “¿y si se enteran los vecinos y los tíos?”
Y el “¿Qué pensaría mamá de mí?”
Pero su madre ya no es
sino el abismo de otra cosa
que al final de un día cualquiera acabará consumiéndola
también a ella




El nacimiento de las mujeres extrañas

poesia del cuerpo

Esther M. García comenzó a escribir "Bitácora para mujeres extrañas" cuando se encontraba en el séptimo mes de embarazo de su segunda hija; después de quedarse sin trabajo, sin casa y separada de su esposo, refugiarse en la poesía se convirtió en una especie de tratamiento alterno a la medicina, pues la terapia tampoco le había funcionado. Escribía todas las noches al menos un poema: "Conversé con amigas y conocidas sobre lo difícil y duro que es ser una mujer embarazada, sola, deprimida. Todos pintan a la maternidad como lo más hermoso que te puede pasar, muchas pensamos que no es así. Dentro de la belleza nace el horror, su variante más oscura".

 
A partir de esto, el libro comenzó a nacer; las historias de las mujeres que integran el libro las imaginó, estudió, trabajó con ellas, a otras las conoció por azar en un autobús o diferentes bares, algunas de ellas, incluso, ya se han suicidado; los espíritus de estas mujeres la acompañaron durante un mes y medio, fue el tiempo que tardó en escribir el libro.

Ganar un premio que anteriormente sólo había sido otorgado a poetas hombres fue un enorme logro para Esther M. García y para las voces que integran el libro; gracias a la difusión de su trabajo literario se expadió a países como España, Canadá, Francia y Marruecos. Para ella es necesario que los lectores mantengan presente que la violencia contra las mujeres existe, que la violencia no puede sólo centrarse en ciertas partes del país, por poner ejemplos, en una Ciudad Juárez o un Ecatepec.


bitacora de mujeres

Hoy el país vive tiempos violentos y es inevitable que la literatura no tenga esta influencia; es un síntoma de que algo está fallando y no podemos ignorar. Esther no trata de moralizar el tema de la violencia de género, sino de hacer sentir a otras mujeres que no están solas, que hay quien comprenda sus viviencias y que existen más mujeres en condiciones parecidas: es un grito en medio de un desierto sórdido, de un machismo que impera y carcome. Un machismo aún marcado en la literatura, en la desigualdad de las editoriales que publican a más hombres.

Un ejemplo claro es que en 2014 los Premios Nacionales de Literatura de Tierra Adentro se galardonaron a seis hombres mientras que sólo se premiaron a dos mujeres, una de ellas Esther M. García; sin embargo, tiempo después, a quien se le había otogrado el premio fue declarado desierto. A pesar de esto, la joven poeta considera que en la literatura actual existen autoras que revolucionan la escritura femenina, como Cristina Rivera Garza, Orfa Alarcón, Tedi López Mills, Minerva Reynosa o Diana Garza Islas.


'Suicide girls'

A Pizarnik, Plath y Sexton

La noche tiene la forma de los ojos de un muerto
las suicidas lo saben y bailan alacranes en sus venas
Las suicidas miran la noche
florecer en los espejos
en donde no ven ya sus ojos sino las cuencas vacías

Las suicidas no aman por amor sino por el dolor
que éste produce:
un veneno que recorre la médula de los huesos
un aroma que hace dura la víscera del corazón

Las suicidas no caminan
flotan entre las personas que jamás las miran

Ellas tienen hambre de algo pero no saben qué
por eso van de un beso de un cuerpo a
otro como moneda entre los huecos de las manos

Las suicidas ven al mundo florecer
mientras ellas se marchitan

Huelen a orquídeas secas
pasto quemado por el sol de los días

 

Las suicidas no tienen rostro
su cara es un museo de objetos inanimados

La sonrisa es un soplo húmedo
la mirada una noche de neblina

En ellas no canta el pájaro de la esperanza
Grazna el cuervo
levanta sus patas el caballo salvaje
a
fila sus uñas negras la pantera de la muerte

Las suicidas acumulan lágrimas porque nadie
nunca les enseñó cómo llorar

¡Ah esas mujeres avaras!

Siempre reservándose el dolor el grito
el golpe la furia de una garganta adormecida

por eso las suicidas no hablan
escriben

por eso son amantes irascibles de la noche
palabra por palabra la besan la adoran
la acarician
la escriben

Toda su sangre se derrama en los cabellos
de la niña oscura

 

Las suicidas se avergüenzan de amar
el rostro pálido de una niña muerta
y caminan de un lado a otro
dejando detrás suyo una estela a almendras


Brevario de mujeres

Esther M. García 

"Bitácora para mujeres extaña"  es una colección de breves historias de mujeres olvidadas, que quizá también hemos conocido o alguna vez fuimos una de ellas. Historias que han sido maltratadas física o emocionalmente o que han padecido depresión. Un libro que trasgrede el cuerpo dejándolo expuesto y vulnerable. "La tristeza es un animal muy grande que se asoma en los ojos". Al recorrer estas bitacoras nos encontramos con una diversidad de voces que van desde la mujer que trabaja en una maquila, la que ha perdido a un hijo, la que ha nacido en el cuerpo equivocado, la que ha dedicado su vida a cuidar a su madre, hasta aquella que ama a otra mujer.


Corto su cuello y abro su pecho azul
 para comerme y por fin tener
el corazón
que según ellos
no poseo.

El libro está dividido en cuatro partes, y en la segunda encontramos la voz que Esther ha nombrado como “La embarazada solitaria”, una voz que siente el abandono de un cuerpo incubando a otro; la de un espíritu fragmentado que gesta una nueva vida pero también destruye la suya.

Día a día
muchachas con el vientre abultado y
la soledad prendida al pecho
caminan por el ocaso de la ciudad en ruinas.



Uno de los poemas más potentes que contiene el libro es “La muerte del ave negra”, en el que la voz está sumida en el conflicto de hija-padre-madre, que se extirpa el ave del pecho para matar a aquel ser que lo devora, y se regocija en la enfermedad que el ser, luego, poserá y de igual forma también matará.


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"Mi madre era una corteza muerta que mi padre picoteaba salvajemente y yo gritaba y blasfemaba al cielo como un lobo aullándole a la ventisca   Graznaba mi padre y el mundo enmudecía. […] Y en ese estallido eufórico reventaba fuegos artificiales en mis cabellos mientras mi mamá muerte mi muerte madre estaba tirada   golpeada   azotada   abofeteada   crucificada en el suelo y sus raíces se esparcían por toda la tierra […] Mi padre perdió el lado izquierdo de la materia gris
 cuando un coagulo viajó
entre ríos de sangre roja
hasta su cerebro".


Esther M. García ha dedicado este libro a todas esas mujeres que saben del dolor que produce el fracaso.


Esther M. García


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Referencias: